“Hija.
Tal vez ni siquiera debiera llamarte así, yo se que en todos estos años nunca fui la mejor madre para ti, sin embargo estoy muy arrepentida de todo lo que ha sucedido.
Me enteré que te casaras con Carlos, ignoro si tú tomaste esa decisión. Carlos no es malo, solo que no es el indicado para hacerte feliz y eso tú lo sabes.
Lo que realmente sucedió en el departamento de Cirse fue lo contrario a como te lo conté, ella nunca aceptó el cheque. Me lo aventó pero yo lo doble y lo dejé asentado sobre mueble. Estaba enloquecida.
Hace unos días vino a verme, me dijo tantas cosas que me hicieron pensar que yo nunca tomé las mejores decisiones, y además de todo lastimé a la persona que mas amo en el mundo, a ti.
Esta carta no es precisamente para que me perdones, aun que estoy segura que algún día así será, ya que tu eres una hermosa persona.
Mas bien esta carta es para decirte que no cometas el mismo error que yo cometí, me casé con tu padre por dinero, por una posición económica lujosa, olvidándome así de lo que era yo y de lo que quería para mi.
Una vez en la vida me enamoré con locura de un hombre pero me convencieron para no estar con él y ha podido más mi ambición que la lealtad conmigo misma. Me dejó de importar mi persona, mi integridad y solo escuchaba a las personas que me indicaban que reglas seguir en la sociedad, en esta sociedad tan falsa en la que hemos vivido.
Estas a tiempo hija, sigue tu corazón, realmente no importa la sociedad y lo que ellos te digan, solo importas tu y tu felicidad.
Es difícil decir esto pero, Cirse es una gran mujer y te ama como yo no tenia idea de que alguien pudiera amar tanto.
Se feliz y espero algún día me perdones.
Carolina, tu madre. “
Al terminar de leer la carta, Mónica estaba atónita, frente a ella se encontraba una botella de vino tinto, tomó una copa de él para poder entender mas la situación.
Miró por la ventanilla que se encontraba en alto y logró alcanzar a ver que estaba llegando al lugar de la ceremonia, podía visualizar los automóviles de amigos y el de Carlos.
Lentamente se detuvo la limousine en la puerta, Mónica no tubo alguna reacción para abrir la portezuela,. Mantenía su mirada al frente pensó por un momento gritar con toda la fuerza del mundo pero solo logró decir:
- Señor, por favor regréseme al departamento de inmediato.
Carlos a lo lejos miró la limousine donde iba Mónica, pero cuando vio que comenzó a avanzar para alejarse, corrió apresurada mente hacia la acera de la calle. Sin éxito se detuvo mirando con una extrema sorpresa.
Mónica miró hacia atrás y vio a Carlos que cada ves se perdía más y más en la lejanía.
La limousine comenzó a avanzar con rapidez, llego a la calle donde dando vuelta a la izquierda se llegaba al departamento de Mónica cuando, sin importar siguió en línea recta.
- Señor creo que debió de haber doblado a la izquierda.
El chofer no contestó. Mónica pensó que no la había escuchado e insistió.
- Por favor si puede dar vuelta de inmediato y regresar?.
Nuevamente el conductor no respondió a la petición y parecía que no la escuchaba. Mónica se exasperó un poco más y replicó dando pequeños golpes al cristal de su ventanilla.
En un semáforo en rojo Mónica se acercó lentamente para poder hablarle al chofer desde su propia ventanilla pero de inmediato el conductor accionó un botón que hizo subir de inmediato el cristal dándole privacidad a Mónica en la parte de atrás de la limousine.
Mónica asustada se acercó a la portezuela nuevamente y trató de abrirla para aprovechar el alto, pero inmediatamente fueron activados los seguros.
Ella se desesperó aun más, y levantó el pequeño intercomunicador para llamarle al móvil a Ingrid, pero se encontraba apagado.
De inmediato desde las pequeñas bocinas se comienza a escuchar música que poco a poco comenzó a percibir Mónica, era la canción de Darren Hayes, “ Insatiable”.
Un aire de alivio comenzó a recorrer su mente y cuerpo, reconocía perfectamente la melodía. Su mente viajó unos meses atrás, cuando la escuchó por primera vez en aquella recepción, donde fantaseaba desde su mesa, bailar esa canción con Cirse.
