
Entrelaza ambas manos a las de ella, quien se encuentra acostada en su enorme cama con sabanas blancas, donde luce su cabello extendido en abanico.
Va subiendo lentamente por su cuerpo desnudo, hasta llegar a su pecho, donde se detiene un momento a escuchar su corazón, quien late desesperadamente al sentirla.
Mientras escucha detenidamente la suave melodía que le regala su corazón, siente una plena sensación de sentir su desnudo cuerpo con el de ella, quien mientras lo hace le acaricia sus rojos cabellos y lleva su rostro al de ella para darle un profundo beso, que entre la suavidad de él, recorre su cuerpo con sus manos.
La mira a los ojos y escucha de sus labios “Te amo Cirse “, esas palabras juntas se han vuelto para ella una droga en extremo adictiva, tal ves mas que su cuerpo bajo el suyo.
Siente que es tomada de la cintura por las manos de ella, quien guía sus caderas a una posición perfecta, donde puede sentirla plenamente.
Su locura incrementa al ritmo que ambas siguen. Se apoya de ambos brazos para sostenerle la mirada, inclina un poco más la cabeza de manera que su oído queda a la altura de sus labios, donde salen pequeños ruidos excitantes.
De pronto, una ráfaga de luz arrebata a la mujer, arrancándola de sus brazos.
Cirse se pone de pie de inmediato, pero se mira a si misma, y se da cuenta que ya esta vestida, mira al frente y observa que a lo lejos un hombre robusto de gabardina negra y sombrero se la lleva a la fuerza alejándola de ella.
La mujer esta forzándose por soltarse de él y le pide ayuda a Cirse, quien se siente inmovilizada para correr tras ella. De la desesperación comienza a gritarle “Mónica¡¡¡”.
Comienza a sentir que una desesperación intensa sube por todo su cuerpo al no poder moverse, eso mismo hace que comience a llorar desconsoladamente.
De pronto, entre gritos nombrando a Mónica, Cirse despierta de esa pesadilla con los ojos llenos en lagrimas y con las manos apretando sus sabanas como queriendo arrancarlas de la cama.
Se mantiene asustada y aun creyendo en su lucido sueño.
Ahora sus lágrimas no solo son debidas a la pesadilla, si no que de inmediato recordó lo que estaba sucediendo con Mónica y con ella. Ahora tenia un verdadero por qué para llorar con tanta intensidad como lo hacia esa noche.
Dándose cuenta de su soledad en su obscura habitación, se vuelve a meter por debajo de sus sabanas. Y en posición fetal, seca sus lágrimas una a una con la misma sabana, tratando sin éxito de conciliar el sueño.
Esperaba tal vez un sueño donde tuviera un final más agradable que el anterior.
Cerró con mucha fuerza sus ojos, como no queriendo abrirlos por mucho tiempo.
Tardó, pero por fin logro dormirse.
Así pasaron varias noches, Cirse tenía que hacer algo.
Un día muy temprano, se armo de mucho valor y decidió salir de su habitación.
Tenía en mente hacer algo, decidida e imparable continuó su camino hacia la calle.
El banquete fue pospuesto por Carlos sin fecha exacta, aun teniendo la esperanza de poder estar con Mónica a final de cuentas.
Mónica por su parte, sin vida y sin motivación, con su alma inundada de tristezas y decepciones, continuaba con su mismo estilo de vida.
Con la diferencia de que no había una sonrisa en su rostro que le hiciera cambiar el día.
Tanto en su oficina como en su departamento, las contestadoras estaban saturadas de mensajes de Carlos con un millón de perdones. Solo uno era de Cirse, donde le decía que estaba decidida a esperar hasta que ella quisiera hablar. Ya que tenía muchas cosas que decirle.
Hacia caso omiso a todos los mensajes, sin embargo ella misma no podía engañarse. Escuchaba de 2 a 3 veces el mensaje de Cirse, solo por el placer de escuchar su voz. La extrañaba tanto, pero acompañado a ese sentimiento se encontraba un coraje enorme por lo que ella creía era la verdad.
Un día aparece Carlos en la oficina, fue a visitarla sin avisarle pues sabía que su respuesta seria una negativa rotunda.
Entrando a su privado silenciosamente, guardándose las llaves del automóvil en la bolsa de su pantalón negro.
