PRONTO PROXIMA HISTORIA...................
FerGie
martes, 8 de septiembre de 2009
“Hija.
Tal vez ni siquiera debiera llamarte así, yo se que en todos estos años nunca fui la mejor madre para ti, sin embargo estoy muy arrepentida de todo lo que ha sucedido.
Me enteré que te casaras con Carlos, ignoro si tú tomaste esa decisión. Carlos no es malo, solo que no es el indicado para hacerte feliz y eso tú lo sabes.
Lo que realmente sucedió en el departamento de Cirse fue lo contrario a como te lo conté, ella nunca aceptó el cheque. Me lo aventó pero yo lo doble y lo dejé asentado sobre mueble. Estaba enloquecida.
Hace unos días vino a verme, me dijo tantas cosas que me hicieron pensar que yo nunca tomé las mejores decisiones, y además de todo lastimé a la persona que mas amo en el mundo, a ti.
Esta carta no es precisamente para que me perdones, aun que estoy segura que algún día así será, ya que tu eres una hermosa persona.
Mas bien esta carta es para decirte que no cometas el mismo error que yo cometí, me casé con tu padre por dinero, por una posición económica lujosa, olvidándome así de lo que era yo y de lo que quería para mi.
Una vez en la vida me enamoré con locura de un hombre pero me convencieron para no estar con él y ha podido más mi ambición que la lealtad conmigo misma. Me dejó de importar mi persona, mi integridad y solo escuchaba a las personas que me indicaban que reglas seguir en la sociedad, en esta sociedad tan falsa en la que hemos vivido.
Estas a tiempo hija, sigue tu corazón, realmente no importa la sociedad y lo que ellos te digan, solo importas tu y tu felicidad.
Es difícil decir esto pero, Cirse es una gran mujer y te ama como yo no tenia idea de que alguien pudiera amar tanto.
Se feliz y espero algún día me perdones.
Carolina, tu madre. “
Al terminar de leer la carta, Mónica estaba atónita, frente a ella se encontraba una botella de vino tinto, tomó una copa de él para poder entender mas la situación.
Miró por la ventanilla que se encontraba en alto y logró alcanzar a ver que estaba llegando al lugar de la ceremonia, podía visualizar los automóviles de amigos y el de Carlos.
Lentamente se detuvo la limousine en la puerta, Mónica no tubo alguna reacción para abrir la portezuela,. Mantenía su mirada al frente pensó por un momento gritar con toda la fuerza del mundo pero solo logró decir:
- Señor, por favor regréseme al departamento de inmediato.
Carlos a lo lejos miró la limousine donde iba Mónica, pero cuando vio que comenzó a avanzar para alejarse, corrió apresurada mente hacia la acera de la calle. Sin éxito se detuvo mirando con una extrema sorpresa.
Mónica miró hacia atrás y vio a Carlos que cada ves se perdía más y más en la lejanía.
La limousine comenzó a avanzar con rapidez, llego a la calle donde dando vuelta a la izquierda se llegaba al departamento de Mónica cuando, sin importar siguió en línea recta.
- Señor creo que debió de haber doblado a la izquierda.
El chofer no contestó. Mónica pensó que no la había escuchado e insistió.
- Por favor si puede dar vuelta de inmediato y regresar?.
Nuevamente el conductor no respondió a la petición y parecía que no la escuchaba. Mónica se exasperó un poco más y replicó dando pequeños golpes al cristal de su ventanilla.
En un semáforo en rojo Mónica se acercó lentamente para poder hablarle al chofer desde su propia ventanilla pero de inmediato el conductor accionó un botón que hizo subir de inmediato el cristal dándole privacidad a Mónica en la parte de atrás de la limousine.
Mónica asustada se acercó a la portezuela nuevamente y trató de abrirla para aprovechar el alto, pero inmediatamente fueron activados los seguros.
Ella se desesperó aun más, y levantó el pequeño intercomunicador para llamarle al móvil a Ingrid, pero se encontraba apagado.
De inmediato desde las pequeñas bocinas se comienza a escuchar música que poco a poco comenzó a percibir Mónica, era la canción de Darren Hayes, “ Insatiable”.
Un aire de alivio comenzó a recorrer su mente y cuerpo, reconocía perfectamente la melodía. Su mente viajó unos meses atrás, cuando la escuchó por primera vez en aquella recepción, donde fantaseaba desde su mesa, bailar esa canción con Cirse.
Se mantuvo al borde del asiento mientras le decía. – Que esta sucediendo aquí?.
Lentamente se fue bajando la ventanilla que divide al conductor del pasajero y logró ver un par de ojos intensamente verdes por el retrovisor.
Una mano cubierta con un elegante guante blanco, acomodó el retrovisor para que Mónica pudiese ver su rostro.
El reflejo de los rayos del sol, iluminaban sus ojos encendiendo dos luces verdes, que le abrían la puerta a todas sus ilusiones.
Tal vez ni siquiera debiera llamarte así, yo se que en todos estos años nunca fui la mejor madre para ti, sin embargo estoy muy arrepentida de todo lo que ha sucedido.
Me enteré que te casaras con Carlos, ignoro si tú tomaste esa decisión. Carlos no es malo, solo que no es el indicado para hacerte feliz y eso tú lo sabes.
Lo que realmente sucedió en el departamento de Cirse fue lo contrario a como te lo conté, ella nunca aceptó el cheque. Me lo aventó pero yo lo doble y lo dejé asentado sobre mueble. Estaba enloquecida.
Hace unos días vino a verme, me dijo tantas cosas que me hicieron pensar que yo nunca tomé las mejores decisiones, y además de todo lastimé a la persona que mas amo en el mundo, a ti.
Esta carta no es precisamente para que me perdones, aun que estoy segura que algún día así será, ya que tu eres una hermosa persona.
Mas bien esta carta es para decirte que no cometas el mismo error que yo cometí, me casé con tu padre por dinero, por una posición económica lujosa, olvidándome así de lo que era yo y de lo que quería para mi.
Una vez en la vida me enamoré con locura de un hombre pero me convencieron para no estar con él y ha podido más mi ambición que la lealtad conmigo misma. Me dejó de importar mi persona, mi integridad y solo escuchaba a las personas que me indicaban que reglas seguir en la sociedad, en esta sociedad tan falsa en la que hemos vivido.
Estas a tiempo hija, sigue tu corazón, realmente no importa la sociedad y lo que ellos te digan, solo importas tu y tu felicidad.
Es difícil decir esto pero, Cirse es una gran mujer y te ama como yo no tenia idea de que alguien pudiera amar tanto.
Se feliz y espero algún día me perdones.
Carolina, tu madre. “
Al terminar de leer la carta, Mónica estaba atónita, frente a ella se encontraba una botella de vino tinto, tomó una copa de él para poder entender mas la situación.
Miró por la ventanilla que se encontraba en alto y logró alcanzar a ver que estaba llegando al lugar de la ceremonia, podía visualizar los automóviles de amigos y el de Carlos.
Lentamente se detuvo la limousine en la puerta, Mónica no tubo alguna reacción para abrir la portezuela,. Mantenía su mirada al frente pensó por un momento gritar con toda la fuerza del mundo pero solo logró decir:
- Señor, por favor regréseme al departamento de inmediato.
Carlos a lo lejos miró la limousine donde iba Mónica, pero cuando vio que comenzó a avanzar para alejarse, corrió apresurada mente hacia la acera de la calle. Sin éxito se detuvo mirando con una extrema sorpresa.
Mónica miró hacia atrás y vio a Carlos que cada ves se perdía más y más en la lejanía.
La limousine comenzó a avanzar con rapidez, llego a la calle donde dando vuelta a la izquierda se llegaba al departamento de Mónica cuando, sin importar siguió en línea recta.
- Señor creo que debió de haber doblado a la izquierda.
El chofer no contestó. Mónica pensó que no la había escuchado e insistió.
- Por favor si puede dar vuelta de inmediato y regresar?.
Nuevamente el conductor no respondió a la petición y parecía que no la escuchaba. Mónica se exasperó un poco más y replicó dando pequeños golpes al cristal de su ventanilla.
En un semáforo en rojo Mónica se acercó lentamente para poder hablarle al chofer desde su propia ventanilla pero de inmediato el conductor accionó un botón que hizo subir de inmediato el cristal dándole privacidad a Mónica en la parte de atrás de la limousine.
Mónica asustada se acercó a la portezuela nuevamente y trató de abrirla para aprovechar el alto, pero inmediatamente fueron activados los seguros.
Ella se desesperó aun más, y levantó el pequeño intercomunicador para llamarle al móvil a Ingrid, pero se encontraba apagado.
De inmediato desde las pequeñas bocinas se comienza a escuchar música que poco a poco comenzó a percibir Mónica, era la canción de Darren Hayes, “ Insatiable”.
Un aire de alivio comenzó a recorrer su mente y cuerpo, reconocía perfectamente la melodía. Su mente viajó unos meses atrás, cuando la escuchó por primera vez en aquella recepción, donde fantaseaba desde su mesa, bailar esa canción con Cirse.
Se mantuvo al borde del asiento mientras le decía. – Que esta sucediendo aquí?.
Lentamente se fue bajando la ventanilla que divide al conductor del pasajero y logró ver un par de ojos intensamente verdes por el retrovisor.
Una mano cubierta con un elegante guante blanco, acomodó el retrovisor para que Mónica pudiese ver su rostro.
El reflejo de los rayos del sol, iluminaban sus ojos encendiendo dos luces verdes, que le abrían la puerta a todas sus ilusiones.
Mónica al mirar y reconocer el rostro, dio una enorme carcajada y le preguntó.
- Donde me llevas?- Con una picara sonrisa y una mirada cómplice.
A lo cual de inmediato obtuvo una respuesta.
- La llevo al paraíso Mademoiselle.
Finalmente luego del pequeño recorrido, aparcó en una playa cercana.
La noche se había adentrado, sin embargo no lucia obscuro del todo.
- Donde me llevas?- Con una picara sonrisa y una mirada cómplice.
A lo cual de inmediato obtuvo una respuesta.
- La llevo al paraíso Mademoiselle.
Finalmente luego del pequeño recorrido, aparcó en una playa cercana.
La noche se había adentrado, sin embargo no lucia obscuro del todo.

Cirse bajó del automóvil y se dirigió a abrirle la portezuela a ella.
Portaba el uniforme de chofer, un saco color negro, corbata del mismo color que lucia sobre una camisa abotonada en color blanco. Lucia un hermoso sombrero que hacia combinación el traje puesto.
Al recibirla, le extiende amablemente su mano aun enguantada en blanco.
Mónica le acepta la tan adecuada ayuda y la recibe con una sonrisa, se baja de la limousine luciendo su hermoso vestido, cuyas orillas se arrastraban recogiendo así la arena que pisaba.
- Este es el paraíso?- Le pregunta mientras se acerca mas a ella para rodearle con los brazos la cintura y con una mano le quita el sombrero, dejando caer su rojo cabello en sus hombros destellando en la tela obscura de su vestidura.
- El paraíso es donde tu te encuentres.- Le respondió y la abrazó firmemente a su cuerpo, como no queriendo soltarla en mucho tiempo.
De pronto, se escucha a lo lejos unas voces, de las cuales poco a poco se va a cercando la silueta de un hombre. Conforme la luz ayuda a visualizar el rostro, Mónica reconoce a Ricardo. A quien saluda muy efusivamente.
- Te ves preciosa Mónica, que están esperando, vengan¡¡
Cirse tomó de la mano a Mónica para caminar juntas, ella la detiene pues se le ha olvidado quitarse los guantes.
Rápidamente la despoja de ellos aventándolos atrás perdiéndolos en la arena.
Caminan tomadas de la mano en un camino iluminado con pequeñas antorchas sostenidas en largos palos de bambú.
- Que es todo esto?, es precioso¡¡¡¡- Comenta Mónica mirando a Cirse mientras camina asombrada, mirando con detenimiento la decoración en aquella playa.
Ella le responde con un beso en la frente y le sonríe invitándola a seguir el camino.
Aparecieron en una palapa, en medio de ella una mesa cuadrada y pequeña, con un mantel blanco hasta el suelo que se abanicaba con la poca brisa que había en ese momento.
Se podía escuchar el ruido de las pocas olas estrellándose en la orilla, dándole frescura a la noche.
Sobre ella yacían dos copas vacías y una botella de vino tinto en medio de ambas.
Ricardo tomó otro rumbo, desapareciendo en la obscuridad.
Cirse amablemente tomó una silla y le dio lugar a Mónica para que se sentase, la cual ella agradecida le sonrió.
- Te gusta?- Le pregunta Cirse mientras se sienta en el otro lugar con un rostro que irradiaba felicidad.
- Por supuesto que me gusta, todo esto es sorprendente, pensar que hacia unas horas mi mundo estaba a punto de encontrarse destruido y mis ilusiones perdidas. Todo esto es lo más maravilloso que he visto, realmente me has sorprendido.
- Dime…. que te motivó a no bajarte cuando me detuve para que tu entraras a la ceremonia?.
- Mi mamà me escribió una carta explicándome todo. Perdóname he sido tan tonta como para no darme cuenta. Tu eres mi felicidad, entre toda la obscuridad en la que vivía te apareciste para cambiarla. Acaso si yo me hubiese bajado tu te hubieras ido?
Cirse se mantuvo en silencio unos segundos. Después sonrío para decirle: - Muy probablemente, me hubiese bajado a perseguirte y a la fuerza te hubiese subido conmigo, no ves que todos nos esforzamos para dejar todo esto precioso para ti?.
Ambas soltaron varias risas.
Mientras platica, Cirse le acaricia las manos sobre la mesa. De pronto son interrumpidas por un par de reflectores que asomaban desde la arena, enfocando a Ricardo y a Alfred. Quienes aparecieron al frente y sentados en cada silla.
- Su atención por favor- Comienza a anunciarse Ricardo. – Esperamos que la noche de hoy la pasen maravillosamente, por esta razón amenizaremos esta cena romántica.- Le guiña un ojo a su amiga y comienza a tocar el Sax, a la cual Alfred, le acompaña con la guitarra.
Entre la platica de ambas, se escucha las melodías de bossa nova., haciendo un ambiente relajante y prestándose para el romanticismo.
Sin querer interrumpir, hace su aparición Ingrid, quien sigilosamente les sirve las copas de vino y acerca una rectangular bandeja con sushi.
Mónica la mira con sorpresa, pareciéndole increíble su presencia ahí.
Ingrid se dirigió brevemente a ella diciendo. – Y crees que yo iba a permitir que hagas burradas?.- Las tres sonrieron ante tal comentario, tan original y ella se alejó de inmediato.
Ambas se encontraban entre la claridad del fuego, no sabían si el fuego que sentían era mas grande del que había a su alrededor.
Mientras tomaban el vino no dejaban de mirarse directamente a los ojos, como si ellos tuviesen una platica paralela a la de los labios.
Cirse se acercaba más a ella para poder abrazarla y sentirla mas cerca.
Sus manos se entrelazaban de tal manera que ambas se sentían tan unidas la una a la otra. Todo parecía tan único entre ellas, esa magia que existía era perfecta para estar el resto de sus vidas juntas.
Del Sax comenzó a salir una melodía diferente, “Perhaps, Perhaps, Perhaps”, quien al ser escuchada por Mónica, de inmediato le dio la energía para levantarse de su silla e invitar a bailar a Cirse.
La despojó del saco negro que tenia puesto, y ella se mantuvo de blanco con corbata mientras bailaba lentamente.
Era la misma fantasía convertida en una realidad. Parecía no moverse sobre la arena.
Cirse la elevaba más allá del planeta.
Para hacer mas alegre el baile, Ingrid comienza a bailar con Alfred, quien hizo presunción de sus dotes de gran bailarín.
Terminaban la pieza rodeadas de sus brazos, el olor tan fresco que mantenía Mónica, le hacia a Cirse perder la cabeza involuntariamente y buscaba sus labios con los suyos para sellarlos con sus besos.
El hermoso traje de novia se arrastraba por la arena, como si quisiera retener cada recuerdo con cada partícula que recogía.
A Ingrid le parecía inusual, mirar a su amiga con otra mujer, sin embargo sonreía y estaba satisfecha de verla feliz y realizada
Al terminar la fiesta, ambos chikos comenzaron a apagar antorcha por antorcha, ocupados dejando en orden el sitio, observaban como tomadas de la mano se alejaban hacia la orilla del mar, recostándose en las húmedas rocas.

Mirando las estrellas, Mónica le platicaba de lo tan increíble que fue haberla conocido.
Cirse sin apartar la mirada del cielo tan imponente, le sostenía la mano y la apretaba por momentos, como agradeciendo al universo el tenerla a su lado.
Mónica se dio la vuelta para mirarla, acomodando su cabeza en su brazo. Cirse la sujeto fuertemente hacia ella mientras daba un respiro profundo. Le dio un beso en la frente.
Con la palma de su mano derecha, le gira la cara para encontrar esos labios gruesos y rosas. Cirse le correspondía los besos tan interminables.
El mar golpeaba la roca en la que se encontraban, mojando los pies de ambas.