Se mantuvo al borde del asiento mientras le decía. – Que esta sucediendo aquí?.
Lentamente se fue bajando la ventanilla que divide al conductor del pasajero y logró ver un par de ojos intensamente verdes por el retrovisor.
Una mano cubierta con un elegante guante blanco, acomodó el retrovisor para que Mónica pudiese ver su rostro.
El reflejo de los rayos del sol, iluminaban sus ojos encendiendo dos luces verdes, que le abrían la puerta a todas sus ilusiones.
Tal vez ni siquiera debiera llamarte así, yo se que en todos estos años nunca fui la mejor madre para ti, sin embargo estoy muy arrepentida de todo lo que ha sucedido.
Me enteré que te casaras con Carlos, ignoro si tú tomaste esa decisión. Carlos no es malo, solo que no es el indicado para hacerte feliz y eso tú lo sabes.
Lo que realmente sucedió en el departamento de Cirse fue lo contrario a como te lo conté, ella nunca aceptó el cheque. Me lo aventó pero yo lo doble y lo dejé asentado sobre mueble. Estaba enloquecida.
Hace unos días vino a verme, me dijo tantas cosas que me hicieron pensar que yo nunca tomé las mejores decisiones, y además de todo lastimé a la persona que mas amo en el mundo, a ti.
Esta carta no es precisamente para que me perdones, aun que estoy segura que algún día así será, ya que tu eres una hermosa persona.
Mas bien esta carta es para decirte que no cometas el mismo error que yo cometí, me casé con tu padre por dinero, por una posición económica lujosa, olvidándome así de lo que era yo y de lo que quería para mi.
Una vez en la vida me enamoré con locura de un hombre pero me convencieron para no estar con él y ha podido más mi ambición que la lealtad conmigo misma. Me dejó de importar mi persona, mi integridad y solo escuchaba a las personas que me indicaban que reglas seguir en la sociedad, en esta sociedad tan falsa en la que hemos vivido.
Estas a tiempo hija, sigue tu corazón, realmente no importa la sociedad y lo que ellos te digan, solo importas tu y tu felicidad.
Es difícil decir esto pero, Cirse es una gran mujer y te ama como yo no tenia idea de que alguien pudiera amar tanto.
Se feliz y espero algún día me perdones.
Carolina, tu madre. “
Al terminar de leer la carta, Mónica estaba atónita, frente a ella se encontraba una botella de vino tinto, tomó una copa de él para poder entender mas la situación.
Miró por la ventanilla que se encontraba en alto y logró alcanzar a ver que estaba llegando al lugar de la ceremonia, podía visualizar los automóviles de amigos y el de Carlos.
Lentamente se detuvo la limousine en la puerta, Mónica no tubo alguna reacción para abrir la portezuela,. Mantenía su mirada al frente pensó por un momento gritar con toda la fuerza del mundo pero solo logró decir:
- Señor, por favor regréseme al departamento de inmediato.
Carlos a lo lejos miró la limousine donde iba Mónica, pero cuando vio que comenzó a avanzar para alejarse, corrió apresurada mente hacia la acera de la calle. Sin éxito se detuvo mirando con una extrema sorpresa.
Mónica miró hacia atrás y vio a Carlos que cada ves se perdía más y más en la lejanía.
La limousine comenzó a avanzar con rapidez, llego a la calle donde dando vuelta a la izquierda se llegaba al departamento de Mónica cuando, sin importar siguió en línea recta.
- Señor creo que debió de haber doblado a la izquierda.
El chofer no contestó. Mónica pensó que no la había escuchado e insistió.
- Por favor si puede dar vuelta de inmediato y regresar?.
Nuevamente el conductor no respondió a la petición y parecía que no la escuchaba. Mónica se exasperó un poco más y replicó dando pequeños golpes al cristal de su ventanilla.
En un semáforo en rojo Mónica se acercó lentamente para poder hablarle al chofer desde su propia ventanilla pero de inmediato el conductor accionó un botón que hizo subir de inmediato el cristal dándole privacidad a Mónica en la parte de atrás de la limousine.
Mónica asustada se acercó a la portezuela nuevamente y trató de abrirla para aprovechar el alto, pero inmediatamente fueron activados los seguros.
