lunes, 13 de julio de 2009

Ironica Verdad





Caminando ansiosamente en su habitación, arreglándose como de costumbre para la visita de Mónica. Tal vez en esta ocasión pueda atreverse a hablar, a pronunciar esas palabras tan ciertas que podría cambiar el rumbo de la vida de ambas.
Tenía dos opciones como desde un principio, decir la verdad o tal vez disfrazarla con otra verdad.
En esta ocasión, pretendía no hacer pasar a Mónica a su habitación, ya que en ese sitio le parecía casi imposible sostener una plática tan delicada como la que iba a tratar ahora.

Mónica se estacionó en la entrada del departamento, tomó entre sus manos una rosa hermosa color rojo, la llevó a su rostro, cerró los ojos y la olió, sonrió en un segundo como teniendo en mente el rostro de Cirse al recibirla.
Le parecía inusual y un tanto increíble, hacer ese tipo de obsequios ya que usualmente a ella se los hacían.
Se dispuso a bajarse del automóvil, cuando siente su bolso vibrar, era su móvil, en el trayecto lo había dejado sin sonido, ya que odiaba las interrupciones a tan agradables visitas.
Encontró el móvil entre cosméticos y pequeñas cajas de plástico donde guardaba diferentes accesorios.
- Si?- Responde sin mirar por curiosidad.
- Mi amor, tengo una reunión en mi departamento, vendrán unos amigos, como me comentaste que salías pues me tomé la libertad de invitarlos, o vendrás mas tarde?
Era Carlos, el tan oportuno novio quien cuidadosamente le llama para saber sus pasos, desconociendo Mónica el trasfondo de la llamada.
- Si, esta bien descuida, iré a mi departamento. – Responde.
- Bien, te veo mañana. Te amo- Le dijo él cariñosamente.
- Si… adiós.

Sentía mucha incomodidad al escuchar que él le dijera “te amo”, ya no sabia que responder.
Sus dudas ya estaban aun mas claras, eso la motivaba a la entrevista esperada.
Por fin logró bajarse del automóvil con la rosa en la mano, caminó hacia la entrada quien de inmediato fue recibida por ella, Cirse, quien lucia maravillosamente, tenia la falda de tablones que tanto le gustaba, sus labios como siempre destacaban de su rostro dejando entre ver una hermosa sonrisa.
- Buenas noches- Le dijo Mónica mirándola con ternura y satisfaciendo así la necesidad de mirarla.
- Hola¡¡ Mónica, pasa por favor.

Al entrar Mónica percibía el aroma de su incienso favorito.

- Que delicioso huele, seguro es el incienso de canela,
- Si, como se que te gusta, me tomé el atrevimiento para que estés a gusto.
Cerrando la puerta y caminando tras ella, la abrazó de la cintura y le dio un pequeño beso un poco debajo de la oreja, el lugar donde Cirse muchas veces hacia que Mónica pierda la compostura.
Se dio la vuelta y quedó de frente a ella, la abrazó de los hombros y le dio un profundo beso, en el cual le decía lo mucho que la extrañó.

Ambas se sentaron juntas en la blanca sala del departamento.

- Una copa? – Dijo Cirse para romper el silencio.
A lo cual Mónica respondió con una negativa.
Simplemente quería decirle lo que sentía por ella de una vez por todas. Sin embargo estaba muy nerviosa, mantenía en una mano la rosa que había comprado para ella.
- Te traje esto, se que te gustan mucho las rosas rojas.
Cirse sintió mucha ternura al recibir aquel obsequio, sabiendo de antemano que ella jamás le había dado un regalo así a alguien.
- Gracias Mónica, esta hermosa.
Se la acerco al rostro y la olió, cerró los ojos y sonrió con mucha felicidad. Después la dejó sobre su mesa de cristal. La miró nuevamente a los ojos y le dio un largo beso en los labios.
Ambas se tomaron de las manos y hablaron al mismo tiempo, como queriendo sacar algo de la boca que a ambas les estorbaba.
- Cirse yo vine a verte por que necesitaba decirte algo, que desde que estuvimos juntas tal ves debí de haberte dicho.
Continuó tomándola de ambas manos y la miró a los ojos, sus labios le temblaban del nerviosismo, sus manos estaban frías e inquietas.
-Cirse, TE AMO¡¡.
Se quedó mirándola fijamente, como una pequeña niña confesándole a su madre algún secreto que guardaba desde hacia un tiempo, y por fin lo revelaba a ella, su persona especial.
Cirse sintió que una felicidad inundaba su cuerpo y su alma. El corazón le latía como una locomotora a alta velocidad.
Le tomó con más firmeza las manos y unas pequeñas lágrimas acompañadas con una sonrisa inundaron su rostro.
- Cuanto había esperado este momento, no tienes una idea de lo feliz que me hace escuchar esto.
- Yo se que sufriste la perdida de Paulina, siento mucho eso, pero yo jamás me alejare de ti. Ya no puedo estar sin ti, eres lo que me motiva a despertar cada mañana. Tus besos me mueven el alma, tu sonrisa me abre una vida y tus ojos verdes me dan la energía que necesito para amarte cada día más.
Cirse la abrazó y nuevamente sintió el perfume de su cabello.
Mónica abrazada a ella comienza a hablarle con voz suave al oído.
- No sabia que hacer hasta hoy. Cirse he tomado una decisión. Tal vez no sepa como es estar en una relación con una mujer, tampoco como vivir sin seguir reglas de una sociedad, una familia como las demás. Quiero que me enseñes a estar contigo, paso a paso tomada de tu mano.
Mónica se separa del tan aferrante abrazo.
- Quiero estar contigo toda mi vida, no me casaré con él. No podré vivir engañada y atada a él solo para que mi familia y sociedad tengan la imagen perfecta.
Cirse aun se mantenía en silencio prestando atención a su sueño hecho realidad, fascinada con la mirada y la manera de cómo la vida y el destino había movido engranes para poder poner las cosas a su favor.
- Gracias por tus palabras Mónica, yo también Te Amo, te amé tal ves desde que te vi aquel día en tu oficina, probablemente ni yo misma lo sabia. Quiero hacerte feliz el resto de mi vida.
Ambas se abrazaron nuevamente y entre sollozos de felicidad se dieron largos besos.