Mientras disfrutaban del suave oleaje, sus dedos y labios reconocían cada centímetro de sus cuerpos. No había más luz que la de la luna, cómplice de las caricias y besos.
Esa noche fue eterna y única, que quedó marcada en el corazón de ambas.
La felicidad no cabía en ninguna, la vida de Mónica había cambiado por completo y su destino se auguraba lleno de felicidad.
Por otra parte, Carlos continuó con su vida yéndose a otro país, donde se le presentó una muy buena oportunidad de negocios.
Carolina terminó los trámites de divorcio con el padre de Mónica, quedándose solamente con una pequeña cuenta de ahorros, se fue de viaje… un viaje muy largo. Le gustaba la repostería, contó con muchas amistades para realizarse en lo que le gustaba, poco a poco sus tiendas comenzaron a ser muy famosas en todo Paris.
Que decir de Ingrid, se casó con un hombre de descendencia italiana, en la actualidad ella radica en Milán, cerca de la vía Meravigli y está dedicada a él y a sus hijos. El italiano no era un hombre muy agraciado y ella estaba conciente de eso, pero en el amor todo se vale.
El camino que seguía Mónica con Cirse, fue completamente nuevo, sin reglas de sociedad y nada que pueda regir su vida.
La completa felicidad que inundaba a ambas era lo único que tenia sentido en sus vidas.
Las mañanas eran maravillosas, Mónica abría los ojos y era casi increíble la sensación de mirar a Cirse a su lado. No querían levantarse de la cama ninguna de las dos.
Las noches eran eternas en los ojos verdes de Cirse, se pasaban mucho tiempo mirándose sin decirse una sola palabra.
Cirse perdió el temor de apostar al amor, pues Mónica era la otra mitad en su vida y eso la hacia inmensamente feliz.
Su nueva vida, tan inesperada como sorprendente, trajo muchas vivencias. Sin embargo nunca hubo algún arrepentimiento en cuestión de decisiones, la lucha era exhaustiva, ambas tomadas de la mano enfrentando y disfrutando lo que venia por mas difícil que fuesen las circunstancias.
Se fueron a vivir a Venecia, ahí inauguraron la agencia de publicidad y mercadotecnia mas famosa de toda Europa. Caminan usualmente tomadas de la mano, sobre la hermosa Santa Giustina.
Claro esta que Mónica en ningún momento se deshizo del cheque, que por fortuna Carolina nunca canceló, hasta la fecha le da las gracias por eso.
La relación Madre- Hija, mejoró bastante al paso del tiempo, se visitaban periódicamente. Cirse comenzó a ver a Carolina con otros ojos. Veía una mujer diferente, más humana y arrepentida por todo lo que había hecho mal.
A Cirse le daba gusto que ambas ahora, ya pudieran tener la confianza que nunca tuvieron años atrás.
Los consejos no se hicieron esperar mucho y Carolina apoyaba a Mónica en todo.
Ambas decidieron tener bebes, pero nunca pensaron que Mónica pudiese ser tan fértil como para tener tres niñas de una sola vez, aun así le agradecen al donante.
Una tarde en Paris, Carolina acudió a su café favorito, Des Deux Magots. El capuccino que servían en el lugar era completamente delicioso. Sentada, saboreando la crema, mira los automóviles que tan ágilmente pasan por ese crucero tan transitado. Siente la presencia de alguien a su lado.
Mira desde el suelo y ve unos zapatos obscuros y brillantes, va subiendo lentamente la mirada y ve los pantalones blancos y serios acompañados de una camisa polo con franjas azules.
Con una sonrisa, él la saluda.
- Hola Carolina, me puedo sentar?.
Asombrada y repitiéndose que, al destino no se le puede evadir.
- Carlos¡¡
FIN
Esta Novela fue dedicada a blue, ya que ella fue la fuente de inspiracion.
Es mas facil escribir, que vivir la vida misma.
Forever FerGie
jueves, 27 de agosto de 2009
En la Tardanza esta el Peligro
Hola, segurito ya se fastidiaron de leer que MOnica esta a punto de abrir la carta que le entregó el tipillo ese, les entiendo hasta yo me he fastidiado.
Pero ultima mente por alguna situación ajena a mi voluntad, me la paso interrumpiendo lo que es el ultimo capitulo.
Primero las vacaciones, imaginense en la playa con la lap, teniendo mujeres semi desnudas posando sus futuros cuerpos bronceados a mi lado.
Trankis, Trankis , las únicas mujeres semi desnudas eran mi novia y segurito alguna otra por ahí que me distraía.
Después fue que no tuve electricidad en mi casa justo cuando dije: " Hoy si tengo que terminar la historia ". Ah sido toda una frustracion.
Acaso hay alguna fuerza sobre natural que conspira en mi contra, evitando que yo termine la historia de Mónica y Cirse?. Mi paranoia me ha llevado a pensar eso.
Hace poco por medio de una amiga, me entere de los conflictos que tiene mi numero Kua ( ni idea tenia que era eso ) con el año del horóscopo Chino que estamos viviendo o no es asi amiguita??. Ahí le metí mas paranoia a mi vida.
Solo es una historia y quiero terminarla.
Y si jugamos con la historia?. Mejor que Mónica no lea la carta, la rompe y se larga derechito a la ceremonia. Igual y el Carlos cambia y ya se olvida de su mamá. A Monica se le podria olvidar su lenches por el resto de sus miserables dias.
Y mejor aun, Cirse se va de la ciudad y encuentra a otra vieja sin problemas familiares, sin novio conflictivo y se sepa lencha¡¡¡. Cruel no???¡¡¡.
Seguiré en mi intento por terminarla.
Bueno este post era para que no piensen que me he olvidado de escribir.
FerGie
Pero ultima mente por alguna situación ajena a mi voluntad, me la paso interrumpiendo lo que es el ultimo capitulo.
Primero las vacaciones, imaginense en la playa con la lap, teniendo mujeres semi desnudas posando sus futuros cuerpos bronceados a mi lado.
Trankis, Trankis , las únicas mujeres semi desnudas eran mi novia y segurito alguna otra por ahí que me distraía.
Después fue que no tuve electricidad en mi casa justo cuando dije: " Hoy si tengo que terminar la historia ". Ah sido toda una frustracion.
Acaso hay alguna fuerza sobre natural que conspira en mi contra, evitando que yo termine la historia de Mónica y Cirse?. Mi paranoia me ha llevado a pensar eso.
Hace poco por medio de una amiga, me entere de los conflictos que tiene mi numero Kua ( ni idea tenia que era eso ) con el año del horóscopo Chino que estamos viviendo o no es asi amiguita??. Ahí le metí mas paranoia a mi vida.
Solo es una historia y quiero terminarla.
Y si jugamos con la historia?. Mejor que Mónica no lea la carta, la rompe y se larga derechito a la ceremonia. Igual y el Carlos cambia y ya se olvida de su mamá. A Monica se le podria olvidar su lenches por el resto de sus miserables dias.
Y mejor aun, Cirse se va de la ciudad y encuentra a otra vieja sin problemas familiares, sin novio conflictivo y se sepa lencha¡¡¡. Cruel no???¡¡¡.
Seguiré en mi intento por terminarla.
Bueno este post era para que no piensen que me he olvidado de escribir.
FerGie
miércoles, 12 de agosto de 2009
Jugando Con El Destino

Probando un delicioso fettuccini, enreda el trinchante cuidadosamente de llevar completa la porción de pasta hacia la boca.
Mientras masticaba el bocado, miraba coquetamente al apuesto hombre que la acompañaba con el mismo guiso y que trataba de interesarla con una historia.
Un hombre muy apuesto, interesante, con camisa y pantalón en manta color blanco, dando un toque de frescura. Un mechón de cabello le caía en la frente haciéndolo ver aun más atractivo.
Un existencialista aficionado al yoga, quien hacia 3 días había conocido en sus clases matutinas de espiritualidad.
Encantada con su compañía, terminaba cada bocado y lo miraba sonriéndole, fingiendo mas bien verse muy interesada en lo que el le contaba.
De pronto, su bolso con adornos en plata comenzó a vibrar desde la silla continua. Inmediatamente se disculpó con su hermoso acompañante y encontró con rapidez el móvil, cuyo sonido era un poco impertinente y llamaba varias miradas hacia ella.
Caminando unos pasos hacia la salida, abrió el teléfono contestando efusivamente.
- hola¡¡¡¡¡¡¡¡ ex cuñada como estas?.
- Ingrid¡¡??- Preguntó extrañada Cirse al escuchar tan ruidosa contestación.
- Si, tú eres mi ex cuñada por que Mónica es como mi hermana.- Lanzó de inmediato una carcajada.
Cirse sonrío, recordando como era Ingrid de bromista.
- Hamm.. pésima broma verdad¡ . a que se debe la tan inesperada llamada?.
Ingrid caminó aun mas alejándose así del jardín, introduciéndose a la sección botánica, miró a los lados percatándose que nadie la mirase. Con su dedo meñique quitó lo que le causaba una pequeña molestia en el diente, ya que le avergonzaba hacerlo frente a su nueva conquista.
- Pues principalmente, para saludarte y tu sabes… saber como ha estado Mónica, no me ha llamado y no se que es lo que ha estado sucediendo.
- Cirse… eres tan dulce… honestamente, si no tuviera una fijación insana hacia los hombres, te pediría que me presentes a alguna amiga, ustedes son como Julieta.. y Julieta?¡- Sonrió nuevamente pero menos ruidoso en esta ocasión.
A ella le pareció muy gracioso el comentario, le alegró el momento escuchar una broma tan inesperada.
- Si tuviera a alguna amiga y remotamente quisieras conocerla, serias capaz de ponerle pantalones y bigotes.
- Ignora lo que dije Cirse, ya sabes que estoy loca. En cuanto a Mónica …
- Como esta?- Dijo interrumpiendo.
Ingrid borró de sus labios la sonrisa y quitó de su mente sus bromas, unió sus labios apretándolos entre si, pensando las palabras adecuadas para contarle la situación.
- Cirse… yo te aprecio mucho, no tengo las mejores palabras para decirte que es lo que esta sucediendo así que ahí va. Mónica se casará con Carlos en dos días, no será una gran boda, realmente es un escape para ella y quiere hacerlo lo más rápido posible.
Afligidamente apretó con su mano el móvil, dirigiendo su mirada hacia el piso, sus labios rojos comenzaron a palidecer. Caminó hacia el sillón blanco de su sala y se dejó caer, sin importarle.
- No puede ser Ingrid, la voy a perder para siempre y de la manera más absurda.
- Cuando me platicó, obviamente le hice saber que no estaba de acuerdo con esa decisión, pero que más puedo hacer. Imposible influir en sus decisiones. Ella piensa que tú le mentiste y te confabulaste con Carolina para todo eso.
Cada palabra que escuchaba desde el auricular, le parecía salida de una de sus tantas pesadillas nocturnas.
Se mantuvo callada escuchando a Ingrid hablar, pensativa y sin fuerzas cerraba los ojos y sin poder detenerlo, de sus ojos comenzaron a salir las lágrimas como ya era costumbre.
- Ingrid, yo fui a hablar con carolina, realmente no se de donde saque fuerzas pero mantuve en mi mente el pensamiento de no tener nada que perder y todo por ganar. Me dirigí hacia su casa, en el recibidor le dije todo lo que pensaba de ella. No esperé ni una palabra como respuesta, me di vuelta y Salí de la misma manera de cómo había entrado.
- Eres muy valiente Cirse, enfrentarte a la mujer que te ha hecho tanto daño. Por que no has hablado con Mónica?
- Después de esa noche, le llamé a su departamento, obviamente no contesto y le dejé un mensaje en su contestador. No he estado bien, todas las noches me despierto gritando su nombre. Y cuando no tengo alguna pesadilla, abro los ojos en la mañana y como un enorme golpe llega el recuerdo de no tenerla a mi lado, no puedo vivir así.
- Hay que hacer algo, debes insistirle no quiero ver a Mónica infeliz el resto de su vida y cuando se vea vacía y con alguien a quien no quiere a su lado, va a ser peor y ya será tarde para arreglar las cosas contigo.
- Si Ingrid, pero lo peor es no saber que hacer.- Le respondió tristemente y en sus palabras se podía escuchar la impotencia que la invadía.
Cirse se despidió de Ingrid, prometiéndole seguir en contacto con ella. Ambas colgaron los teléfonos móviles, Ingrid se acomodó el rizado cabello y caminó hacia su conquista, con la misma facción en el rostro que cuando se fue.
Cirse se mantuvo sentada en su blanco sillón, subiendo sus piernas en posición de mariposa en valet, la misma desesperación y angustia le decían que corriera de inmediato a Mónica, pero su sensatez la detenía ya que usualmente cuando se dejaba llevar por sus impulsos las cosas no sucedían como quería.
Sus manos estaban frías, su estomago le dolía por la ansiedad que sentía, sus labios habían empalidecido y sus ojos no cesaban de llorar.
Como ráfaga se congeló por unos segundos, miró al frente empuñó sus manos y limpiándose los caminos que dejaban sus lagrimas sonrió con un poco de dificultad.
Por fin una idea, no tan sensata pero si determinante que la hacia tomar impulso nuevamente, se auto cuestionaba si se había vuelto loca, lo mas probable es que así haya sido, pero desde cuando la locura no va de la mano con el amor.
En el apartamento de Mónica se encontraba ella sentada a un lado de su cama, abriendo la grande caja donde le habían enviado por fin su vestido de novia.
Lo desdobló lentamente, era un vestido largo de novia con un escote elegante y aparentemente sencillo ya que los adornos se perdían con el color.
Se levantó acercándose hacia sus enormes espejos, tomó el vestido a la altura de su cuerpo y se lo acercó, se miró y en definitiva era hermoso, pero significaba tantas cosas que aun la paralizaba.
Se mantuvo reflejándose un tiempo más, hasta que no contuvo mas las lagrimas y lo aventó a la cama.
Se sentó junto a él e inclinándose se llevó ambas manos hacia la cara, en definitiva estaba conmocionada preguntándose como la vida le organizó ese juego.
Aun no encontraba una respuesta, no se quitaba el rostro de Cirse de la mente.
Se recostó en la cama, sus lagrimas mojaban sus almohadas, miraba su habitación con detenimiento y recordaba cada detalle de la primera vez que estuvo con Cirse, tan nítido era el recuerdo que podía sentir su olor, sus ojos mirándola cuando despertó esa mañana, la voz que la adormecía por momentos y la sensación en el estomago tan peculiar que nunca había sentido con nadie.
Pero el coraje de todo hacia que por momentos dejaran de salir sus lágrimas.
Tomó el vestido y lo extendió en una silla junto a su cama, apagó las luces de su habitación y cerró los ojos para conciliar el sueño pronto y así dejar que el tiempo haga su trabajo de borrarle esos recuerdos de la mente, por que del corazón ella trataría de encargarse.
Todo estaba listo para el gran día, a pesar de todo lo sucedido se estaba llevando a cabo los planes de Carlos.
Muy temprano recibió su traje de Penhalta color gris en seda que le había gustado tanto.
Se encontraba muy entusiasmado, le motivaba mucho tener un cambio en su vida.
Sentía que de esa manera comenzaría una nueva vida con Mónica y así dejar atrás todo recuerdo de Carolina, que a pesar de todo, aun seguía moviendo algo en él.
Se acomodaba la corbata azul, mientras miraba por la ventana de la calle, que su familia había ido por él. De inmediato se apresuró con la vestimenta, se miró al espejo y se sonrió así mismo, como felicitándose por su éxito.
Al llegar a la calle, sus amigos lo recibieron con felicitaciones. Sus padres lo estaban esperando, lo abrazaron afectuosamente.
Subió a su convertible rojo, en esta ocasión él no lo conducía, era su padre.
Durante el trayecto a la ceremonia, su padre le daba consejos en cuanto a una vida matrimonial.
Su familia se caracterizaba con sus viejas costumbres, de las cuales Carlos se sentía orgulloso.
Mónica se encontraba en su habitación probándose el vestido, se miraba al espejo y podía observar en su rostro, a una mujer decepcionada, tratando de sobre ponerse de todo lo que estaba viviendo.
Sabia de antemano que casarse con Carlos no era lo que mas anhelaba en la vida, sin embargo, eso le ofrecía un cambio completamente opuesto a sus deseos, pero un cambio al fin.
En el departamento se encontraba Ingrid, ayudándola con su atuendo.
- Mónica, ya te pusiste el vestido?- Le dijo Ingrid mientras enraba a la habitación,
- Wow¡¡¡¡¡ te ves preciosa Moniq¡¡¡¡- Le dijo eufóricamente.
Mónica le sonrió mientras miraba a Ingrid por el espejo.
- Gracias Ingrid, también gracias por estar a mi lado en estos momentos que podría echarme a llorar en cualquier momento.
Se dio la vuelta, quedado frente a Ingrid y la abrazó agradecida.
- No tienes por que agradecerme, tu eres mi amiga y estoy contigo en tus mejores o peores decisiones.
- Ya Ingrid, ya se, tal ves no sea la mejor decisión pero debo olvidarme de todo.
- No lo amas Mónica, serás muy infeliz, pero bueno la vida da muchas vueltas y cuando tu destino no es ese, la vida te lo hará saber. – Sonrió.