Ella se desesperó aun más, y levantó el pequeño intercomunicador para llamarle al móvil a Ingrid, pero se encontraba apagado.
De inmediato desde las pequeñas bocinas se comienza a escuchar música que poco a poco comenzó a percibir Mónica, era la canción de Darren Hayes, “ Insatiable”.
Un aire de alivio comenzó a recorrer su mente y cuerpo, reconocía perfectamente la melodía. Su mente viajó unos meses atrás, cuando la escuchó por primera vez en aquella recepción, donde fantaseaba desde su mesa, bailar esa canción con Cirse.
Se mantuvo al borde del asiento mientras le decía. – Que esta sucediendo aquí?.
Lentamente se fue bajando la ventanilla que divide al conductor del pasajero y logró ver un par de ojos intensamente verdes por el retrovisor.
Una mano cubierta con un elegante guante blanco, acomodó el retrovisor para que Mónica pudiese ver su rostro.
El reflejo de los rayos del sol, iluminaban sus ojos encendiendo dos luces verdes, que le abrían la puerta a todas sus ilusiones.
Mónica al mirar y reconocer el rostro, dio una enorme carcajada y le preguntó.
- Donde me llevas?- Con una picara sonrisa y una mirada cómplice.
A lo cual de inmediato obtuvo una respuesta.
- La llevo al paraíso Mademoiselle.
Finalmente luego del pequeño recorrido, aparcó en una playa cercana.
La noche se había adentrado, sin embargo no lucia obscuro del todo.
- Donde me llevas?- Con una picara sonrisa y una mirada cómplice.
A lo cual de inmediato obtuvo una respuesta.
- La llevo al paraíso Mademoiselle.
Finalmente luego del pequeño recorrido, aparcó en una playa cercana.
La noche se había adentrado, sin embargo no lucia obscuro del todo.

Cirse bajó del automóvil y se dirigió a abrirle la portezuela a ella.
Portaba el uniforme de chofer, un saco color negro, corbata del mismo color que lucia sobre una camisa abotonada en color blanco. Lucia un hermoso sombrero que hacia combinación el traje puesto.
Al recibirla, le extiende amablemente su mano aun enguantada en blanco.
Mónica le acepta la tan adecuada ayuda y la recibe con una sonrisa, se baja de la limousine luciendo su hermoso vestido, cuyas orillas se arrastraban recogiendo así la arena que pisaba.
- Este es el paraíso?- Le pregunta mientras se acerca mas a ella para rodearle con los brazos la cintura y con una mano le quita el sombrero, dejando caer su rojo cabello en sus hombros destellando en la tela obscura de su vestidura.
- El paraíso es donde tu te encuentres.- Le respondió y la abrazó firmemente a su cuerpo, como no queriendo soltarla en mucho tiempo.
De pronto, se escucha a lo lejos unas voces, de las cuales poco a poco se va a cercando la silueta de un hombre. Conforme la luz ayuda a visualizar el rostro, Mónica reconoce a Ricardo. A quien saluda muy efusivamente.
- Te ves preciosa Mónica, que están esperando, vengan¡¡
Cirse tomó de la mano a Mónica para caminar juntas, ella la detiene pues se le ha olvidado quitarse los guantes.
Rápidamente la despoja de ellos aventándolos atrás perdiéndolos en la arena.
Caminan tomadas de la mano en un camino iluminado con pequeñas antorchas sostenidas en largos palos de bambú.
- Que es todo esto?, es precioso¡¡¡¡- Comenta Mónica mirando a Cirse mientras camina asombrada, mirando con detenimiento la decoración en aquella playa.
Ella le responde con un beso en la frente y le sonríe invitándola a seguir el camino.
Aparecieron en una palapa, en medio de ella una mesa cuadrada y pequeña, con un mantel blanco hasta el suelo que se abanicaba con la poca brisa que había en ese momento.
Se podía escuchar el ruido de las pocas olas estrellándose en la orilla, dándole frescura a la noche.
Sobre ella yacían dos copas vacías y una botella de vino tinto en medio de ambas.
Ricardo tomó otro rumbo, desapareciendo en la obscuridad.
Cirse amablemente tomó una silla y le dio lugar a Mónica para que se sentase, la cual ella agradecida le sonrió.
- Te gusta?- Le pregunta Cirse mientras se sienta en el otro lugar con un rostro que irradiaba felicidad.