- Como le dirás eso a él?- Dijo Cirse levantándose del sillón en dirección a su habitación, yendo por unas pequeñas toallitas de papel para las lagrimas.- Si tu quieres podemos hacerlo juntas.
Mónica pensativa trataba de buscarle una respuesta a esa pregunta tan complicada de responder.
Se acercó y sentándose le dio una pieza de papel para las lágrimas a Mónica.
- Iré a su departamento y hablare con él, tal ves sea doloroso pero tengo que hacerlo ahora. Verdaderamente siento mucha tristeza, es un buen hombre ante y todo es mi amigo y siempre nos hemos dicho la verdad.
La ultima palabra retumbo como eco en los oídos de Cirse y recordó lo que por unos momentos había olvidado por la grata noticia que vino a traerle Mónica. La verdad, esa verdad tan complicada de decir.

- Mónica… yo te dije que necesitaba que vengas por que realmente necesitaba hablar contigo…..
Sin dejarla terminar, Mónica interrumpió la frase tan declaratoria que iba a ser pronunciada.

- Cirse¡¡¡, no hay nada mas que decir yo te amo y tu a mi, en este momento me dirigiré a su departamento y le diré que ya no habrá boda, por que no lo amo.
Mónica emotivamente se levantó de aquel sillón blanco y al mismo tiempo buscó a su lado la pequeña pieza de papel que le había dado Cirse para sus lagrimas, que había dejado a un lado de ella, lo tomó sin mirar y se lo llevó al bolso sin secarse las lagrimas.
Cirse se sintió completamente interrumpida de nuevo. Mónica selló sus labios con un beso de despedida y salió de inmediato.
Subió desesperadamente a su automóvil, dio marcha inmediatamente.
Cirse al cerrar la puerta regresó a su sillón, se sentó y miró a un lado. Sobre la mesa yacía la rosa, la tomó y nuevamente la olió, al acariciar los pétalos sentía la sensación al tacto tan suave como la piel de Mónica.
Sonrió y continuó pensando.

Mónica apresuradamente a mitad de camino, busca a ciegas el móvil de su bolso y mirando de reojo marca el número de Carlos.
- Que extraño tiene apagado su celular, probablemente este descargado.-
Lo dejó a un lado y con el movimiento del automóvil cayó en el tapete del piso, le fue imposible encontrarlo en movimiento.
Continuó el trayecto y sintió levemente que su rimel se había corrido por las lágrimas de aquella escena tan feliz. Busca nuevamente en su bolso la pieza de papel, la encuentra y al sacarla cae en sus piernas otro pequeño pedazo de papel doblado dos.
Extrañada lo hizo a un lado para después ver de qué se trataba, continuó conduciendo y al mismo tiempo limpiándose uno a uno por debajo de sus ojos.
Llegó por fin a su destino, estacionó de inmediato su automóvil. Miró y recordó abrir el pedazo de papel que vino con lo que saco del bolso.
Lo abrió lentamente y por la obscuridad buscaba el mejor reflejo de los alumbrados de la calle.

- Esto es un cheque- Continuó leyendo y le pareció aun mas extraño. – Este cheque esta expedido por mi mama¡¡ y es una cantidad muy elevada, solo que no tiene el nombre del beneficiario, que extraño. En cuanto termine de hablar con Carlos, le llamaré a Cirse.

Se bajó del automóvil aun emotiva pero ahora un poco confusa por el cheque.
Caminó a la entrada tomando las llaves para abrir la puerta, observó desde fuera que la luz de la habitación estaba prendida, recordó que iba a estar él con sus amigos, lo pensó por un momento, sin embargo también pensó que ya se pudiesen haber ido.
Continuó metiendo la llave en la cerradura metálica quien tan fácilmente le dio entrada.
Al entrar observó que no había indicios de ninguna reunión, todo estaba en silencio, pensó por un momento que Carlos ya dormía, caminó un poco más y se dirigió a la cocina por un vaso con agua.
Cuidando de no hacer mucho ruido, sirvió su agua y miró a un lado, había dos copas vacías, se acercó y tomó una de ellas que con particular curiosidad le llamó la atención.
Tenía al borde una marca de labial formando unos labios femeninos.
Cerca de las copas se encontraba una botella de vino vacía. En su otra mano sostenía su vaso con agua, dio unos tragos y con una extraña curiosidad y extraño presentimiento, se dirigió a la habitación.
Sin hacer ruido abrió sigilosamente la puerta y poco a poco comienza a salir claridad, se comienza a despejar su visión y al abrir más la puerta mira que al pie de la cama esta Carlos recostado al lado de una mujer, cuyos brazos rodeaban su cuello.
Continúo su entrada a la habitación para saciar su curiosidad y darle la bienvenida a la ironía de la vida.
Al acercarse más, ella pudo alcanzar a ver que los cabellos con luces rubias eran muy conocidos.
Fue imposible dejar de hacerse notar con su presencia, que de un brinco Carlos separa de sus labios a aquella mujer recostada. Y mira despavorido a Mónica.
Ella atónita visualiza que la mujer cuyos brazos rodeaban el cuello de Carlos, era Carolina su madre.




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