De pronto se escucha desde afuera el ruido de un claxon. Ingrid corrió hacia la ventana al escucharlo.
- Ya es hora Moniq, acaba de llegar la limousine.
- Bien, ya estoy lista, vamos.
Vestida de novia baja las escaleras del edificio, con el rostro apagado y resignado, atrás de ella Ingrid sosteniéndole el ramo y dándole indicaciones al caminar para que no estropee el vestido.
Mientras masticaba el bocado, miraba coquetamente al apuesto hombre que la acompañaba con el mismo guiso y que trataba de interesarla con una historia.
Un hombre muy apuesto, interesante, con camisa y pantalón en manta color blanco, dando un toque de frescura. Un mechón de cabello le caía en la frente haciéndolo ver aun más atractivo.
Un existencialista aficionado al yoga, quien hacia 3 días había conocido en sus clases matutinas de espiritualidad.
Encantada con su compañía, terminaba cada bocado y lo miraba sonriéndole, fingiendo mas bien verse muy interesada en lo que el le contaba.
De pronto, su bolso con adornos en plata comenzó a vibrar desde la silla continua. Inmediatamente se disculpó con su hermoso acompañante y encontró con rapidez el móvil, cuyo sonido era un poco impertinente y llamaba varias miradas hacia ella.
Caminando unos pasos hacia la salida, abrió el teléfono contestando efusivamente.
- hola¡¡¡¡¡¡¡¡ ex cuñada como estas?.
- Ingrid¡¡??- Preguntó extrañada Cirse al escuchar tan ruidosa contestación.
- Si, tú eres mi ex cuñada por que Mónica es como mi hermana.- Lanzó de inmediato una carcajada.
Cirse sonrío, recordando como era Ingrid de bromista.
- Hamm.. pésima broma verdad¡ . a que se debe la tan inesperada llamada?.
Ingrid caminó aun mas alejándose así del jardín, introduciéndose a la sección botánica, miró a los lados percatándose que nadie la mirase. Con su dedo meñique quitó lo que le causaba una pequeña molestia en el diente, ya que le avergonzaba hacerlo frente a su nueva conquista.
- Pues principalmente, para saludarte y tu sabes… saber como ha estado Mónica, no me ha llamado y no se que es lo que ha estado sucediendo.
- Cirse… eres tan dulce… honestamente, si no tuviera una fijación insana hacia los hombres, te pediría que me presentes a alguna amiga, ustedes son como Julieta.. y Julieta?¡- Sonrió nuevamente pero menos ruidoso en esta ocasión.
A ella le pareció muy gracioso el comentario, le alegró el momento escuchar una broma tan inesperada.
- Si tuviera a alguna amiga y remotamente quisieras conocerla, serias capaz de ponerle pantalones y bigotes.
- Ignora lo que dije Cirse, ya sabes que estoy loca. En cuanto a Mónica …
- Como esta?- Dijo interrumpiendo.
Ingrid borró de sus labios la sonrisa y quitó de su mente sus bromas, unió sus labios apretándolos entre si, pensando las palabras adecuadas para contarle la situación.
- Cirse… yo te aprecio mucho, no tengo las mejores palabras para decirte que es lo que esta sucediendo así que ahí va. Mónica se casará con Carlos en dos días, no será una gran boda, realmente es un escape para ella y quiere hacerlo lo más rápido posible.
Afligidamente apretó con su mano el móvil, dirigiendo su mirada hacia el piso, sus labios rojos comenzaron a palidecer. Caminó hacia el sillón blanco de su sala y se dejó caer, sin importarle.
- No puede ser Ingrid, la voy a perder para siempre y de la manera más absurda.
- Cuando me platicó, obviamente le hice saber que no estaba de acuerdo con esa decisión, pero que más puedo hacer. Imposible influir en sus decisiones. Ella piensa que tú le mentiste y te confabulaste con Carolina para todo eso.
Cada palabra que escuchaba desde el auricular, le parecía salida de una de sus tantas pesadillas nocturnas.
Se mantuvo callada escuchando a Ingrid hablar, pensativa y sin fuerzas cerraba los ojos y sin poder detenerlo, de sus ojos comenzaron a salir las lágrimas como ya era costumbre.
- Ingrid, yo fui a hablar con carolina, realmente no se de donde saque fuerzas pero mantuve en mi mente el pensamiento de no tener nada que perder y todo por ganar. Me dirigí hacia su casa, en el recibidor le dije todo lo que pensaba de ella. No esperé ni una palabra como respuesta, me di vuelta y Salí de la misma manera de cómo había entrado.
- Eres muy valiente Cirse, enfrentarte a la mujer que te ha hecho tanto daño. Por que no has hablado con Mónica?
- Después de esa noche, le llamé a su departamento, obviamente no contesto y le dejé un mensaje en su contestador. No he estado bien, todas las noches me despierto gritando su nombre. Y cuando no tengo alguna pesadilla, abro los ojos en la mañana y como un enorme golpe llega el recuerdo de no tenerla a mi lado, no puedo vivir así.
- Hay que hacer algo, debes insistirle no quiero ver a Mónica infeliz el resto de su vida y cuando se vea vacía y con alguien a quien no quiere a su lado, va a ser peor y ya será tarde para arreglar las cosas contigo.
- Si Ingrid, pero lo peor es no saber que hacer.- Le respondió tristemente y en sus palabras se podía escuchar la impotencia que la invadía.
Cirse se despidió de Ingrid, prometiéndole seguir en contacto con ella. Ambas colgaron los teléfonos móviles, Ingrid se acomodó el rizado cabello y caminó hacia su conquista, con la misma facción en el rostro que cuando se fue.
Cirse se mantuvo sentada en su blanco sillón, subiendo sus piernas en posición de mariposa en valet, la misma desesperación y angustia le decían que corriera de inmediato a Mónica, pero su sensatez la detenía ya que usualmente cuando se dejaba llevar por sus impulsos las cosas no sucedían como quería.
Sus manos estaban frías, su estomago le dolía por la ansiedad que sentía, sus labios habían empalidecido y sus ojos no cesaban de llorar.
Como ráfaga se congeló por unos segundos, miró al frente empuñó sus manos y limpiándose los caminos que dejaban sus lagrimas sonrió con un poco de dificultad.
Por fin una idea, no tan sensata pero si determinante que la hacia tomar impulso nuevamente, se auto cuestionaba si se había vuelto loca, lo mas probable es que así haya sido, pero desde cuando la locura no va de la mano con el amor.
En el apartamento de Mónica se encontraba ella sentada a un lado de su cama, abriendo la grande caja donde le habían enviado por fin su vestido de novia.
Lo desdobló lentamente, era un vestido largo de novia con un escote elegante y aparentemente sencillo ya que los adornos se perdían con el color.
Se levantó acercándose hacia sus enormes espejos, tomó el vestido a la altura de su cuerpo y se lo acercó, se miró y en definitiva era hermoso, pero significaba tantas cosas que aun la paralizaba.
Se mantuvo reflejándose un tiempo más, hasta que no contuvo mas las lagrimas y lo aventó a la cama.
Se sentó junto a él e inclinándose se llevó ambas manos hacia la cara, en definitiva estaba conmocionada preguntándose como la vida le organizó ese juego.
Aun no encontraba una respuesta, no se quitaba el rostro de Cirse de la mente.
Se recostó en la cama, sus lagrimas mojaban sus almohadas, miraba su habitación con detenimiento y recordaba cada detalle de la primera vez que estuvo con Cirse, tan nítido era el recuerdo que podía sentir su olor, sus ojos mirándola cuando despertó esa mañana, la voz que la adormecía por momentos y la sensación en el estomago tan peculiar que nunca había sentido con nadie.
Pero el coraje de todo hacia que por momentos dejaran de salir sus lágrimas.
Tomó el vestido y lo extendió en una silla junto a su cama, apagó las luces de su habitación y cerró los ojos para conciliar el sueño pronto y así dejar que el tiempo haga su trabajo de borrarle esos recuerdos de la mente, por que del corazón ella trataría de encargarse.
Todo estaba listo para el gran día, a pesar de todo lo sucedido se estaba llevando a cabo los planes de Carlos.
Muy temprano recibió su traje de Penhalta color gris en seda que le había gustado tanto.
Se encontraba muy entusiasmado, le motivaba mucho tener un cambio en su vida.
Sentía que de esa manera comenzaría una nueva vida con Mónica y así dejar atrás todo recuerdo de Carolina, que a pesar de todo, aun seguía moviendo algo en él.
Se acomodaba la corbata azul, mientras miraba por la ventana de la calle, que su familia había ido por él. De inmediato se apresuró con la vestimenta, se miró al espejo y se sonrió así mismo, como felicitándose por su éxito.
Al llegar a la calle, sus amigos lo recibieron con felicitaciones. Sus padres lo estaban esperando, lo abrazaron afectuosamente.
Subió a su convertible rojo, en esta ocasión él no lo conducía, era su padre.
Durante el trayecto a la ceremonia, su padre le daba consejos en cuanto a una vida matrimonial.
Su familia se caracterizaba con sus viejas costumbres, de las cuales Carlos se sentía orgulloso.
Mónica se encontraba en su habitación probándose el vestido, se miraba al espejo y podía observar en su rostro, a una mujer decepcionada, tratando de sobre ponerse de todo lo que estaba viviendo.
Sabia de antemano que casarse con Carlos no era lo que mas anhelaba en la vida, sin embargo, eso le ofrecía un cambio completamente opuesto a sus deseos, pero un cambio al fin.
En el departamento se encontraba Ingrid, ayudándola con su atuendo.
- Mónica, ya te pusiste el vestido?- Le dijo Ingrid mientras enraba a la habitación,
- Wow¡¡¡¡¡ te ves preciosa Moniq¡¡¡¡- Le dijo eufóricamente.
Mónica le sonrió mientras miraba a Ingrid por el espejo.
- Gracias Ingrid, también gracias por estar a mi lado en estos momentos que podría echarme a llorar en cualquier momento.
Se dio la vuelta, quedado frente a Ingrid y la abrazó agradecida.
- No tienes por que agradecerme, tu eres mi amiga y estoy contigo en tus mejores o peores decisiones.
- Ya Ingrid, ya se, tal ves no sea la mejor decisión pero debo olvidarme de todo.
- No lo amas Mónica, serás muy infeliz, pero bueno la vida da muchas vueltas y cuando tu destino no es ese, la vida te lo hará saber. – Sonrió.
De pronto se escucha desde afuera el ruido de un claxon. Ingrid corrió hacia la ventana al escucharlo.
- Ya es hora Moniq, acaba de llegar la limousine.
- Bien, ya estoy lista, vamos.
Vestida de novia baja las escaleras del edificio, con el rostro apagado y resignado, atrás de ella Ingrid sosteniéndole el ramo y dándole indicaciones al caminar para que no estropee el vestido.
Ingrid se adelanta y le abre la puerta de la negra y lujosa limousine.
De pronto, un hombre joven con camisa a cuadros y pantalones azules, de aspecto cansado y nervioso, se acerca a Mónica, estira su brazo y en su mano hay un sobre blanco.
- Es para usted, me dieron indicaciones de entregárselo personalmente y en este momento.
Antes de poder preguntarle, quien le había dado ese sobre el se aleja de inmediato como huyendo apresuradamente.
Mónica extrañada y con el sobre en la mano mira a Ingrid.
- Que es esto?.
- No lo se Mónica pero sube de inmediato por que se te hace tarde.
Sin abrirlo, Mónica sostiene el sobre y entra a la limousine, Ingrid le entrega el enorme ramo adornado de alcatraces y rosas blancas.
- No iras conmigo Ingrid?- Le pregunta extrañada mientras recibe el ramo.
- No, yo iré en mi automóvil.
Sin darle oportunidad a alguna replica, le cierra la portezuela.
El automóvil da marcha rumbo a la ceremonia, Mónica hizo a un lado su ramo y miró el sobre, templando la ansiedad de abrirlo.
Por fuera del sobre no decía nada mas que “ Para Mónica “. Comenzó a romper el sello de pegamento que tenia, abrió lentamente la carta que se encontraba dentro y comenzó a leer.
De pronto, un hombre joven con camisa a cuadros y pantalones azules, de aspecto cansado y nervioso, se acerca a Mónica, estira su brazo y en su mano hay un sobre blanco.
- Es para usted, me dieron indicaciones de entregárselo personalmente y en este momento.
Antes de poder preguntarle, quien le había dado ese sobre el se aleja de inmediato como huyendo apresuradamente.
Mónica extrañada y con el sobre en la mano mira a Ingrid.
- Que es esto?.
- No lo se Mónica pero sube de inmediato por que se te hace tarde.
Sin abrirlo, Mónica sostiene el sobre y entra a la limousine, Ingrid le entrega el enorme ramo adornado de alcatraces y rosas blancas.
- No iras conmigo Ingrid?- Le pregunta extrañada mientras recibe el ramo.
- No, yo iré en mi automóvil.
Sin darle oportunidad a alguna replica, le cierra la portezuela.
El automóvil da marcha rumbo a la ceremonia, Mónica hizo a un lado su ramo y miró el sobre, templando la ansiedad de abrirlo.
Por fuera del sobre no decía nada mas que “ Para Mónica “. Comenzó a romper el sello de pegamento que tenia, abrió lentamente la carta que se encontraba dentro y comenzó a leer.

lunes, 27 de julio de 2009
Un Mal Escape

Entrelaza ambas manos a las de ella, quien se encuentra acostada en su enorme cama con sabanas blancas, donde luce su cabello extendido en abanico.
Va subiendo lentamente por su cuerpo desnudo, hasta llegar a su pecho, donde se detiene un momento a escuchar su corazón, quien late desesperadamente al sentirla.
Mientras escucha detenidamente la suave melodía que le regala su corazón, siente una plena sensación de sentir su desnudo cuerpo con el de ella, quien mientras lo hace le acaricia sus rojos cabellos y lleva su rostro al de ella para darle un profundo beso, que entre la suavidad de él, recorre su cuerpo con sus manos.
La mira a los ojos y escucha de sus labios “Te amo Cirse “, esas palabras juntas se han vuelto para ella una droga en extremo adictiva, tal ves mas que su cuerpo bajo el suyo.
Siente que es tomada de la cintura por las manos de ella, quien guía sus caderas a una posición perfecta, donde puede sentirla plenamente.
Su locura incrementa al ritmo que ambas siguen. Se apoya de ambos brazos para sostenerle la mirada, inclina un poco más la cabeza de manera que su oído queda a la altura de sus labios, donde salen pequeños ruidos excitantes.
De pronto, una ráfaga de luz arrebata a la mujer, arrancándola de sus brazos.
Cirse se pone de pie de inmediato, pero se mira a si misma, y se da cuenta que ya esta vestida, mira al frente y observa que a lo lejos un hombre robusto de gabardina negra y sombrero se la lleva a la fuerza alejándola de ella.
La mujer esta forzándose por soltarse de él y le pide ayuda a Cirse, quien se siente inmovilizada para correr tras ella. De la desesperación comienza a gritarle “Mónica¡¡¡”.
Comienza a sentir que una desesperación intensa sube por todo su cuerpo al no poder moverse, eso mismo hace que comience a llorar desconsoladamente.
De pronto, entre gritos nombrando a Mónica, Cirse despierta de esa pesadilla con los ojos llenos en lagrimas y con las manos apretando sus sabanas como queriendo arrancarlas de la cama.
Se mantiene asustada y aun creyendo en su lucido sueño.
Ahora sus lágrimas no solo son debidas a la pesadilla, si no que de inmediato recordó lo que estaba sucediendo con Mónica y con ella. Ahora tenia un verdadero por qué para llorar con tanta intensidad como lo hacia esa noche.
Dándose cuenta de su soledad en su obscura habitación, se vuelve a meter por debajo de sus sabanas. Y en posición fetal, seca sus lágrimas una a una con la misma sabana, tratando sin éxito de conciliar el sueño.
Esperaba tal vez un sueño donde tuviera un final más agradable que el anterior.
Cerró con mucha fuerza sus ojos, como no queriendo abrirlos por mucho tiempo.
Tardó, pero por fin logro dormirse.
Así pasaron varias noches, Cirse tenía que hacer algo.
Un día muy temprano, se armo de mucho valor y decidió salir de su habitación.
Tenía en mente hacer algo, decidida e imparable continuó su camino hacia la calle.
El banquete fue pospuesto por Carlos sin fecha exacta, aun teniendo la esperanza de poder estar con Mónica a final de cuentas.
Mónica por su parte, sin vida y sin motivación, con su alma inundada de tristezas y decepciones, continuaba con su mismo estilo de vida.
Con la diferencia de que no había una sonrisa en su rostro que le hiciera cambiar el día.
Tanto en su oficina como en su departamento, las contestadoras estaban saturadas de mensajes de Carlos con un millón de perdones. Solo uno era de Cirse, donde le decía que estaba decidida a esperar hasta que ella quisiera hablar. Ya que tenía muchas cosas que decirle.
Hacia caso omiso a todos los mensajes, sin embargo ella misma no podía engañarse. Escuchaba de 2 a 3 veces el mensaje de Cirse, solo por el placer de escuchar su voz. La extrañaba tanto, pero acompañado a ese sentimiento se encontraba un coraje enorme por lo que ella creía era la verdad.