- Por supuesto que me gusta, todo esto es sorprendente, pensar que hacia unas horas mi mundo estaba a punto de encontrarse destruido y mis ilusiones perdidas. Todo esto es lo más maravilloso que he visto, realmente me has sorprendido.
- Dime…. que te motivó a no bajarte cuando me detuve para que tu entraras a la ceremonia?.
- Mi mamà me escribió una carta explicándome todo. Perdóname he sido tan tonta como para no darme cuenta. Tu eres mi felicidad, entre toda la obscuridad en la que vivía te apareciste para cambiarla. Acaso si yo me hubiese bajado tu te hubieras ido?
Cirse se mantuvo en silencio unos segundos. Después sonrío para decirle: - Muy probablemente, me hubiese bajado a perseguirte y a la fuerza te hubiese subido conmigo, no ves que todos nos esforzamos para dejar todo esto precioso para ti?.
Ambas soltaron varias risas.
Mientras platica, Cirse le acaricia las manos sobre la mesa. De pronto son interrumpidas por un par de reflectores que asomaban desde la arena, enfocando a Ricardo y a Alfred. Quienes aparecieron al frente y sentados en cada silla.
- Su atención por favor- Comienza a anunciarse Ricardo. – Esperamos que la noche de hoy la pasen maravillosamente, por esta razón amenizaremos esta cena romántica.- Le guiña un ojo a su amiga y comienza a tocar el Sax, a la cual Alfred, le acompaña con la guitarra.
Entre la platica de ambas, se escucha las melodías de bossa nova., haciendo un ambiente relajante y prestándose para el romanticismo.
Sin querer interrumpir, hace su aparición Ingrid, quien sigilosamente les sirve las copas de vino y acerca una rectangular bandeja con sushi.
Mónica la mira con sorpresa, pareciéndole increíble su presencia ahí.
Ingrid se dirigió brevemente a ella diciendo. – Y crees que yo iba a permitir que hagas burradas?.- Las tres sonrieron ante tal comentario, tan original y ella se alejó de inmediato.
Ambas se encontraban entre la claridad del fuego, no sabían si el fuego que sentían era mas grande del que había a su alrededor.
Mientras tomaban el vino no dejaban de mirarse directamente a los ojos, como si ellos tuviesen una platica paralela a la de los labios.
Cirse se acercaba más a ella para poder abrazarla y sentirla mas cerca.
Sus manos se entrelazaban de tal manera que ambas se sentían tan unidas la una a la otra. Todo parecía tan único entre ellas, esa magia que existía era perfecta para estar el resto de sus vidas juntas.
Del Sax comenzó a salir una melodía diferente, “Perhaps, Perhaps, Perhaps”, quien al ser escuchada por Mónica, de inmediato le dio la energía para levantarse de su silla e invitar a bailar a Cirse.
La despojó del saco negro que tenia puesto, y ella se mantuvo de blanco con corbata mientras bailaba lentamente.
Era la misma fantasía convertida en una realidad. Parecía no moverse sobre la arena.
Cirse la elevaba más allá del planeta.
Para hacer mas alegre el baile, Ingrid comienza a bailar con Alfred, quien hizo presunción de sus dotes de gran bailarín.
Terminaban la pieza rodeadas de sus brazos, el olor tan fresco que mantenía Mónica, le hacia a Cirse perder la cabeza involuntariamente y buscaba sus labios con los suyos para sellarlos con sus besos.
El hermoso traje de novia se arrastraba por la arena, como si quisiera retener cada recuerdo con cada partícula que recogía.
A Ingrid le parecía inusual, mirar a su amiga con otra mujer, sin embargo sonreía y estaba satisfecha de verla feliz y realizada
Al terminar la fiesta, ambos chikos comenzaron a apagar antorcha por antorcha, ocupados dejando en orden el sitio, observaban como tomadas de la mano se alejaban hacia la orilla del mar, recostándose en las húmedas rocas.

Mirando las estrellas, Mónica le platicaba de lo tan increíble que fue haberla conocido.
Cirse sin apartar la mirada del cielo tan imponente, le sostenía la mano y la apretaba por momentos, como agradeciendo al universo el tenerla a su lado.
