lunes, 6 de julio de 2009

Visita Desagradable




Camina lentamente hacia la puerta al escuchar el timbre, mira su reloj octagonal colgado en una de las blancas paredes de su habitación, son las 9 de la noche.
Girando el picaporte, abre aquella puerta, dejando entrar la sorpresiva situación que estaba por vivir.
En la entrada una mujer jovial, sonriente y con mucho entusiasmo, solicitándole la entrada, Cirse observó que no tenía más que su bolso entre las manos.
Cortésmente la recibió con una sonrisa y la invitó a pasar.
Usualmente su blanca sala no había tenido muchas visitas, por lo tanto los muebles se encontraban con un poco de dureza en el acojinado.
Con desconfianza, Carolina tomó asiento y con movimientos de acomodo, hizo notar la incomodidad al sentarse.

Se sentó frente a ella, solo las separaba la pequeña mesa de cristal y una enorme desconfianza.



- En que le puedo ayudar?- Preguntó Cirse poniendo su brazo, igualando a la escultura de Rodin, pretendiendo pensar en su entrada a ese infierno.
- Como podrás ver, realmente he venido a verte para platicar de la boda efectivamente, pero no para que me ayudes con algún tipo de decoración.



Cirse se imagino tal ves a que vendría, solo se limito a sonreírle cortésmente como lo había hecho desde que la recibió.

- La escucho señora…
- Tu sabes que en dos semanas, mi hija y Carlos ya deberán estar casados, realmente a mi me parece un gran matrimonio y la felicidad de ella es lo mas importante para mi, también me he dado cuenta que tu estas teniendo una “amistad “ muy cercana a ella, o me equivoco?- Hace la pregunta en un tono de ironía y pedantería, como queriendo descubrir algo y desenmascararla.
- Estoy enterada que se acerca la boda de Mónica y efectivamente tengo una buena amistad con ella.
- Voy a ser honesta Cirse, siento que tu sientes otro tipo de “pasiones” por ella, cosa que a mi no me agrada y por lo mismo me gustaría que no la perjudiques y guardaras tu distancia.



Sorprendida por la manera tan despectante de decir las cosas, hace que se llene de coraje para hablar. Mantiene su misma posición de pensador, dio un trago de saliva para poder hablar tan claramente como solo ella hacia.



- Deje la honestidad para los honestos, creo que ese no seria un calificativo correcto para usted. Yo no le llamo pasión al amor, pero obviamente no tiene idea de que significado tenga esa palabra, ya que ni a su hija ama como toda madre a sus hijos.
De inmediato un aire de furia arrebató a Carolina, no esperaba una respuesta tan certera como la que acababa de escuchar.
- Claro que se ese significado, Mónica es mi hija y solo me interesa su felicidad.
- Por dios¡¡, deje sus hipocresías a un lado- Se levantó del mueble dejando así la posición pensante y camino dándole la espalda. – A usted no le interesa la felicidad de nadie, solo le interesa su propia felicidad. es raro pero una persona siempre quiere estar al lado de quien ama, en su caso es muy raro por que quiere casarlo con su hija.
Se levanta de su asiento enfurecida y la enfrenta.
- Eso es algo que a ti no te incumbe¡¡.
- El amor que siento por Mónica también es algo que a usted tampoco le incumbe, yo jamás le he dicho a ella que no se case, eso es algo que solo ella puede decidir.
Cirse de la misma manera la enfrenta y sus ojos verdes comenzaban a tener aun más un color más nítido e incendiante.
- Eres una estúpida si piensas que Mónica está enamorada de ti, ella siempre ha estado toda su vida con hombres muy guapos, además tu jamás podrías darle la estabilidad economica que ella está acostumbrada a llevar.
- Tal vez no le pueda dar esa estabilidad economica, sin embargo le puedo dar algo mucho mas importante y eso usted no lo tendrá jamás. Por que mejor no se va con Carlos en lugar de limpiar su conciencia a costa de la infelicidad de su hija, no creo que dure mucho su mentira.
Carolina descubierta, se da la vuelta y regresa al blanco sillón donde tal vez no debió levantarse.
- Esta mentira va a durar lo que yo quiera, no tiene por que saberse y eso solamente lo sabes tú- Buscó en su bolso y sacó de él una pequeña carpeta café, tomó un bolígrafo y comenzó a escribir.
Cirse la miró frunciendo el ceño e interrogándose, “que era lo que ella hacia”.
Al terminar de escribir Carolina se puso de pie nuevamente y se acercó a ella, estiró su brazo y su mano contenía un papel escrito, rectangular de color azul tenue. Un cheque.
- Aquí tienes, esto será suficiente para que ya no tengas que esforzarte mas y tener lo que quieras, si no es suficiente házmelo saber.- Guardó la carpeta café en su bolso.
Cirse al ver el brazo estirado de Carolina, tomó el papel y miró una cantidad que jamás en su vida había visto, el coraje la invadió aun mas.
- Esto vale su hija y su conciencia?- Le preguntó mientras sostenía el cheque, mirándola con los ojos de incredulidad y hastiada de tanta bajeza.
- Necesitas mas? Tu solo dime la cantidad y te la daré.
De inmediato Cirse arrugó con su puño el papel y lo arrojó al suelo junto a Carolina.
- Salga de inmediato- Se dirigió a la puerta y la abrió.
Mientras Cirse caminaba hacia la salida, Carolina recogió el cheque arrugado, lo doblo y lo dejó caer en el mueble blanco donde el color se camuflagiaba con el duro sillón testigo de aquella indignante escena.
- Me voy, pero ten en cuenta que conmigo no se juega Cirse, te puedo destruir en 2 segundos.
Dejando con su salida fugaz un destello de su perfume incomodo, que Cirse evitando cerró la puerta con coraje, dando un portazo demasiado sonoro.
Caminó lentamente a su habitación, encontrando el silencio ensordecedor y la abrumacion de la actuación de una madre cruel.