Un día aparece Carlos en la oficina, fue a visitarla sin avisarle pues sabía que su respuesta seria una negativa rotunda.
Entrando a su privado silenciosamente, guardándose las llaves del automóvil en la bolsa de su pantalón negro.
- Mónica, estas ocupada?.
Mónica al escuchar la voz de él, mira de inmediato hacia la puerta de la entrada.
- Que haces aquí?.- Le dice poniéndose de pie.
- Vine a verte, si te avisaba seguro te negabas.
Mónica dejó de revisar los documentos que tenia sobre el escritorio, se acomodó en su sillón ejecutivo de piel color negro.
- Pues aquí estoy.. veme.
- No seas sarcástica Mónica, vine a hablar contigo pero me gustaría que fuéramos a algún café, si te parece.
- No me parece.- Replicó
- Por favor, te lo ruego. Necesito hablar contigo.
Se acercó a ella inclinándose en su escritorio para poder hacer contacto cara a cara con ella.
- OK, espérame en el recibidor.
Oprimió el conmutador marcando la extensión de Eufrasia.
- Eufrasia, por favor acompaña al señor al recibidor como todas las visitas.
Carlos incomodo se retiro un poco mas del escritorio y camino hacia la puerta de entrada, que fue abierta por la asistente.
- No es necesario que me acompañes Eufrasia sé el camino.
Se dio media vuelta y le dijo a Mónica.
- Te espero.
Mónica acomodó sus documentos, tomó su bolso y caminó hacia la puerta.
Al verla salir Carlos se levantó y Mónica sin detenerse le dijo. - Vamos
Carlos la siguió y al salir del edificio emparejó su caminar con el de ella y le indicó el café donde a él le parecía discreto para tener una buena conversación.
Al llegar, Carlos caballerosamente jala hacia él la silla para que ella pudiese sentarse, la cual rechaza y se sienta en la opuesta.
Ella pidió una limonada y él capuccino con canela.
- De que quieres hablar que no hayamos dejado claro esa noche?- Le dice Mónica mientras recibía su limonada, abría los sobrecillos de Canderel.
- De nosotros.
- Ya no hay nosotros Carlos.
Carlos la toma de la mano estando sobre la mesa.
- Déjame contarte desde el principio.
Mónica se mantuvo callada mientras Carlos comenzaba a hablar.
- Cuando entré a la universidad, las únicas personas amigables eran tú e Ingrid. Comenzamos a conocernos mas, fue entonces cuando conocí a Carolina. Recuerdo cuando yo llegaba a tu casa y tú no habías llegado, ella me atendía tan amablemente. Poco a poco comencé a fijarme en ella, así se comenzó a dar. Ambos sabíamos que lo nuestro era imposible y comenzamos a alejarnos. Realmente Mónica, no la culpo, tanto ella como yo estábamos muy ilusionados, pero sabíamos que eso no podía ser, ella era una mujer casada y yo menor que ella. Le propuse que se divorciara pero no accedió y comenzamos a alejarnos. Te comencé a conocer más y ella me apoyó con eso, decía que tú eras mejor para mí que ella misma. Poco a poco comencé a conocerte y veme aquí.
Realmente entiendo como te sientes y por lo que ha estado pasando por tu mente estos días, pero créeme yo también estoy así. Quiero hacer una nueva vida, se que tu también quieres lo mismo. Es por eso que te propongo que nos vayamos lejos, tal ves con el tiempo te llegues a enamorar de mi, y quien dice que no podamos ser felices
Atentamente escuchaba a Carlos, la historia no le parecía tan increíble, tal vez haya resultado mas humana de lo que había pensado.
- Es difícil para mí poder recordar lo que vi esa noche y evitar enfadarme.
- Yo entiendo, pero te ayudare a poder olvidarlo, de esa misma manera también hare lo mismo.
Carlos pensaba que al estar con Mónica lejos, podría llegar a olvidar a Carolina también y así darse ambos una nueva oportunidad.
- No he cancelado la boda, solo lo pospuse por que tengo la esperanza que después de esta platica pudiésemos hacer algo
Carlos se levanta de su asiento corriendo su silla mas cerca de ella, la toma de las manos y le acaricia el rostro, al cual ella reacciona con una sonrisa pensativa y probablemente resignada.
- Carlos tu estas conciente que me enamoré de una mujer?
- Eso puede ser pasajero, yo estaré contigo y te ayudare a olvidarla.
Mónica lo pensó aun mas, las palabras de Carlos hacia que viera otra percepción de esa situación y la idea no le sonaba tan mala. A final de cuentas él estaba conciente de todo y al igual que ella fue una victima más de las ironías del destino.
- Si- respondió Mónica- Tú tienes que hacer que ella desaparezca de mi corazón.
- Cuenta conmigo, después de todo somos amigos y siempre estuve a tu lado, como hasta ahora que quiero yo también estar contigo.
Después de la platica que tuvieron, Carlos confirmó fecha para la boda, ya no seria tan costosa como estaba planeado y solamente asistirían muy poca familia y los amigos mas apegados. Después de eso, se irían al extranjero para alejarse de todo.
Va subiendo lentamente por su cuerpo desnudo, hasta llegar a su pecho, donde se detiene un momento a escuchar su corazón, quien late desesperadamente al sentirla.
Mientras escucha detenidamente la suave melodía que le regala su corazón, siente una plena sensación de sentir su desnudo cuerpo con el de ella, quien mientras lo hace le acaricia sus rojos cabellos y lleva su rostro al de ella para darle un profundo beso, que entre la suavidad de él, recorre su cuerpo con sus manos.
La mira a los ojos y escucha de sus labios “Te amo Cirse “, esas palabras juntas se han vuelto para ella una droga en extremo adictiva, tal ves mas que su cuerpo bajo el suyo.
Siente que es tomada de la cintura por las manos de ella, quien guía sus caderas a una posición perfecta, donde puede sentirla plenamente.
Su locura incrementa al ritmo que ambas siguen. Se apoya de ambos brazos para sostenerle la mirada, inclina un poco más la cabeza de manera que su oído queda a la altura de sus labios, donde salen pequeños ruidos excitantes.
De pronto, una ráfaga de luz arrebata a la mujer, arrancándola de sus brazos.
Cirse se pone de pie de inmediato, pero se mira a si misma, y se da cuenta que ya esta vestida, mira al frente y observa que a lo lejos un hombre robusto de gabardina negra y sombrero se la lleva a la fuerza alejándola de ella.
La mujer esta forzándose por soltarse de él y le pide ayuda a Cirse, quien se siente inmovilizada para correr tras ella. De la desesperación comienza a gritarle “Mónica¡¡¡”.
Comienza a sentir que una desesperación intensa sube por todo su cuerpo al no poder moverse, eso mismo hace que comience a llorar desconsoladamente.
De pronto, entre gritos nombrando a Mónica, Cirse despierta de esa pesadilla con los ojos llenos en lagrimas y con las manos apretando sus sabanas como queriendo arrancarlas de la cama.
Se mantiene asustada y aun creyendo en su lucido sueño.
Ahora sus lágrimas no solo son debidas a la pesadilla, si no que de inmediato recordó lo que estaba sucediendo con Mónica y con ella. Ahora tenia un verdadero por qué para llorar con tanta intensidad como lo hacia esa noche.
Dándose cuenta de su soledad en su obscura habitación, se vuelve a meter por debajo de sus sabanas. Y en posición fetal, seca sus lágrimas una a una con la misma sabana, tratando sin éxito de conciliar el sueño.
Esperaba tal vez un sueño donde tuviera un final más agradable que el anterior.
Cerró con mucha fuerza sus ojos, como no queriendo abrirlos por mucho tiempo.
Tardó, pero por fin logro dormirse.
Así pasaron varias noches, Cirse tenía que hacer algo.
Un día muy temprano, se armo de mucho valor y decidió salir de su habitación.
Tenía en mente hacer algo, decidida e imparable continuó su camino hacia la calle.
El banquete fue pospuesto por Carlos sin fecha exacta, aun teniendo la esperanza de poder estar con Mónica a final de cuentas.
Mónica por su parte, sin vida y sin motivación, con su alma inundada de tristezas y decepciones, continuaba con su mismo estilo de vida.
Con la diferencia de que no había una sonrisa en su rostro que le hiciera cambiar el día.
Tanto en su oficina como en su departamento, las contestadoras estaban saturadas de mensajes de Carlos con un millón de perdones. Solo uno era de Cirse, donde le decía que estaba decidida a esperar hasta que ella quisiera hablar. Ya que tenía muchas cosas que decirle.
Hacia caso omiso a todos los mensajes, sin embargo ella misma no podía engañarse. Escuchaba de 2 a 3 veces el mensaje de Cirse, solo por el placer de escuchar su voz. La extrañaba tanto, pero acompañado a ese sentimiento se encontraba un coraje enorme por lo que ella creía era la verdad.
Un día aparece Carlos en la oficina, fue a visitarla sin avisarle pues sabía que su respuesta seria una negativa rotunda.
Entrando a su privado silenciosamente, guardándose las llaves del automóvil en la bolsa de su pantalón negro.
- Mónica, estas ocupada?.
Mónica al escuchar la voz de él, mira de inmediato hacia la puerta de la entrada.
- Que haces aquí?.- Le dice poniéndose de pie.
- Vine a verte, si te avisaba seguro te negabas.
Mónica dejó de revisar los documentos que tenia sobre el escritorio, se acomodó en su sillón ejecutivo de piel color negro.
- Pues aquí estoy.. veme.
- No seas sarcástica Mónica, vine a hablar contigo pero me gustaría que fuéramos a algún café, si te parece.
- No me parece.- Replicó
- Por favor, te lo ruego. Necesito hablar contigo.
Se acercó a ella inclinándose en su escritorio para poder hacer contacto cara a cara con ella.
- OK, espérame en el recibidor.
Oprimió el conmutador marcando la extensión de Eufrasia.
- Eufrasia, por favor acompaña al señor al recibidor como todas las visitas.
Carlos incomodo se retiro un poco mas del escritorio y camino hacia la puerta de entrada, que fue abierta por la asistente.
- No es necesario que me acompañes Eufrasia sé el camino.
Se dio media vuelta y le dijo a Mónica.
- Te espero.
Mónica acomodó sus documentos, tomó su bolso y caminó hacia la puerta.
Al verla salir Carlos se levantó y Mónica sin detenerse le dijo. - Vamos
Carlos la siguió y al salir del edificio emparejó su caminar con el de ella y le indicó el café donde a él le parecía discreto para tener una buena conversación.
Al llegar, Carlos caballerosamente jala hacia él la silla para que ella pudiese sentarse, la cual rechaza y se sienta en la opuesta.
Ella pidió una limonada y él capuccino con canela.
- De que quieres hablar que no hayamos dejado claro esa noche?- Le dice Mónica mientras recibía su limonada, abría los sobrecillos de Canderel.
- De nosotros.
- Ya no hay nosotros Carlos.
Carlos la toma de la mano estando sobre la mesa.
- Déjame contarte desde el principio.
Mónica se mantuvo callada mientras Carlos comenzaba a hablar.
- Cuando entré a la universidad, las únicas personas amigables eran tú e Ingrid. Comenzamos a conocernos mas, fue entonces cuando conocí a Carolina. Recuerdo cuando yo llegaba a tu casa y tú no habías llegado, ella me atendía tan amablemente. Poco a poco comencé a fijarme en ella, así se comenzó a dar. Ambos sabíamos que lo nuestro era imposible y comenzamos a alejarnos. Realmente Mónica, no la culpo, tanto ella como yo estábamos muy ilusionados, pero sabíamos que eso no podía ser, ella era una mujer casada y yo menor que ella. Le propuse que se divorciara pero no accedió y comenzamos a alejarnos. Te comencé a conocer más y ella me apoyó con eso, decía que tú eras mejor para mí que ella misma. Poco a poco comencé a conocerte y veme aquí.
Realmente entiendo como te sientes y por lo que ha estado pasando por tu mente estos días, pero créeme yo también estoy así. Quiero hacer una nueva vida, se que tu también quieres lo mismo. Es por eso que te propongo que nos vayamos lejos, tal ves con el tiempo te llegues a enamorar de mi, y quien dice que no podamos ser felices
Atentamente escuchaba a Carlos, la historia no le parecía tan increíble, tal vez haya resultado mas humana de lo que había pensado.
- Es difícil para mí poder recordar lo que vi esa noche y evitar enfadarme.
- Yo entiendo, pero te ayudare a poder olvidarlo, de esa misma manera también hare lo mismo.
Carlos pensaba que al estar con Mónica lejos, podría llegar a olvidar a Carolina también y así darse ambos una nueva oportunidad.
- No he cancelado la boda, solo lo pospuse por que tengo la esperanza que después de esta platica pudiésemos hacer algo
Carlos se levanta de su asiento corriendo su silla mas cerca de ella, la toma de las manos y le acaricia el rostro, al cual ella reacciona con una sonrisa pensativa y probablemente resignada.
- Carlos tu estas conciente que me enamoré de una mujer?
- Eso puede ser pasajero, yo estaré contigo y te ayudare a olvidarla.
Mónica lo pensó aun mas, las palabras de Carlos hacia que viera otra percepción de esa situación y la idea no le sonaba tan mala. A final de cuentas él estaba conciente de todo y al igual que ella fue una victima más de las ironías del destino.
- Si- respondió Mónica- Tú tienes que hacer que ella desaparezca de mi corazón.
- Cuenta conmigo, después de todo somos amigos y siempre estuve a tu lado, como hasta ahora que quiero yo también estar contigo.
Después de la platica que tuvieron, Carlos confirmó fecha para la boda, ya no seria tan costosa como estaba planeado y solamente asistirían muy poca familia y los amigos mas apegados. Después de eso, se irían al extranjero para alejarse de todo.

jueves, 23 de julio de 2009
No Quiero Verte.

Cirse se mantuvo pensando unos minutos, imaginando a Mónica diciéndole a Carlos lo que había entre ambas, por supuesto eso era algo increíble pero tampoco quería que le dijera algo él que la pudiese lastimar.
- Por que no pude decirle nuevamente lo que sucede entre Carlos y Carolina, tal ves así sea mas fácil, por supuesto entre lo peor, ella de todas formas tendrá que saberlo. Aun estoy a tiempo.
Corrió a su habitación y tomó entre su mano el móvil, marcó el numero de Mónica, no había otra forma mas que esa, no le dio tiempo de decírselo en persona pero tenia que ser esa noche donde Mónica se enterara de la verdad.
Comenzó a llamar pero no contestaba el móvil, insistió unas 3 veces más sin éxito. Regresó de la misma manera el móvil sobre el buró donde lo encontró y se sentó en su cama.
Mónica aun enmudecida, creyendo estar en una dimensión diferente a la que estaba viviendo hasta antes de ese suceso.
Permanecía de pie extrañada, observando con detenimiento la imagen que quedó como fotografía en su memoria.
Carlos palideció, caminó con asombro hacia ella. De sus labios no podían salir las palabras.
Caminó y la tomo de la mano.
- Mónica, todo esto tiene una explicación.
De inmediato se entre abren los labios de ella y lo mira con singular rareza.
- Seguramente todo tiene una explicación, solo que en este momento realmente no tiene sentido saberla.- Contestó.
Carolina se levantó de la cama, en ningún momento de su vida pensó que esa escena pudiese suceder, se mantuvo de pie a un costado de la cama, mirando fijamente a Mónica.
De repente un aire de rabia arrebató a Mónica despertándola así de su letargo, dando un jalon, tirò del brazo soltándose así de Carlos, caminó y enfrentó a su madre cara a cara, como nunca antes había hecho.
- Es este tu ejemplo de buenos modales y decencia verdad?- Le dijo con los ojos incendiados de furia y haciendo puño ambas manos. – Desde cuando mantienes este circo en pie?. Pensar que desde pequeña me enseñaste a conducirme según, como debía de ser, yo sin imaginarme lo que tu eres en verdad. Me das asco¡¡.
Las palabras de Mónica comenzaron a herir los sentimientos y el ego de Carolina.
- No tienes derecho a juzgarme, como dijo Carlos todo tiene una explicación.- Dijo enfrentándola.
- No tienes vergüenza mamà……perdón, señora, no te mereces el nombre, si tal ves nunca lo fuiste realmente. Siempre diciéndome cada segundo, cada indicación para que tu y tu imagen quede bien ante la familia, que hipócrita eres.
- Tu no entiendes Mónica, Carlos y yo nos enamoramos desde hacia tiempo…
- Entonces para que casarse conmigo y fingir que me amaba, claro en este momento no me interesa.- Se dirigió a Carlos.
Él de inmediato se acercó.
- Mónica yo si me enamore de ti, quería alejarme de todo. En esta ocasión quisimos encontrarnos para darle fin a todo eso, desde que he estado contigo yo no he vuelto a estar con Carolina.
- Honestamente Carlos, no me interesa. No tiene importancia lo que tu hagas, por que sabes a que vine a tu departamento?
Le pregunta Mónica con una enorme rabia reflejada en su rostro.