- Mónica, estas ocupada?.
Mónica al escuchar la voz de él, mira de inmediato hacia la puerta de la entrada.
- Que haces aquí?.- Le dice poniéndose de pie.
- Vine a verte, si te avisaba seguro te negabas.
Mónica dejó de revisar los documentos que tenia sobre el escritorio, se acomodó en su sillón ejecutivo de piel color negro.
- Pues aquí estoy.. veme.
- No seas sarcástica Mónica, vine a hablar contigo pero me gustaría que fuéramos a algún café, si te parece.
- No me parece.- Replicó
- Por favor, te lo ruego. Necesito hablar contigo.
Se acercó a ella inclinándose en su escritorio para poder hacer contacto cara a cara con ella.
- OK, espérame en el recibidor.
Oprimió el conmutador marcando la extensión de Eufrasia.
- Eufrasia, por favor acompaña al señor al recibidor como todas las visitas.
Carlos incomodo se retiro un poco mas del escritorio y camino hacia la puerta de entrada, que fue abierta por la asistente.
- No es necesario que me acompañes Eufrasia sé el camino.
Se dio media vuelta y le dijo a Mónica.
- Te espero.
Mónica acomodó sus documentos, tomó su bolso y caminó hacia la puerta.
Al verla salir Carlos se levantó y Mónica sin detenerse le dijo. - Vamos
Carlos la siguió y al salir del edificio emparejó su caminar con el de ella y le indicó el café donde a él le parecía discreto para tener una buena conversación.
Al llegar, Carlos caballerosamente jala hacia él la silla para que ella pudiese sentarse, la cual rechaza y se sienta en la opuesta.
Ella pidió una limonada y él capuccino con canela.
- De que quieres hablar que no hayamos dejado claro esa noche?- Le dice Mónica mientras recibía su limonada, abría los sobrecillos de Canderel.
- De nosotros.
- Ya no hay nosotros Carlos.
Carlos la toma de la mano estando sobre la mesa.
- Déjame contarte desde el principio.
Mónica se mantuvo callada mientras Carlos comenzaba a hablar.
- Cuando entré a la universidad, las únicas personas amigables eran tú e Ingrid. Comenzamos a conocernos mas, fue entonces cuando conocí a Carolina. Recuerdo cuando yo llegaba a tu casa y tú no habías llegado, ella me atendía tan amablemente. Poco a poco comencé a fijarme en ella, así se comenzó a dar. Ambos sabíamos que lo nuestro era imposible y comenzamos a alejarnos. Realmente Mónica, no la culpo, tanto ella como yo estábamos muy ilusionados, pero sabíamos que eso no podía ser, ella era una mujer casada y yo menor que ella. Le propuse que se divorciara pero no accedió y comenzamos a alejarnos. Te comencé a conocer más y ella me apoyó con eso, decía que tú eras mejor para mí que ella misma. Poco a poco comencé a conocerte y veme aquí.
Realmente entiendo como te sientes y por lo que ha estado pasando por tu mente estos días, pero créeme yo también estoy así. Quiero hacer una nueva vida, se que tu también quieres lo mismo. Es por eso que te propongo que nos vayamos lejos, tal ves con el tiempo te llegues a enamorar de mi, y quien dice que no podamos ser felices
Atentamente escuchaba a Carlos, la historia no le parecía tan increíble, tal vez haya resultado mas humana de lo que había pensado.
- Es difícil para mí poder recordar lo que vi esa noche y evitar enfadarme.
- Yo entiendo, pero te ayudare a poder olvidarlo, de esa misma manera también hare lo mismo.
Carlos pensaba que al estar con Mónica lejos, podría llegar a olvidar a Carolina también y así darse ambos una nueva oportunidad.
- No he cancelado la boda, solo lo pospuse por que tengo la esperanza que después de esta platica pudiésemos hacer algo
Carlos se levanta de su asiento corriendo su silla mas cerca de ella, la toma de las manos y le acaricia el rostro, al cual ella reacciona con una sonrisa pensativa y probablemente resignada.
- Carlos tu estas conciente que me enamoré de una mujer?
- Eso puede ser pasajero, yo estaré contigo y te ayudare a olvidarla.