Se sentó desconcertada sobre su enorme cama, apoyando ambas manos al dejarse caer. Ahora era peor la situación que vivía, la presionaban para alejarse y sobornarla al mismo tiempo. Jamás iba a seguir siendo cómplice de tan aberrante circunstancia.
Se tiró en un solo tiempo en la cama, sus rojizos cabellos destellaban en la blanca tela, miró a su derecha y observó su habitación. En definitiva, jamás podría ofrecerle a Mónica una vida como estaba acostumbrada, pero no la consideraba tan materialista.
- Como puede haber tanta bajeza en una mujer, destrozar completamente la vida de su hija por su estúpida conciencia, es tan egoísta¡¡.
Tomó el teléfono inalámbrico y comenzó a marcar digito por digito el numero del departamento de Mónica.

Mónica se encontraba en su computadora, terminando asuntos pendientes de la oficina. Cuando se escucha el timbre.
Desconcertada mirando la pantalla del monitor, se levanta como no queriendo dejar de mirar.
- Si, diga…
- Mónica, como estas?- Preguntó Cirse disimulando en su voz el suceso de hacia unos minutos.
Al escuchar a Cirse del otro lado del teléfono, le prestó completa atención y esbozó una enorme sonrisa.
- Hola¡¡¡¡¡¡ muy bien, siempre que escucho tu voz estoy muy bien.
Respuesta que alegro mucho a Cirse, ya que en lo que acababa de vivir no había escuchado algo tan agradable como eso.
- Gracias¡¡ tu también me haces sentir muy bien. Sabes te llamé para ver si podemos vernos mañana.
- Mmm, no creo poder verte mañana tengo unas citas de trabajo pero te parece si cenamos el sábado por la noche?
- Si, me parece mejor tu idea- De esa manera le daba tiempo a Cirse de tranquilizarse y saber que palabras decirle a ella.
- Sabes…. Te extraño, he estado pensando muchas cosas, muchísimas.- Le decía a Cirse mientras se apretaba los labios con sus dientes.
- Yo también te extraño, es por eso que quiero verte y también he estado pensando muchas cosas y debemos platicarlo.
- Si, nos vemos el sábado entonces…Te…Quiero- Mónica aun no se atrevía a decirle con las palabras exactas lo que sentía realmente.
- Yo también descansa, un beso.
Se despidió y se sintió mas tranquila al hablar con Mónica, sabia que existía un sentimiento pero lo que no sabia era su decisión, eso aun era inconcluso.
Limitándose a la espera, continuó su noche mientras trataba de conciliar el sueño, resonaba muchas veces en la mente, las palabras de Carolina y el sentimiento de rabia que eso le invadía
.



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