- No.- Le respondió secamente.
Transformando su ira en armadura invencible, continuó hablando y así ella dijo su verdad.
- Vine a decirte que no me voy a casar contigo, no te amo Carlos, lo que sentía por ti fue cualquier cosa menos amor. Yo ni siquiera sabia lo que era eso, pensé un momento en haberlo conocido, pero no. Ahora ya puedo decir lo que es el amor y lo conocí por Cirse. Yo estoy enamorada de ella.
Un balde de agua helada le cayó a Carlos desde la cabeza a los pies, temía que sus sospechas hayan sido ciertas, pero su boca se mantuvo herméticamente cerrada, ya que no estaba en posición de reclamo.
- Y si “mamà”, también quería que tú lo supieras, claro no imaginaba que me ahorraría la distancia para que ambos estén informados. Yo la amo y ella ami, quiero ser feliz a su lado, pero para que te digo, que de amor tu no sabes nada.
Mientras confesaba sus sentimientos hacia Cirse, se dirigía mayormente a su madre.
Carolina no encontraba salida de tan bochornosa situación, y la única manera de poder hacer algo, era complicando mas la situación.
- Y Cirse si sabe mucho de amor?- Preguntó de una manera irónica, acercándose lentamente hacia Mónica, mirándola a los ojos y retándola.
- Ella sabe muchísimo mas de amor que tu, “mamà”.
Carolina caminó unos pasos dándoles la espalda a Mónica y a Carlos.
- Ella no tiene ni idea de que es el amor, hija.
- No me llames nunca más “hija”, no tienes derecho.- Arremetió enfurecida.
- Bien, Mónica déjame decirte que Cirse supo en todo momento lo que había o mas bien…. Hubo entre Carlos y yo. Es la persona mas falsa de este mundo.
Mónica caminó hacia ella, le dio la vuelta buscándole el rostro.
- No metas a Cirse en tus bajezas¡¡. La única falsa has sido tú.
- Yo no la meto, ella supo todo desde que comenzaron a frecuentarse o acaso nunca te lo menciono?.
- No, ella nunca me mencionó algo así.
- Pues una persona que te ama te lo dice no?, al menos de eso me estas culpando.
Mónica se mantuvo confundida unos instantes y eso la enfureció más.
- Por supuesto que ella no sabía nada, me lo hubiese dicho, me ama y jamás me haría daño. Tienes algún argumento para que yo crea esa mentira?
- Por que mejor no le preguntas por el cheque que le di.
De inmediato comenzaron a aclarársele todo a Mónica, recordó que hacia unos minutos en su automóvil cayó en sus piernas el cheque, aun así continuaba pareciéndole extraño.
- Le diste algún cheque?
- Así es, y fue suficiente para que no te dijera nada. Si vieras que le pareció muy bien la cantidad….. tampoco te dijo verdad o tampoco me crees?, llámale y pregúntale, no te puede mentir, ella aceptó el cheque.
- Es increíble tanta bajeza, estoy hastiada de ustedes.
Carolina había logrado su cometido, le sembró la duda. Mónica estaba muy confusa y tenía un sentimiento de desolación enorme.
Si era verdad lo del cheque, pues ella lo tenía en su poder y Cirse nunca le dijo nada.
Carlos trató de detener la salida de Mónica, pero le fue imposible. Corrió tras ella y le detuvo la entrada a su automóvil.
- No me toques Carlos, no soporto más tu hipocresía
- Mónica en verdad, ya no hay nada entre ella y yo, si nos viste de esa manera fue… por el vino y me deje llevar. Quiero terminar con todo esto. Cásate conmigo, nos iremos lejos.
- Carlos, déjame en paz, no te amo.
Mónica incrédula de sus propias palabras continuaba respondiéndole a Carlos.
- Pero yo a ti te amo, intentémoslo, nos vamos muy lejos de aquí y comenzamos otra vida.
- Yo amo a Cirse, y quiero ……
Interrumpiéndola.
- Que? Una vida con ella?, no ves que aceptó los chantajes de Carolina?.
Mónica se quedó pensativa, se soltó de la mano de Carlos, abrió la puerta de su automóvil y le dio marcha.
Carlos Regreso al departamento, entro a su habitación y tubo una enorme discusión con carolina.
Por su parte Mónica, comenzó a llorar mientras conducía, miró a un lado y vio el cheque del que le había hablado su madre. Al verlo le dio aun más rabia y golpeó fuertemente el volante. Estacionó intempestivamente a un lado de la cera que a esas horas ya se encontraba desierta.
Comenzó a buscar por el piso del automóvil, estaba decidida a llamarle a Cirse. Se encontraba muy iracunda, solo quería decirle lo que le había dicho Carolina.
Miró la pantalla del móvil y tenia varias llamadas perdidas de ella. Le dio remarcacion.
Del otro lado del auricular Cirse se encontraba preocupada al ver que Mónica le estaba devolviendo la llamada, pensó que tal ves quisiera contarle como le dijo a Carlos que ya no se casaría con él.
- Hola Mónica como te fue, estas bien?.
Antes de poder decirle alguna palabra Mónica tenia que detener las lagrimas que le salían de los ojos.
- Que pasa Mónica estas bien, necesitas que vaya a verte?.- le preguntaba Cirse preocupada.
- No, no quiero verte.
Cirse frunció el ceño extrañada de la respuesta de Mónica.
- Necesitas estar a solas?.
- Necesito estar sin ti también. Por que no me dijiste que ellos estaban juntos desde hacia tiempo, que me vieron la cara de estupida. Pero yo se por que no me dijiste, mi madre compró tu silencio con el cheque que por error cayó en mis manos.
Cirse comenzó a preocuparse y a darse cuenta hasta donde era capaz de llegar carolina con su maldad.
- No Mónica, la situación no fue así.
- Solo dime si tu lo sabias?
- Si, me entere y quise decirte pero….
- Pero, mi madre te entregó el cheque y ya no me dijiste nada. Eso vale tu silencio y el amor que me fingías verdad?
- No Mónica, yo te amo eso es real y lo del cheque…..
- Nada ha sido real, lo que sucedió antes de esta noche fue solo una actuación de tres perfectos actores ganadores del oscar. Jamás imagine que tu me hicieras eso.
- Mónica..
De pronto se corto la llamada, Cirse intentó volverse a comunicar, pero Mónica había apagado el teléfono.
Al llegar a su departamento, se tiro en su cama de un golpe, miro su habitación y todo le recordaba a Cirse, tomo su teléfono y le llamo a Ingrid.
- Ingrid, me acabo de enterar de la más aberrante historia entre mi madre y Carlos.
Ingrid se mantuvo unos instantes callada.
- Mónica tranquilízate, cuéntame que sucedió.
Le contó detalle a detalle lo que había sucedido hacia unos minutos, los mas dolorosos de su vida.
- Mónica, yo lo sospechaba.
- Tu también lo sabias? Por que no me dijiste nada?.
- No estaba del todo segura, no podía decir algo que no había visto. Pero tranquilízate, que ha sucedido con Cirse?.
Mónica de la misma manera le contó lo sucedido con ella y estaba en total decepción de la vida, en esos momentos se le había destrozado su mundo.
Ingrid al escuchar su voz, se preocupo y decidió ir a verla.
Al llegar Ingrid al departamento Estuvieron platicando por una hora cuando se escucha el timbre del interfon.
Ingrid se levanto y se dirigió a contestar.
- Si?...
- Mónica?, soy Cirse abre por favor.
Ingrid voltea a ver a Mónica quien se negó girando la cabeza de un lado a otro.
- Dile que se vaya, no quiero verla nunca.
- Cirse, Mónica no quiere verte. Respétalo por favor.
- Ingrid?, dile por favor que es necesario hablar.
Ingrid se separo unos pasos del interfon y se acerco a Mónica.
- Mónica habla con ella, tal vez tenga cosas que decirte.
- No quiero saber lo que me tenga que decir.
- Entonces yo bajaré y hablare con ella, si no te importa.
- Como tu quieras Ingrid, yo no quiero verla.
Ingrid bajo las escaleras y abrió la puerta de salida, encontró a Cirse muy angustiada y con muchas lagrimas en los ojos.
- Cirse, Mónica no quiere verte, esta muy mal. No ha sido fácil lo que le sucedió hoy.
- Es que ni siquiera se lo que sucedió Ingrid.
Ella le contó a Cirse lo que había sucedido, mientras le contaba la cara de Cirse se enfurecía mas y mas.
- Es inconcebible saber hasta donde puede llegar Carolina. Yo nunca le acepté el cheque, se lo arrojé y le dije que se fuera de mi departamento, me fue a ver para asegurarse que yo no le dijera nada a Mónica. Después yo quise citarla para contarle lo que estaba sucediendo pero no pude decirle nada, Mónica me confesó que estaba igualmente enamorada de mí y se fue a ver a Carlos para decirle que ya no se iba a casar con él. Ingrid, por favor esto esta mal, le dijeron mentiras, tú sabes como es Carolina, cree que con dinero va a comprar conciencias.
- Cirse, yo te creo pero aquí lo importante es que Mónica te crea, esta muy confundida, dale tiempo. Tal ves así, las cosas tengan solución.
Cirse asintió con la cabeza y se despidió de Ingrid con un fuerte abrazo, subió a su automóvil y condujo por el resto de la noche sin rumbo.
La situación se había vuelto mas complicada de lo que pensaba, algo conspiraba en su contra y no sabia que hacer ya que Mónica tampoco quería estar con ella, ya que creía las mentiras que le habían dicho.
Seguiría el consejo de Ingrid, esperaría un tiempo para poder hablar con Mónica.
lunes, 13 de julio de 2009
Ironica Verdad

Caminando ansiosamente en su habitación, arreglándose como de costumbre para la visita de Mónica. Tal vez en esta ocasión pueda atreverse a hablar, a pronunciar esas palabras tan ciertas que podría cambiar el rumbo de la vida de ambas.
Tenía dos opciones como desde un principio, decir la verdad o tal vez disfrazarla con otra verdad.
En esta ocasión, pretendía no hacer pasar a Mónica a su habitación, ya que en ese sitio le parecía casi imposible sostener una plática tan delicada como la que iba a tratar ahora.
Mónica se estacionó en la entrada del departamento, tomó entre sus manos una rosa hermosa color rojo, la llevó a su rostro, cerró los ojos y la olió, sonrió en un segundo como teniendo en mente el rostro de Cirse al recibirla.
Le parecía inusual y un tanto increíble, hacer ese tipo de obsequios ya que usualmente a ella se los hacían.
Se dispuso a bajarse del automóvil, cuando siente su bolso vibrar, era su móvil, en el trayecto lo había dejado sin sonido, ya que odiaba las interrupciones a tan agradables visitas.
Encontró el móvil entre cosméticos y pequeñas cajas de plástico donde guardaba diferentes accesorios.
- Si?- Responde sin mirar por curiosidad.
- Mi amor, tengo una reunión en mi departamento, vendrán unos amigos, como me comentaste que salías pues me tomé la libertad de invitarlos, o vendrás mas tarde?
Era Carlos, el tan oportuno novio quien cuidadosamente le llama para saber sus pasos, desconociendo Mónica el trasfondo de la llamada.
- Si, esta bien descuida, iré a mi departamento. – Responde.
- Bien, te veo mañana. Te amo- Le dijo él cariñosamente.
- Si… adiós.
Sentía mucha incomodidad al escuchar que él le dijera “te amo”, ya no sabia que responder.
Sus dudas ya estaban aun mas claras, eso la motivaba a la entrevista esperada.
Por fin logró bajarse del automóvil con la rosa en la mano, caminó hacia la entrada quien de inmediato fue recibida por ella, Cirse, quien lucia maravillosamente, tenia la falda de tablones que tanto le gustaba, sus labios como siempre destacaban de su rostro dejando entre ver una hermosa sonrisa.
- Buenas noches- Le dijo Mónica mirándola con ternura y satisfaciendo así la necesidad de mirarla.
- Hola¡¡ Mónica, pasa por favor.
Al entrar Mónica percibía el aroma de su incienso favorito.
- Que delicioso huele, seguro es el incienso de canela,
- Si, como se que te gusta, me tomé el atrevimiento para que estés a gusto.
Cerrando la puerta y caminando tras ella, la abrazó de la cintura y le dio un pequeño beso un poco debajo de la oreja, el lugar donde Cirse muchas veces hacia que Mónica pierda la compostura.
Se dio la vuelta y quedó de frente a ella, la abrazó de los hombros y le dio un profundo beso, en el cual le decía lo mucho que la extrañó.
Ambas se sentaron juntas en la blanca sala del departamento.
- Una copa? – Dijo Cirse para romper el silencio.
A lo cual Mónica respondió con una negativa.
Simplemente quería decirle lo que sentía por ella de una vez por todas. Sin embargo estaba muy nerviosa, mantenía en una mano la rosa que había comprado para ella.
- Te traje esto, se que te gustan mucho las rosas rojas.
Cirse sintió mucha ternura al recibir aquel obsequio, sabiendo de antemano que ella jamás le había dado un regalo así a alguien.
- Gracias Mónica, esta hermosa.
Se la acerco al rostro y la olió, cerró los ojos y sonrió con mucha felicidad. Después la dejó sobre su mesa de cristal. La miró nuevamente a los ojos y le dio un largo beso en los labios.
Ambas se tomaron de las manos y hablaron al mismo tiempo, como queriendo sacar algo de la boca que a ambas les estorbaba.
- Cirse yo vine a verte por que necesitaba decirte algo, que desde que estuvimos juntas tal ves debí de haberte dicho.
Continuó tomándola de ambas manos y la miró a los ojos, sus labios le temblaban del nerviosismo, sus manos estaban frías e inquietas.
-Cirse, TE AMO¡¡.
Se quedó mirándola fijamente, como una pequeña niña confesándole a su madre algún secreto que guardaba desde hacia un tiempo, y por fin lo revelaba a ella, su persona especial.
Cirse sintió que una felicidad inundaba su cuerpo y su alma. El corazón le latía como una locomotora a alta velocidad.
Le tomó con más firmeza las manos y unas pequeñas lágrimas acompañadas con una sonrisa inundaron su rostro.
- Cuanto había esperado este momento, no tienes una idea de lo feliz que me hace escuchar esto.
- Yo se que sufriste la perdida de Paulina, siento mucho eso, pero yo jamás me alejare de ti. Ya no puedo estar sin ti, eres lo que me motiva a despertar cada mañana. Tus besos me mueven el alma, tu sonrisa me abre una vida y tus ojos verdes me dan la energía que necesito para amarte cada día más.
Cirse la abrazó y nuevamente sintió el perfume de su cabello.
Mónica abrazada a ella comienza a hablarle con voz suave al oído.
- No sabia que hacer hasta hoy. Cirse he tomado una decisión. Tal vez no sepa como es estar en una relación con una mujer, tampoco como vivir sin seguir reglas de una sociedad, una familia como las demás. Quiero que me enseñes a estar contigo, paso a paso tomada de tu mano.
Mónica se separa del tan aferrante abrazo.
- Quiero estar contigo toda mi vida, no me casaré con él. No podré vivir engañada y atada a él solo para que mi familia y sociedad tengan la imagen perfecta.
Cirse aun se mantenía en silencio prestando atención a su sueño hecho realidad, fascinada con la mirada y la manera de cómo la vida y el destino había movido engranes para poder poner las cosas a su favor.
- Gracias por tus palabras Mónica, yo también Te Amo, te amé tal ves desde que te vi aquel día en tu oficina, probablemente ni yo misma lo sabia. Quiero hacerte feliz el resto de mi vida.
Ambas se abrazaron nuevamente y entre sollozos de felicidad se dieron largos besos.
- Como le dirás eso a él?- Dijo Cirse levantándose del sillón en dirección a su habitación, yendo por unas pequeñas toallitas de papel para las lagrimas.- Si tu quieres podemos hacerlo juntas.
Mónica pensativa trataba de buscarle una respuesta a esa pregunta tan complicada de responder.
Se acercó y sentándose le dio una pieza de papel para las lágrimas a Mónica.
- Iré a su departamento y hablare con él, tal ves sea doloroso pero tengo que hacerlo ahora. Verdaderamente siento mucha tristeza, es un buen hombre ante y todo es mi amigo y siempre nos hemos dicho la verdad.
La ultima palabra retumbo como eco en los oídos de Cirse y recordó lo que por unos momentos había olvidado por la grata noticia que vino a traerle Mónica. La verdad, esa verdad tan complicada de decir.
- Mónica… yo te dije que necesitaba que vengas por que realmente necesitaba hablar contigo…..
Sin dejarla terminar, Mónica interrumpió la frase tan declaratoria que iba a ser pronunciada.
- Cirse¡¡¡, no hay nada mas que decir yo te amo y tu a mi, en este momento me dirigiré a su departamento y le diré que ya no habrá boda, por que no lo amo.
Mónica emotivamente se levantó de aquel sillón blanco y al mismo tiempo buscó a su lado la pequeña pieza de papel que le había dado Cirse para sus lagrimas, que había dejado a un lado de ella, lo tomó sin mirar y se lo llevó al bolso sin secarse las lagrimas.