Mónica se dio la vuelta para mirarla, acomodando su cabeza en su brazo. Cirse la sujeto fuertemente hacia ella mientras daba un respiro profundo. Le dio un beso en la frente.
Con la palma de su mano derecha, le gira la cara para encontrar esos labios gruesos y rosas. Cirse le correspondía los besos tan interminables.
El mar golpeaba la roca en la que se encontraban, mojando los pies de ambas.
Mientras disfrutaban del suave oleaje, sus dedos y labios reconocían cada centímetro de sus cuerpos. No había más luz que la de la luna, cómplice de las caricias y besos.
Esa noche fue eterna y única, que quedó marcada en el corazón de ambas.
La felicidad no cabía en ninguna, la vida de Mónica había cambiado por completo y su destino se auguraba lleno de felicidad.
Por otra parte, Carlos continuó con su vida yéndose a otro país, donde se le presentó una muy buena oportunidad de negocios.
Carolina terminó los trámites de divorcio con el padre de Mónica, quedándose solamente con una pequeña cuenta de ahorros, se fue de viaje… un viaje muy largo. Le gustaba la repostería, contó con muchas amistades para realizarse en lo que le gustaba, poco a poco sus tiendas comenzaron a ser muy famosas en todo Paris.
Que decir de Ingrid, se casó con un hombre de descendencia italiana, en la actualidad ella radica en Milán, cerca de la vía Meravigli y está dedicada a él y a sus hijos. El italiano no era un hombre muy agraciado y ella estaba conciente de eso, pero en el amor todo se vale.
El camino que seguía Mónica con Cirse, fue completamente nuevo, sin reglas de sociedad y nada que pueda regir su vida.
La completa felicidad que inundaba a ambas era lo único que tenia sentido en sus vidas.
Las mañanas eran maravillosas, Mónica abría los ojos y era casi increíble la sensación de mirar a Cirse a su lado. No querían levantarse de la cama ninguna de las dos.
Las noches eran eternas en los ojos verdes de Cirse, se pasaban mucho tiempo mirándose sin decirse una sola palabra.
Cirse perdió el temor de apostar al amor, pues Mónica era la otra mitad en su vida y eso la hacia inmensamente feliz.
Su nueva vida, tan inesperada como sorprendente, trajo muchas vivencias. Sin embargo nunca hubo algún arrepentimiento en cuestión de decisiones, la lucha era exhaustiva, ambas tomadas de la mano enfrentando y disfrutando lo que venia por mas difícil que fuesen las circunstancias.
Se fueron a vivir a Venecia, ahí inauguraron la agencia de publicidad y mercadotecnia mas famosa de toda Europa. Caminan usualmente tomadas de la mano, sobre la hermosa Santa Giustina.
Claro esta que Mónica en ningún momento se deshizo del cheque, que por fortuna Carolina nunca canceló, hasta la fecha le da las gracias por eso.
La relación Madre- Hija, mejoró bastante al paso del tiempo, se visitaban periódicamente. Cirse comenzó a ver a Carolina con otros ojos. Veía una mujer diferente, más humana y arrepentida por todo lo que había hecho mal.
A Cirse le daba gusto que ambas ahora, ya pudieran tener la confianza que nunca tuvieron años atrás.
Los consejos no se hicieron esperar mucho y Carolina apoyaba a Mónica en todo.
Ambas decidieron tener bebes, pero nunca pensaron que Mónica pudiese ser tan fértil como para tener tres niñas de una sola vez, aun así le agradecen al donante.
Una tarde en Paris, Carolina acudió a su café favorito, Des Deux Magots. El capuccino que servían en el lugar era completamente delicioso. Sentada, saboreando la crema, mira los automóviles que tan ágilmente pasan por ese crucero tan transitado. Siente la presencia de alguien a su lado.
Mira desde el suelo y ve unos zapatos obscuros y brillantes, va subiendo lentamente la mirada y ve los pantalones blancos y serios acompañados de una camisa polo con franjas azules.
Con una sonrisa, él la saluda.
- Hola Carolina, me puedo sentar?.
Asombrada y repitiéndose que, al destino no se le puede evadir.
- Carlos¡¡
FIN
Esta Novela fue dedicada a blue, ya que ella fue la fuente de inspiracion.
Es mas facil escribir, que vivir la vida misma.
Forever FerGie

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