Cirse se sintió completamente interrumpida de nuevo. Mónica selló sus labios con un beso de despedida y salió de inmediato.
Subió desesperadamente a su automóvil, dio marcha inmediatamente.
Cirse al cerrar la puerta regresó a su sillón, se sentó y miró a un lado. Sobre la mesa yacía la rosa, la tomó y nuevamente la olió, al acariciar los pétalos sentía la sensación al tacto tan suave como la piel de Mónica.
Sonrió y continuó pensando.
Mónica apresuradamente a mitad de camino, busca a ciegas el móvil de su bolso y mirando de reojo marca el número de Carlos.
- Que extraño tiene apagado su celular, probablemente este descargado.-
Lo dejó a un lado y con el movimiento del automóvil cayó en el tapete del piso, le fue imposible encontrarlo en movimiento.
Continuó el trayecto y sintió levemente que su rimel se había corrido por las lágrimas de aquella escena tan feliz. Busca nuevamente en su bolso la pieza de papel, la encuentra y al sacarla cae en sus piernas otro pequeño pedazo de papel doblado dos.
Extrañada lo hizo a un lado para después ver de qué se trataba, continuó conduciendo y al mismo tiempo limpiándose uno a uno por debajo de sus ojos.
Llegó por fin a su destino, estacionó de inmediato su automóvil. Miró y recordó abrir el pedazo de papel que vino con lo que saco del bolso.
Lo abrió lentamente y por la obscuridad buscaba el mejor reflejo de los alumbrados de la calle.
- Esto es un cheque- Continuó leyendo y le pareció aun mas extraño. – Este cheque esta expedido por mi mama¡¡ y es una cantidad muy elevada, solo que no tiene el nombre del beneficiario, que extraño. En cuanto termine de hablar con Carlos, le llamaré a Cirse.
Se bajó del automóvil aun emotiva pero ahora un poco confusa por el cheque.
Caminó a la entrada tomando las llaves para abrir la puerta, observó desde fuera que la luz de la habitación estaba prendida, recordó que iba a estar él con sus amigos, lo pensó por un momento, sin embargo también pensó que ya se pudiesen haber ido.
Continuó metiendo la llave en la cerradura metálica quien tan fácilmente le dio entrada.
Al entrar observó que no había indicios de ninguna reunión, todo estaba en silencio, pensó por un momento que Carlos ya dormía, caminó un poco más y se dirigió a la cocina por un vaso con agua.
Cuidando de no hacer mucho ruido, sirvió su agua y miró a un lado, había dos copas vacías, se acercó y tomó una de ellas que con particular curiosidad le llamó la atención.
Tenía al borde una marca de labial formando unos labios femeninos.
Cerca de las copas se encontraba una botella de vino vacía. En su otra mano sostenía su vaso con agua, dio unos tragos y con una extraña curiosidad y extraño presentimiento, se dirigió a la habitación.
Sin hacer ruido abrió sigilosamente la puerta y poco a poco comienza a salir claridad, se comienza a despejar su visión y al abrir más la puerta mira que al pie de la cama esta Carlos recostado al lado de una mujer, cuyos brazos rodeaban su cuello.
Continúo su entrada a la habitación para saciar su curiosidad y darle la bienvenida a la ironía de la vida.
Al acercarse más, ella pudo alcanzar a ver que los cabellos con luces rubias eran muy conocidos.
Fue imposible dejar de hacerse notar con su presencia, que de un brinco Carlos separa de sus labios a aquella mujer recostada. Y mira despavorido a Mónica.
Ella atónita visualiza que la mujer cuyos brazos rodeaban el cuello de Carlos, era Carolina su madre.
Tenía dos opciones como desde un principio, decir la verdad o tal vez disfrazarla con otra verdad.
En esta ocasión, pretendía no hacer pasar a Mónica a su habitación, ya que en ese sitio le parecía casi imposible sostener una plática tan delicada como la que iba a tratar ahora.
Mónica se estacionó en la entrada del departamento, tomó entre sus manos una rosa hermosa color rojo, la llevó a su rostro, cerró los ojos y la olió, sonrió en un segundo como teniendo en mente el rostro de Cirse al recibirla.
Le parecía inusual y un tanto increíble, hacer ese tipo de obsequios ya que usualmente a ella se los hacían.
Se dispuso a bajarse del automóvil, cuando siente su bolso vibrar, era su móvil, en el trayecto lo había dejado sin sonido, ya que odiaba las interrupciones a tan agradables visitas.
Encontró el móvil entre cosméticos y pequeñas cajas de plástico donde guardaba diferentes accesorios.
- Si?- Responde sin mirar por curiosidad.
- Mi amor, tengo una reunión en mi departamento, vendrán unos amigos, como me comentaste que salías pues me tomé la libertad de invitarlos, o vendrás mas tarde?
Era Carlos, el tan oportuno novio quien cuidadosamente le llama para saber sus pasos, desconociendo Mónica el trasfondo de la llamada.
- Si, esta bien descuida, iré a mi departamento. – Responde.
- Bien, te veo mañana. Te amo- Le dijo él cariñosamente.
- Si… adiós.
Sentía mucha incomodidad al escuchar que él le dijera “te amo”, ya no sabia que responder.
Sus dudas ya estaban aun mas claras, eso la motivaba a la entrevista esperada.
Por fin logró bajarse del automóvil con la rosa en la mano, caminó hacia la entrada quien de inmediato fue recibida por ella, Cirse, quien lucia maravillosamente, tenia la falda de tablones que tanto le gustaba, sus labios como siempre destacaban de su rostro dejando entre ver una hermosa sonrisa.
- Buenas noches- Le dijo Mónica mirándola con ternura y satisfaciendo así la necesidad de mirarla.
- Hola¡¡ Mónica, pasa por favor.
Al entrar Mónica percibía el aroma de su incienso favorito.
- Que delicioso huele, seguro es el incienso de canela,
- Si, como se que te gusta, me tomé el atrevimiento para que estés a gusto.
Cerrando la puerta y caminando tras ella, la abrazó de la cintura y le dio un pequeño beso un poco debajo de la oreja, el lugar donde Cirse muchas veces hacia que Mónica pierda la compostura.
Se dio la vuelta y quedó de frente a ella, la abrazó de los hombros y le dio un profundo beso, en el cual le decía lo mucho que la extrañó.
Ambas se sentaron juntas en la blanca sala del departamento.
- Una copa? – Dijo Cirse para romper el silencio.
A lo cual Mónica respondió con una negativa.
Simplemente quería decirle lo que sentía por ella de una vez por todas. Sin embargo estaba muy nerviosa, mantenía en una mano la rosa que había comprado para ella.
- Te traje esto, se que te gustan mucho las rosas rojas.
Cirse sintió mucha ternura al recibir aquel obsequio, sabiendo de antemano que ella jamás le había dado un regalo así a alguien.
- Gracias Mónica, esta hermosa.
Se la acerco al rostro y la olió, cerró los ojos y sonrió con mucha felicidad. Después la dejó sobre su mesa de cristal. La miró nuevamente a los ojos y le dio un largo beso en los labios.
Ambas se tomaron de las manos y hablaron al mismo tiempo, como queriendo sacar algo de la boca que a ambas les estorbaba.
- Cirse yo vine a verte por que necesitaba decirte algo, que desde que estuvimos juntas tal ves debí de haberte dicho.
Continuó tomándola de ambas manos y la miró a los ojos, sus labios le temblaban del nerviosismo, sus manos estaban frías e inquietas.
-Cirse, TE AMO¡¡.
Se quedó mirándola fijamente, como una pequeña niña confesándole a su madre algún secreto que guardaba desde hacia un tiempo, y por fin lo revelaba a ella, su persona especial.
Cirse sintió que una felicidad inundaba su cuerpo y su alma. El corazón le latía como una locomotora a alta velocidad.
Le tomó con más firmeza las manos y unas pequeñas lágrimas acompañadas con una sonrisa inundaron su rostro.
- Cuanto había esperado este momento, no tienes una idea de lo feliz que me hace escuchar esto.
- Yo se que sufriste la perdida de Paulina, siento mucho eso, pero yo jamás me alejare de ti. Ya no puedo estar sin ti, eres lo que me motiva a despertar cada mañana. Tus besos me mueven el alma, tu sonrisa me abre una vida y tus ojos verdes me dan la energía que necesito para amarte cada día más.
Cirse la abrazó y nuevamente sintió el perfume de su cabello.
Mónica abrazada a ella comienza a hablarle con voz suave al oído.
- No sabia que hacer hasta hoy. Cirse he tomado una decisión. Tal vez no sepa como es estar en una relación con una mujer, tampoco como vivir sin seguir reglas de una sociedad, una familia como las demás. Quiero que me enseñes a estar contigo, paso a paso tomada de tu mano.
Mónica se separa del tan aferrante abrazo.
- Quiero estar contigo toda mi vida, no me casaré con él. No podré vivir engañada y atada a él solo para que mi familia y sociedad tengan la imagen perfecta.
Cirse aun se mantenía en silencio prestando atención a su sueño hecho realidad, fascinada con la mirada y la manera de cómo la vida y el destino había movido engranes para poder poner las cosas a su favor.
- Gracias por tus palabras Mónica, yo también Te Amo, te amé tal ves desde que te vi aquel día en tu oficina, probablemente ni yo misma lo sabia. Quiero hacerte feliz el resto de mi vida.
Ambas se abrazaron nuevamente y entre sollozos de felicidad se dieron largos besos.
- Como le dirás eso a él?- Dijo Cirse levantándose del sillón en dirección a su habitación, yendo por unas pequeñas toallitas de papel para las lagrimas.- Si tu quieres podemos hacerlo juntas.
Mónica pensativa trataba de buscarle una respuesta a esa pregunta tan complicada de responder.
Se acercó y sentándose le dio una pieza de papel para las lágrimas a Mónica.
- Iré a su departamento y hablare con él, tal ves sea doloroso pero tengo que hacerlo ahora. Verdaderamente siento mucha tristeza, es un buen hombre ante y todo es mi amigo y siempre nos hemos dicho la verdad.
La ultima palabra retumbo como eco en los oídos de Cirse y recordó lo que por unos momentos había olvidado por la grata noticia que vino a traerle Mónica. La verdad, esa verdad tan complicada de decir.
- Mónica… yo te dije que necesitaba que vengas por que realmente necesitaba hablar contigo…..
Sin dejarla terminar, Mónica interrumpió la frase tan declaratoria que iba a ser pronunciada.
- Cirse¡¡¡, no hay nada mas que decir yo te amo y tu a mi, en este momento me dirigiré a su departamento y le diré que ya no habrá boda, por que no lo amo.
Mónica emotivamente se levantó de aquel sillón blanco y al mismo tiempo buscó a su lado la pequeña pieza de papel que le había dado Cirse para sus lagrimas, que había dejado a un lado de ella, lo tomó sin mirar y se lo llevó al bolso sin secarse las lagrimas.
Cirse se sintió completamente interrumpida de nuevo. Mónica selló sus labios con un beso de despedida y salió de inmediato.
Subió desesperadamente a su automóvil, dio marcha inmediatamente.
Cirse al cerrar la puerta regresó a su sillón, se sentó y miró a un lado. Sobre la mesa yacía la rosa, la tomó y nuevamente la olió, al acariciar los pétalos sentía la sensación al tacto tan suave como la piel de Mónica.
Sonrió y continuó pensando.
Mónica apresuradamente a mitad de camino, busca a ciegas el móvil de su bolso y mirando de reojo marca el número de Carlos.
- Que extraño tiene apagado su celular, probablemente este descargado.-
Lo dejó a un lado y con el movimiento del automóvil cayó en el tapete del piso, le fue imposible encontrarlo en movimiento.
Continuó el trayecto y sintió levemente que su rimel se había corrido por las lágrimas de aquella escena tan feliz. Busca nuevamente en su bolso la pieza de papel, la encuentra y al sacarla cae en sus piernas otro pequeño pedazo de papel doblado dos.
Extrañada lo hizo a un lado para después ver de qué se trataba, continuó conduciendo y al mismo tiempo limpiándose uno a uno por debajo de sus ojos.
Llegó por fin a su destino, estacionó de inmediato su automóvil. Miró y recordó abrir el pedazo de papel que vino con lo que saco del bolso.
Lo abrió lentamente y por la obscuridad buscaba el mejor reflejo de los alumbrados de la calle.
- Esto es un cheque- Continuó leyendo y le pareció aun mas extraño. – Este cheque esta expedido por mi mama¡¡ y es una cantidad muy elevada, solo que no tiene el nombre del beneficiario, que extraño. En cuanto termine de hablar con Carlos, le llamaré a Cirse.
Se bajó del automóvil aun emotiva pero ahora un poco confusa por el cheque.
Caminó a la entrada tomando las llaves para abrir la puerta, observó desde fuera que la luz de la habitación estaba prendida, recordó que iba a estar él con sus amigos, lo pensó por un momento, sin embargo también pensó que ya se pudiesen haber ido.
Continuó metiendo la llave en la cerradura metálica quien tan fácilmente le dio entrada.
Al entrar observó que no había indicios de ninguna reunión, todo estaba en silencio, pensó por un momento que Carlos ya dormía, caminó un poco más y se dirigió a la cocina por un vaso con agua.
Cuidando de no hacer mucho ruido, sirvió su agua y miró a un lado, había dos copas vacías, se acercó y tomó una de ellas que con particular curiosidad le llamó la atención.
Tenía al borde una marca de labial formando unos labios femeninos.
Cerca de las copas se encontraba una botella de vino vacía. En su otra mano sostenía su vaso con agua, dio unos tragos y con una extraña curiosidad y extraño presentimiento, se dirigió a la habitación.
Sin hacer ruido abrió sigilosamente la puerta y poco a poco comienza a salir claridad, se comienza a despejar su visión y al abrir más la puerta mira que al pie de la cama esta Carlos recostado al lado de una mujer, cuyos brazos rodeaban su cuello.
Continúo su entrada a la habitación para saciar su curiosidad y darle la bienvenida a la ironía de la vida.
Al acercarse más, ella pudo alcanzar a ver que los cabellos con luces rubias eran muy conocidos.
Fue imposible dejar de hacerse notar con su presencia, que de un brinco Carlos separa de sus labios a aquella mujer recostada. Y mira despavorido a Mónica.
Ella atónita visualiza que la mujer cuyos brazos rodeaban el cuello de Carlos, era Carolina su madre.
lunes, 6 de julio de 2009
Visita Desagradable

Camina lentamente hacia la puerta al escuchar el timbre, mira su reloj octagonal colgado en una de las blancas paredes de su habitación, son las 9 de la noche.
Girando el picaporte, abre aquella puerta, dejando entrar la sorpresiva situación que estaba por vivir.
En la entrada una mujer jovial, sonriente y con mucho entusiasmo, solicitándole la entrada, Cirse observó que no tenía más que su bolso entre las manos.
Cortésmente la recibió con una sonrisa y la invitó a pasar.
Usualmente su blanca sala no había tenido muchas visitas, por lo tanto los muebles se encontraban con un poco de dureza en el acojinado.
Con desconfianza, Carolina tomó asiento y con movimientos de acomodo, hizo notar la incomodidad al sentarse.
Se sentó frente a ella, solo las separaba la pequeña mesa de cristal y una enorme desconfianza.
Girando el picaporte, abre aquella puerta, dejando entrar la sorpresiva situación que estaba por vivir.
En la entrada una mujer jovial, sonriente y con mucho entusiasmo, solicitándole la entrada, Cirse observó que no tenía más que su bolso entre las manos.
Cortésmente la recibió con una sonrisa y la invitó a pasar.
Usualmente su blanca sala no había tenido muchas visitas, por lo tanto los muebles se encontraban con un poco de dureza en el acojinado.
Con desconfianza, Carolina tomó asiento y con movimientos de acomodo, hizo notar la incomodidad al sentarse.
Se sentó frente a ella, solo las separaba la pequeña mesa de cristal y una enorme desconfianza.
- En que le puedo ayudar?- Preguntó Cirse poniendo su brazo, igualando a la escultura de Rodin, pretendiendo pensar en su entrada a ese infierno.
- Como podrás ver, realmente he venido a verte para platicar de la boda efectivamente, pero no para que me ayudes con algún tipo de decoración.
Cirse se imagino tal ves a que vendría, solo se limito a sonreírle cortésmente como lo había hecho desde que la recibió.
- La escucho señora…
- Tu sabes que en dos semanas, mi hija y Carlos ya deberán estar casados, realmente a mi me parece un gran matrimonio y la felicidad de ella es lo mas importante para mi, también me he dado cuenta que tu estas teniendo una “amistad “ muy cercana a ella, o me equivoco?- Hace la pregunta en un tono de ironía y pedantería, como queriendo descubrir algo y desenmascararla.
- Estoy enterada que se acerca la boda de Mónica y efectivamente tengo una buena amistad con ella.
- Voy a ser honesta Cirse, siento que tu sientes otro tipo de “pasiones” por ella, cosa que a mi no me agrada y por lo mismo me gustaría que no la perjudiques y guardaras tu distancia.
Sorprendida por la manera tan despectante de decir las cosas, hace que se llene de coraje para hablar. Mantiene su misma posición de pensador, dio un trago de saliva para poder hablar tan claramente como solo ella hacia.
- Deje la honestidad para los honestos, creo que ese no seria un calificativo correcto para usted. Yo no le llamo pasión al amor, pero obviamente no tiene idea de que significado tenga esa palabra, ya que ni a su hija ama como toda madre a sus hijos.
De inmediato un aire de furia arrebató a Carolina, no esperaba una respuesta tan certera como la que acababa de escuchar.
- Claro que se ese significado, Mónica es mi hija y solo me interesa su felicidad.
- Por dios¡¡, deje sus hipocresías a un lado- Se levantó del mueble dejando así la posición pensante y camino dándole la espalda. – A usted no le interesa la felicidad de nadie, solo le interesa su propia felicidad. es raro pero una persona siempre quiere estar al lado de quien ama, en su caso es muy raro por que quiere casarlo con su hija.
Se levanta de su asiento enfurecida y la enfrenta.
- Eso es algo que a ti no te incumbe¡¡.
- El amor que siento por Mónica también es algo que a usted tampoco le incumbe, yo jamás le he dicho a ella que no se case, eso es algo que solo ella puede decidir.
Cirse de la misma manera la enfrenta y sus ojos verdes comenzaban a tener aun más un color más nítido e incendiante.
- Eres una estúpida si piensas que Mónica está enamorada de ti, ella siempre ha estado toda su vida con hombres muy guapos, además tu jamás podrías darle la estabilidad economica que ella está acostumbrada a llevar.
- Tal vez no le pueda dar esa estabilidad economica, sin embargo le puedo dar algo mucho mas importante y eso usted no lo tendrá jamás. Por que mejor no se va con Carlos en lugar de limpiar su conciencia a costa de la infelicidad de su hija, no creo que dure mucho su mentira.
Carolina descubierta, se da la vuelta y regresa al blanco sillón donde tal vez no debió levantarse.
- Esta mentira va a durar lo que yo quiera, no tiene por que saberse y eso solamente lo sabes tú- Buscó en su bolso y sacó de él una pequeña carpeta café, tomó un bolígrafo y comenzó a escribir.
Cirse la miró frunciendo el ceño e interrogándose, “que era lo que ella hacia”.
Al terminar de escribir Carolina se puso de pie nuevamente y se acercó a ella, estiró su brazo y su mano contenía un papel escrito, rectangular de color azul tenue. Un cheque.
- Aquí tienes, esto será suficiente para que ya no tengas que esforzarte mas y tener lo que quieras, si no es suficiente házmelo saber.- Guardó la carpeta café en su bolso.
Cirse al ver el brazo estirado de Carolina, tomó el papel y miró una cantidad que jamás en su vida había visto, el coraje la invadió aun mas.
- Esto vale su hija y su conciencia?- Le preguntó mientras sostenía el cheque, mirándola con los ojos de incredulidad y hastiada de tanta bajeza.
- Necesitas mas? Tu solo dime la cantidad y te la daré.
De inmediato Cirse arrugó con su puño el papel y lo arrojó al suelo junto a Carolina.
- Salga de inmediato- Se dirigió a la puerta y la abrió.
Mientras Cirse caminaba hacia la salida, Carolina recogió el cheque arrugado, lo doblo y lo dejó caer en el mueble blanco donde el color se camuflagiaba con el duro sillón testigo de aquella indignante escena.
- Me voy, pero ten en cuenta que conmigo no se juega Cirse, te puedo destruir en 2 segundos.
Dejando con su salida fugaz un destello de su perfume incomodo, que Cirse evitando cerró la puerta con coraje, dando un portazo demasiado sonoro.
Caminó lentamente a su habitación, encontrando el silencio ensordecedor y la abrumacion de la actuación de una madre cruel.
Se sentó desconcertada sobre su enorme cama, apoyando ambas manos al dejarse caer. Ahora era peor la situación que vivía, la presionaban para alejarse y sobornarla al mismo tiempo. Jamás iba a seguir siendo cómplice de tan aberrante circunstancia.
Se tiró en un solo tiempo en la cama, sus rojizos cabellos destellaban en la blanca tela, miró a su derecha y observó su habitación. En definitiva, jamás podría ofrecerle a Mónica una vida como estaba acostumbrada, pero no la consideraba tan materialista.
- Como puede haber tanta bajeza en una mujer, destrozar completamente la vida de su hija por su estúpida conciencia, es tan egoísta¡¡.
Tomó el teléfono inalámbrico y comenzó a marcar digito por digito el numero del departamento de Mónica.
Mónica se encontraba en su computadora, terminando asuntos pendientes de la oficina. Cuando se escucha el timbre.
Desconcertada mirando la pantalla del monitor, se levanta como no queriendo dejar de mirar.
- Si, diga…
- Mónica, como estas?- Preguntó Cirse disimulando en su voz el suceso de hacia unos minutos.
Al escuchar a Cirse del otro lado del teléfono, le prestó completa atención y esbozó una enorme sonrisa.
- Hola¡¡¡¡¡¡ muy bien, siempre que escucho tu voz estoy muy bien.
Respuesta que alegro mucho a Cirse, ya que en lo que acababa de vivir no había escuchado algo tan agradable como eso.
- Gracias¡¡ tu también me haces sentir muy bien. Sabes te llamé para ver si podemos vernos mañana.
- Mmm, no creo poder verte mañana tengo unas citas de trabajo pero te parece si cenamos el sábado por la noche?
- Si, me parece mejor tu idea- De esa manera le daba tiempo a Cirse de tranquilizarse y saber que palabras decirle a ella.
- Sabes…. Te extraño, he estado pensando muchas cosas, muchísimas.- Le decía a Cirse mientras se apretaba los labios con sus dientes.
- Yo también te extraño, es por eso que quiero verte y también he estado pensando muchas cosas y debemos platicarlo.
- Si, nos vemos el sábado entonces…Te…Quiero- Mónica aun no se atrevía a decirle con las palabras exactas lo que sentía realmente.
- Yo también descansa, un beso.
Se despidió y se sintió mas tranquila al hablar con Mónica, sabia que existía un sentimiento pero lo que no sabia era su decisión, eso aun era inconcluso.
Limitándose a la espera, continuó su noche mientras trataba de conciliar el sueño, resonaba muchas veces en la mente, las palabras de Carolina y el sentimiento de rabia que eso le invadía.

jueves, 2 de julio de 2009
La Indecisión

Se levantó de su cama, un nuevo día de trabajo, negocios y una boda a punto de efectuarse.
Dirigiéndose a su baño, toma una toalla y se cubre la mitad de su cuerpo con ella, continuó el trayecto. Se mira al espejo y con una mano lo abre como una pequeña puerta, saca de ahí su maquina afeitadora, tenia necesidad de por fin quitarse la barba de candado que tanto tiempo lo acompañó.
Mientras se afeitaba, se miraba al espejo, podía ver a un hombre exitoso, de tez clara, cabello muy negro, cejas tupidas y ojos azules.
Recordó por un momento su adolescencia y el éxito que tenían sus ojos entre las chikas, eso lo hacia ser el mas popular, sin contar que estuvo en un equipo de jockey y eso lo complementaba.
Continuó parchándose el mentón con pequeños pedazos de papel, las pequeñas heridas dejadas por el filo de las electrónicas navajas.
Un destello de recuerdo llegó hacia él, y se remontó cuando vio por primera vez a Carolina, una mujer mayor con aire de juventud, siempre tan originalmente arreglada, sus cortes de cabellos la distinguían de las demás señoras de sociedad, con quien estaba acostumbrado a convivir, en la compañía de su familia. Una mujer hermosa, esbelta y con principal atención a su cuerpo. Era lo que mas le había llamado la atención, después fue su trato y la manera de mirarlo.
Con su intento de protección, hizo que él se enamorara perdidamente de ella. Carlos al imaginar su imagen, sentía como el corazón aun le palpitaba apresuradamente.
Sin embargo estaba seguro de continuar con su boda, pues quería que todo eso pasara y la imagen de ella se borrara completamente, pues después de la celebración se llevaría a Mónica a vivir a otro país. Donde él comenzaba a hacer negocios.
Salio del baño y se dirigió a abrir su closet, dispuesto a tomar de ahí cualquier par de vestiduras que encontrara.
Comenzó a elegir, gancho por gancho, tomó su camisa Ralph polo, color azul y con sus respectivos pantalones preferidos.
De su mente no se apartaba, ella, Carolina… la lucha intensa de sacarla de su mente, le costaba mucho trabajo, pero como buen guerrero vestía su armadura y se enfrentaba a sí mismo.
Mónica se encontraba en su oficina tomando una taza de café.
Dirigiéndose a su baño, toma una toalla y se cubre la mitad de su cuerpo con ella, continuó el trayecto. Se mira al espejo y con una mano lo abre como una pequeña puerta, saca de ahí su maquina afeitadora, tenia necesidad de por fin quitarse la barba de candado que tanto tiempo lo acompañó.
Mientras se afeitaba, se miraba al espejo, podía ver a un hombre exitoso, de tez clara, cabello muy negro, cejas tupidas y ojos azules.
Recordó por un momento su adolescencia y el éxito que tenían sus ojos entre las chikas, eso lo hacia ser el mas popular, sin contar que estuvo en un equipo de jockey y eso lo complementaba.
Continuó parchándose el mentón con pequeños pedazos de papel, las pequeñas heridas dejadas por el filo de las electrónicas navajas.
Un destello de recuerdo llegó hacia él, y se remontó cuando vio por primera vez a Carolina, una mujer mayor con aire de juventud, siempre tan originalmente arreglada, sus cortes de cabellos la distinguían de las demás señoras de sociedad, con quien estaba acostumbrado a convivir, en la compañía de su familia. Una mujer hermosa, esbelta y con principal atención a su cuerpo. Era lo que mas le había llamado la atención, después fue su trato y la manera de mirarlo.
Con su intento de protección, hizo que él se enamorara perdidamente de ella. Carlos al imaginar su imagen, sentía como el corazón aun le palpitaba apresuradamente.
Sin embargo estaba seguro de continuar con su boda, pues quería que todo eso pasara y la imagen de ella se borrara completamente, pues después de la celebración se llevaría a Mónica a vivir a otro país. Donde él comenzaba a hacer negocios.
Salio del baño y se dirigió a abrir su closet, dispuesto a tomar de ahí cualquier par de vestiduras que encontrara.
Comenzó a elegir, gancho por gancho, tomó su camisa Ralph polo, color azul y con sus respectivos pantalones preferidos.
De su mente no se apartaba, ella, Carolina… la lucha intensa de sacarla de su mente, le costaba mucho trabajo, pero como buen guerrero vestía su armadura y se enfrentaba a sí mismo.
Mónica se encontraba en su oficina tomando una taza de café.
-Eufrasia¡¡, necesito canceles la reunión de hoy con los vendedores, ya que tengo que terminar de analizar sus propuestas.
Diligentemente se aparece en la puerta abierta de su oficina y escucha con atención las instrucciones.
- Por supuesto, también le recuerdo que en 30 minutos vendrá la Srita de la Peña.
- Cirse? Llamo?- Soltando su taza de café y sorprendida con el aviso que le daba tanta alegría escuchar. Pensó que seguramente le querría dar una sorpresa por que no le avisó de su llegada.
Haciendo tan escandalosa intervención, se aparece cruzándose en el camino de Eufrasia, Ingrid quien con mucha alegría se dirigía a Mónica.
- Moniq, no me has llamado. No tengo idea de cómo has estado pasando estas pocas semanas de vida que te queda- Comentó irónicamente, debido al acercamiento de la boda.
Se levantó de inmediato de su escritorio y eufóricamente la saludó, ignorando la presencia de su asistente, quien prudentemente se retiró.
- Hay tantas cosas que contarte, la principal…- La tomó del brazo y la sentó de manera que toda su atención sea para ella.
- He estado con Cirse.
- Como que has estado, salieron otra ves¡
- Noo¡¡, ya estuvimos juntas, tu sabes.
- Increíble Mónica, me has dejado muy sorprendida, no pensé que lo hicieras. Y que tal como se siente??¡¡¡
- Maravilloso¡¡, y te tengo que confesar que estoy enamorada de ella.
- Ay Mónica, solo por una vez?..
De inmediato Ingrid alzó su ceja como signo de incredulidad.
- Es que no fue solo una vez, nos hemos estado viendo.
Ingrid, asustada y a la vez contenta, se levantó del asiento dando un brinco.
- Eres lesbiana¡¡¡ lo sabia, me daba cuenta como me mirabas en los vestidores.
- Ingrid Cállate¡¡, claro que no… o sea, creo que si lo soy, pero no te miraba en los vestidores. Aun no lo sabia de todas maneras. No se si solo es ella, pero es increíble lo que siento te juro, me da tanta energía su compañía, siento que cuando estoy con ella después tengo la fuerza de conquistar al mundo.
- Estas grave.. más bien estas enamorada. Y que piensas hacer, faltan unas pocas semanas para tu boda. Debes pensarlo bien Mónica y tomar una decisión por que, si esto es una aventura… bien, pero estoy viendo que ya hay un sentimiento.
Mónica se levanta de su lugar y se da media vuelta dándole la espalda, confusamente queda en silencio, le aturden los comentarios que escucha y la presión de tomar una decisión ahora.
- No lo se Ingrid, si detengo la boda de todas maneras que hago con Cirse, Carlos ya no querrá verme.
- Y tu quisieras verlo?, podrías comenzar una relación con ella.
- Pero no tengo idea de cómo.
Ingrid se acerca a ella, la toma de ambos hombros y le habla a la cara.
- Si hay amor, que es lo más importante, lo demás es lo de menos. Yo te veo feliz, me hablas de ella y tus ojos se iluminan. Estuve platicando con ella el día de la recepción y esta enamorada de ti, me habla de tal manera que quise decirle que luche por ti. Siento que Carlos no es la persona indicada para ti, no te imagino abandonando tu vida y dedicándosela a los éxitos de él.
- Pero yo continuare con mi vida, tampoco pretendo dejar todo lo que he logrado atrás.
- Tengo entendido que Carlos, pretende hacer negocios en el extranjero e ir a vivir ahí.
- Si me ha comentado algo pero…. No hay nada confirmado.
- Mónica piensalo.
Entre la platica hizo la intervención Eufrasia, avisando la presencia de Cirse. De inmediato hizo su aparición y con mucha mas confianza que antes, saludó con una sonrisa y un efusivo a brazo a Ingrid, quien afirmando sus teorías de enamoramiento, anunció que se retiraba y las dejaba a solas.
Con una picara sonrisa dibujada en la cara de ambas, al cerrar la puerta tras Ingrid, se abrazaron y se saludaron nuevamente pero con un beso en los labios.
- Como estas? vine para ver como andas de trabajo y ver si vamos a comer juntas.
- Si, solo termino estos documentos y nos vamos.
Se sentó frente a su escritorio, dejando sobre el mismo las llaves de su automóvil, haciendo un sonido en el cristal.
- Que gusto fue ver a Ingrid, no había sabido nada de ella.
- Si vino a verme, le comente que tu y yo… nos hemos estado viendo.- Le comentó con una sonrisa mientras acomodaba unas hojas en blanco, sacudiéndolas para emparejar.
Prestó atención al comentario de Mónica y se acercó aun más al escritorio.
- Y que te dijo, que pena Mónica¡¡ para que le dices.
- Exageras Cirse, es mi amiga. Ya sabes como es, sus bromitas que no las deja atrás por supuesto. Pero no esta en desacuerdo, solo me dijo algo sobre Carlos que no es para mi y probablemente él me aleje de mi vida. Lo extraño es que antes se llevaban bien ambos, ahora siento que no le agrada mucho.Cuando comenzamos el noviazgo comencé a notar que se distanciaron, no se si a Ingrid le gustaba, cosa que dudo pero aun me lo pregunto.
Cirse se quedó callada apretando su mandíbula, tratando de evitar decir lo que tenia que decir. Hasta que comenzó a hablar.
- Mónica, recuerdas el día que fui a verte por primera vez a tu departamento?
- Si, claro como olvidarlo.- Le sonrió y le tomó la mano por un momento para luego soltarla.
- Pues iba decidida a decirte…
De inmediato hace interrupción a sus palabras, la puerta ahora abierta de la oficina. Haciendo su aparición instantánea, Carlos.
Al entrar sonriendo, mira a Cirse y a Mónica platicando, ambas serias, situación para él incomoda que lo hizo pensar.
- Hola.- Saludó a Cirse con una mirada descortés y sorprendida.
- Que tal Carlos- Respondió incómodamente y así, deteniendo tal vez por infortunio sus palabras.
Dirigiéndose a Mónica, la saluda con un beso en los labios y un largo abrazo.
Cirse bajó la mirada como queriendo evitar ser herida por medio de las imágenes que veía.
- Vamos a comer, mira por fin me quite la barba – Acariciándose el rostro con una mano.- Se que no te agradaba mucho, así me estaré en la boda ya ves que imagen nueva para vida nueva- Al decir sus palabras miraba de repente a Cirse quien tratando de evitar la mirada solo sonreía insípidamente.
- Si, te ves bien- Respondió Mónica incomoda por la situación y apenada por la interrupción- Pero precisamente me estaba yendo a comer con Cirse.
- Ah, perfecto¡¡ les acompaño- Dio un efusivo aplauso y tratando de hacer aun mas incomoda la situación.
A lo que Cirse contestó levantándose educadamente de su silla, tomando con una mano su bolso y mirando a Carlos con una sonrisa irónica.
- Te agradezco, pero es mejor que me retire- Se dirigió a Mónica y entre su impotencia le ofreció una sonrisa.- Pudiéramos cenar el sábado, hay proyectos de los que me gustaría hablar.
- Por supuesto- Le contestó Mónica, entendiendo con complicidad sus palabras.
Se despidió de ella con un abrazo y de palabra de Carlos, no tenia talento para fingir con su presencia.
Al salir a la calle, sentía una rabia impetuosa, necesitaba desahogar toda su impotencia pegando de gritos, se contuvo y comenzó a caminar hacia su vehículo. Se detuvo un momento al percatarse de las lagrimas que escurrían de sus verdes ojos a sus mejillas y no podía detenerlas.
Como le molestaba que él la abrazara, como le molestaba el cinismo al estar con ella y continuar con sus planes.
Ella misma necesitaba estar bien, la presencia de Mónica la hacia feliz pero sabia de antemano que no podía atarla a ella. Todo dependía de su decisión y no podía seguirse exponiendo más. Tenía que hablar con ella y decirle lo que estaba pasando en estos momentos por su corazón y mente.
Mónica hubiese preferido un millón de veces en comer con ella que quedarse con él, urgía tomar su decisión pronto.
- Después de comer vamos a ver los últimos arreglos, pronto es nuestra boda- Le comentaba emocionado y dándole un efusivo abrazo.
- Pero tengo que regresar, ya que tengo aun trabajo pendiente.
- Para nada, eso lo puede solucionar tu asistente, debemos ver todos los detalles finales.-De manera de suplica la miró y la tomó de las manos.
- Es importante Carlos… OK, voy a darle las instrucciones a Eufrasia, regreso en un minuto y nos vamos.
Salió de su oficina para dirigirse a dar instrucciones. Mientras tanto Carlos, como era su costumbre, se encontraba molesto por haber visto a Cirse ahí. Tratando de encontrar algo, busco en el bolso de Mónica abriéndolo tomó de él su móvil. Trataba de encontrar alguna llamada de Cirse y encontró varias, pero escuchó que Mónica se acercaba y solo logro ver el número del móvil de Cirse, se lo memorizó.
Entró inmediatamente Mónica, sin percatarse de la búsqueda ardua en su bolso.
- Ahora si, ya vamos a comer y vemos lo que sigue- Tomó inocentemente su bolso.
Carlos le tomó la mano para caminar hacia el automóvil, ella poco a poco se soltaba por momentos.
De esa manera, transcurrieron las horas del día juntos. Mientras que con mucha emoción él elegía los detalles y daba sus puntos de vista, ella solo le aprobaba sus decisiones.
Al llegar a su apartamento, después de haber dejado a Mónica en el suyo, aun tenia en mente el numero del móvil de Cirse, no sabia ni para que lo había tomado de ahí, solo necesitaba ver si se habían llamado y efectivamente tenia llamadas de ella.
Tomó su móvil y llamó a Carolina.
- Hola corazón- Respondió ella al ver quien le estaba llamando.
- No respondas así, si por alguna casualidad estoy con Mónica y ella te llama desde mi móvil…...
- Si, esta bien paranoico, acabo de hablar con ella estaba en su departamento te acababas de ir, necesitas algo?
- Si, Mónica y Cirse se han estado hablando, inclusive quedaron en cenar este sábado. La verdad es que cada vez que las veo juntas me entra un pánico enorme a que ella diga algo.
Desde el otro lado Carolina con una mueca de fastidio le contesta el comentario.
- Carlos, hasta ahora no le ha dicho nada por que yo conozco a mi hija, si supiera algo lo dice al momento, dudo que le diga algo.
- Yo estoy muy intranquilo, ya quiero llevármela y alejarla definitivamente pero tu sabes lo independiente que es Mónica, que cuando toma sus decisiones no hay manera de cambiarlas.
- Bien…. déjame comentarte Carlitos que yo me adelanto en todo, he estado investigando a Cirse por que tampoco me confiaba mucho. Viene de familia de status medio, déjame decirte que es lesbiana, ya que vivió mucho tiempo con una pareja que según mis fuentes de información falleció. No dudo que le interese Mónica de alguna manera. Tiene un buen puesto en su empresa y si ahora esta en un mejor status es por que se ha logrado relacionar bien y al parecer es muy distinguida en el ámbito de la publicidad, sin embargo tengo una idea para poder alejarla de mi hija.
- Lesbiana?¡¡ Me sorprende tu manera de adelantarte a los acontecimientos, que pretendes entonces?.
- Quiero hablar con ella eso es todo, tienes manera de contactarla?
- Si, casualmente estuve viendo el móvil de Mónica para ver si se habían llamado y logré ver el número.
Le proporcionó el número a Carolina, ambos intentaban darle al mismo tiempo un final feliz al asunto y la mejor medida de ella era moviendo todo el sistema por dinero como estaba acostumbrada.
Al día siguiente Carolina levantó el auricular y con un pequeño pedazo de papel en la otra mano, marcaba uno a uno los dígitos para realizar la mejor acción y tranquilizar la conciencia de Carlos.
Desde el otro lado del auricular se encontraba Cirse, que al mirar la pequeña pantalla de su móvil, vio que no era un número conocido.
Frunciendo el ceño oprimió un botón al contestar.
- Si..?
- Hola que tal, Cirse. Soy Carolina la mamá de Mónica, me gustaría verte para platicar es sobre la boda necesito tu ayuda.
Le pareció muy extraño escuchar la voz de ella, pensó que tal vez le haya dado su número Mónica y tal vez si necesite algo de ayuda en la boda.
- Claro, mañana estoy libre, algún lugar en especial?
- Que bien, lo antes posible, la boda ya se viene encima y no contamos con mucho tiempo. Me proporcionarías tu dirección?
- En mi departamento?- Preguntó extrañada.
- Si, por que quiero llevar unos catálogos y tú sabes para estar más cómodas.
- Bien.
Cirse le proporcionó los datos y quedaron en verse la siguiente noche.
El tiempo como siempre no estaba a favor ni de Mónica ni de Cirse. Se tenia todo listo para “El gran día” . Mónica sin saber que camino seguir y ellos manipulando lo inevitable.
jueves, 25 de junio de 2009
¿Eres Tu La Indicada?
Caricias, besos, diferentes olores y nuevos sentidos. Cerrado aun sus ojos con las manos y el cuerpo inquietos, a pesar de la baja temperatura del ambiente, su cuerpo mantenía una temperatura muy calida, entre las piernas muchas sensaciones.
Despierta de pronto debido al sonido del despertador inesperado, abriendo los ojos y mirando sorpresivamente a un lado de la cama, se recuesta nuevamente con una sonrisa en el rostro. Las sabanas aun mantenían el olor del perfume de Cirse.
Se dispuso a comenzar un nuevo día, la felicidad no le cabía en los ojos. Se dirigió rumbo a su estereo , oprimió el “on”, no esperaba alguna melodía en especial. De hecho ni le prestaba atención, al inclinarse a levantar de su piso de duela color marrón, su toalla olvidada del día anterior, sintió diversos dolores repartidos por todo el cuerpo, que la hacían recordar su actuación nocturna.
Fue un día exaltante, durante el día se hablaron por medio del Teléfono, comentaban lo sucedido, su felicidad duró por mucho tiempo, desde ese día.
Las semanas comenzaron a pasar y entre ellas los encuentros furtivos en el apartamento de Mónica y Cirse.
Una noche, tenía en mente salir a visitar a Cirse a su departamento, ya que tenía una cena con ella. Llega la visita inesperada de Carlos, el cual contaba con llaves del apartamento.
Entrando al recibidor, lanza un grito en su búsqueda.
Despierta de pronto debido al sonido del despertador inesperado, abriendo los ojos y mirando sorpresivamente a un lado de la cama, se recuesta nuevamente con una sonrisa en el rostro. Las sabanas aun mantenían el olor del perfume de Cirse.
Se dispuso a comenzar un nuevo día, la felicidad no le cabía en los ojos. Se dirigió rumbo a su estereo , oprimió el “on”, no esperaba alguna melodía en especial. De hecho ni le prestaba atención, al inclinarse a levantar de su piso de duela color marrón, su toalla olvidada del día anterior, sintió diversos dolores repartidos por todo el cuerpo, que la hacían recordar su actuación nocturna.
Fue un día exaltante, durante el día se hablaron por medio del Teléfono, comentaban lo sucedido, su felicidad duró por mucho tiempo, desde ese día.
Las semanas comenzaron a pasar y entre ellas los encuentros furtivos en el apartamento de Mónica y Cirse.
Una noche, tenía en mente salir a visitar a Cirse a su departamento, ya que tenía una cena con ella. Llega la visita inesperada de Carlos, el cual contaba con llaves del apartamento.
Entrando al recibidor, lanza un grito en su búsqueda.
- Mónica¡ , estás aquí?.
De inmediato, sale de la habitación al escuchar su voz, como regresándola a la realidad en la que se encontraba.
- Si, Carlos aquí estoy.
- Vas a salir?- Le dijo al verla, con una pequeña falda ceñida y una blusa pequeña y elegante.
- Si… - Le respondió ella titubeando, sin tener en mente que decirle claramente.- Voy a salir, no tardare mucho…. Espero.
- Y donde vas?, no nos habíamos visto solo por móvil hemos estado hablando, quería verte. Te extraño¡.
Se acercó a ella abrazándola, buscó sus labios y le dio un beso. A lo cual ella respondió muy escurridiza y de inmediato escapó de sus brazos.
- Que sucede? No me extrañas?. He tenido mucho trabajo en mi oficina, pero por fin ya estoy libre. Si quieres te espero. Iras lejos?.
Mónica se alejó para espejarse, mientras utilizaba el lipstick.
- Iré a cenar, pero no te puedo asegurar una hora, podríamos vernos mañana. - Le respondía con voz entre cortada, haciendo varias muecas al maquillarse evitando así responder las tan repetidas preguntas de ausencia de Carlos.
Enojado se acerca nuevamente a ella.
- Y con quien iras a cenar?- Tomándola del brazo, deteniendo su intento de colocar el rimel en sus pestañas.
Se detuvo y miró para verlo fijamente.
- Con Cirse, ya quede y es importante. Cuestión…….de trabajo.
- Tú sabes que eso me molesta. No quiero que vayas sola, yo iré contigo.
- Carlos, pareces mi padre. Hasta en los asuntos de negocios me vas a acompañar como si fuera una niña?. – Contestó en tono irónico, continuando la lucha incansable de detener sus labios para gritarle desesperadamente su independencia.
Asintiendo con la cabeza, la soltó del brazo alejándose unos pasos. Se sentó en su cama, la cual encontró diferente.
- Cuando cambiaste la sobre cama?.- Comentó mientras miraba el decorado azul de las sabanas.
- Hace unos días, ya me había aburrido el color blanco.
Se levantó de la cama y con más tranquilidad se acercó a ella, rodeo sus brazos a su cintura y acerco su nariz a su cuello.
- Que delicioso hueles, mejor espero a que termine tu cena y dormimos juntos. Solo cuento los días para ya poder pasar todas mis noches a tu lado. Me haces tanta falta.
Mónica, pensativa solo se dejó abrazar y de la misma manera asintió con la cabeza con un respiro hondo.
- Te veo mas tarde entonces- Le dijo resignada e incapaz de negarle la petición, su confusión aumentó, debido a que el abrazo de él no era como el de ella.
Carlos, comenzó a ponerse cómodo en la habitación y la despidió con un beso.
Caminó hasta la salida, desactivo la alarma de su auto y con toda su fuerza con los vidrios arriba de su mini cooper. Empuño su mano derecha y le dio un golpe al asiento del copiloto.
Llena de impotencia y presión por sus propias decisiones, comenzó a darle marcha al automóvil.
Cirse sirvió en su mesa el Curry de Pollo que tanto le gustaba a Mónica, ilusionada tomó la botella de
Se comenzó a vestir su pequeño vestido rojo discreto, ya que sus gustos no eran demasiado extravagantes.
Se sentó en la silla cercana a la esquina de su mesa, esperando la llegada de Mónica, ya llevaba una hora de retraso se comenzaba a preocupar, buscó entre su bolso su teléfono móvil y le llamó.
- Si?- Contestó Mónica con una voz débil.
- Hola Mónica, te llame por que pensé que sucedió algo, ya que quedamos hace una hora.
Mientras conducía, escuchaba la voz de ella preguntándole y su mente divagaba.
- Ya estoy yendo. Llego en 5 minutos.
- Bien, te espero, no me iré a ningún lado. – Le contestó bromeando, ya que no había donde ir en su apartamento.
Como indicó, su llegada no demoro más de los minutos que calculó.
Cirse la recibió abrazándola por los hombros y le dio efusivamente un beso en los labios. Alo cual ella correspondía confusamente. Mientras le comentaba que le había hecho su guiso favorito, con la ilusión reflejada en sus ojos verdes, Mónica se mostraba taciturna y más callada de lo normal.
En la cena Cirse llevaba mucho mas la plática, poco a poco se comenzó a dar cuenta de que algo no andaba bien.
- Mónica pasa algo?. Le pregunta mientras come un bocado del curry.
- Pasa todo… acaba de ir Carlos al departamento, su presencia me pone a pensar muchas cosas, si esto esta mal o bien. Me confunde mucho todo. De lo único que estoy segura es de lo que siento por ti
Cirse entendiendo la situación por la que esta atravesando ella, sin embargo se había olvidado que ella no era una mujer disponible, se levantó de la mesa rodeándola y se acercó, con una mano le tocó el mentón y lo alzó para mirarla a los ojos.
- Piensa en ti solamente, lo que te hace feliz, visualízate con él y analiza si es lo que quieres. A final de cuentas yo estoy aquí y siempre contaras conmigo, claro está que si tu felicidad está con él, seré siempre tu amiga. Lo que nos sucedió nadie lo buscó, solo se dio y eso ha sido algo maravilloso para mi después de tanto tiempo.
Mónica, lo único que te pido…. Es que seas feliz.- Se acercó aun mas y le dio un pequeño beso en los labios, sintió tristeza por la situación que tarde o temprano iba a llegar. Se dio la vuelta y se regreso a su lugar.
Mónica al escuchar sus palabras, se sintió con más libertad de elegir, sin tener aun la respuesta.
Le sonrió y le tomó la mano sobre la mesa en seña de agradecimiento.
Entre diversas platicas, tratando de evitar a toda costa el tema principal, la velada se tornó muy agradable, Cirse tenia esa magia que le hacia olvidar todo tipo de preocupaciones.
Al terminar la cena, se acercó a Mónica quien se encontraba en la pequeña cocina ordenando los utensilios que utilizaron en la cena, de esa manera quería corresponder al delicioso guiso.
Caminó y rodeo con sus brazos su cintura, posó su cabeza en uno de sus hombros y le dio un beso en el cuello llegando a la oreja.
Ella dejó lo que estaba haciendo, y se dio la vuelta, ambas se miraron en silencio a los ojos.
Los profundos ojos verdes de Cirse le pedían a gritos que se quedara con ella el resto de su vida, Mónica se percataba de eso, desde sus ojos comenzó a correr una lagrima, haciendo un camino perfecto entre su rostro. Se abrazó desesperadamente a ella, como si quisieran arrebatarle la vida y solo ella pudiera salvarla.
Cirse la abrazó también y en silencio solo le acariciaba el cabello. Mónica quería escuchar “Aquí estoy, quédate conmigo para siempre”, pero Cirse nunca lo dijo, no quería que sus palabras influyeran en su decisión, aun que necesitaba decirle lo que sucedía entre su prometido y su madre, sin embargo continuó callándolo, confiaba en que las cosas siempre se van dando poco a poco, tarde o temprano Mónica se tenia que dar cuenta de todo o al menos convencerse de que Carlos no era el indicado.
Separándose lentamente de ella, se limpió sus lágrimas.
- Me tengo que ir.
- Si, quiero que estés bien, OK?- Le contestó secándole las lagrimas.
Se dieron un beso profundo, pareciera que sus labios pensaban por si mismos y tampoco querían separarse.
Mónica tomó su bolso y se dirigió a la puerta de salida. Mientras salía a la calle en busca de su automóvil, no dejaba de sentir que su corazón se dividía al dejar la mitad con Cirse y la otra la llevaba con ella.
Llegó a su departamento, caminó a su habitación y miró su cama mientras se cambiaba de ropa, ahí se encontraba Carlos que por la espera se había quedado dormido.
Se acomodó de manera que él no despertara, su esfuerzo fue en vano cuando él se acercó a ella y la abrazó, en ningún momento correspondió al abrazo y le dio la espalda. Mónica tenia tantos pensamientos confusos, por un lado tenia la seguridad de una familia y un buen matrimonio, por otro lado su verdadera felicidad pero en una vida desconocida y no se sabia con el valor para enfrentarla.
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