Mónica lo pensó aun mas, las palabras de Carlos hacia que viera otra percepción de esa situación y la idea no le sonaba tan mala. A final de cuentas él estaba conciente de todo y al igual que ella fue una victima más de las ironías del destino.
- Si- respondió Mónica- Tú tienes que hacer que ella desaparezca de mi corazón.
- Cuenta conmigo, después de todo somos amigos y siempre estuve a tu lado, como hasta ahora que quiero yo también estar contigo.
Después de la platica que tuvieron, Carlos confirmó fecha para la boda, ya no seria tan costosa como estaba planeado y solamente asistirían muy poca familia y los amigos mas apegados. Después de eso, se irían al extranjero para alejarse de todo.
Va subiendo lentamente por su cuerpo desnudo, hasta llegar a su pecho, donde se detiene un momento a escuchar su corazón, quien late desesperadamente al sentirla.
Mientras escucha detenidamente la suave melodía que le regala su corazón, siente una plena sensación de sentir su desnudo cuerpo con el de ella, quien mientras lo hace le acaricia sus rojos cabellos y lleva su rostro al de ella para darle un profundo beso, que entre la suavidad de él, recorre su cuerpo con sus manos.
La mira a los ojos y escucha de sus labios “Te amo Cirse “, esas palabras juntas se han vuelto para ella una droga en extremo adictiva, tal ves mas que su cuerpo bajo el suyo.
Siente que es tomada de la cintura por las manos de ella, quien guía sus caderas a una posición perfecta, donde puede sentirla plenamente.
Su locura incrementa al ritmo que ambas siguen. Se apoya de ambos brazos para sostenerle la mirada, inclina un poco más la cabeza de manera que su oído queda a la altura de sus labios, donde salen pequeños ruidos excitantes.
De pronto, una ráfaga de luz arrebata a la mujer, arrancándola de sus brazos.
Cirse se pone de pie de inmediato, pero se mira a si misma, y se da cuenta que ya esta vestida, mira al frente y observa que a lo lejos un hombre robusto de gabardina negra y sombrero se la lleva a la fuerza alejándola de ella.
La mujer esta forzándose por soltarse de él y le pide ayuda a Cirse, quien se siente inmovilizada para correr tras ella. De la desesperación comienza a gritarle “Mónica¡¡¡”.
Comienza a sentir que una desesperación intensa sube por todo su cuerpo al no poder moverse, eso mismo hace que comience a llorar desconsoladamente.
De pronto, entre gritos nombrando a Mónica, Cirse despierta de esa pesadilla con los ojos llenos en lagrimas y con las manos apretando sus sabanas como queriendo arrancarlas de la cama.
Se mantiene asustada y aun creyendo en su lucido sueño.
Ahora sus lágrimas no solo son debidas a la pesadilla, si no que de inmediato recordó lo que estaba sucediendo con Mónica y con ella. Ahora tenia un verdadero por qué para llorar con tanta intensidad como lo hacia esa noche.
Dándose cuenta de su soledad en su obscura habitación, se vuelve a meter por debajo de sus sabanas. Y en posición fetal, seca sus lágrimas una a una con la misma sabana, tratando sin éxito de conciliar el sueño.
Esperaba tal vez un sueño donde tuviera un final más agradable que el anterior.
Cerró con mucha fuerza sus ojos, como no queriendo abrirlos por mucho tiempo.
Tardó, pero por fin logro dormirse.
Así pasaron varias noches, Cirse tenía que hacer algo.
Un día muy temprano, se armo de mucho valor y decidió salir de su habitación.
Tenía en mente hacer algo, decidida e imparable continuó su camino hacia la calle.
El banquete fue pospuesto por Carlos sin fecha exacta, aun teniendo la esperanza de poder estar con Mónica a final de cuentas.
Mónica por su parte, sin vida y sin motivación, con su alma inundada de tristezas y decepciones, continuaba con su mismo estilo de vida.
Con la diferencia de que no había una sonrisa en su rostro que le hiciera cambiar el día.
Tanto en su oficina como en su departamento, las contestadoras estaban saturadas de mensajes de Carlos con un millón de perdones. Solo uno era de Cirse, donde le decía que estaba decidida a esperar hasta que ella quisiera hablar. Ya que tenía muchas cosas que decirle.
Hacia caso omiso a todos los mensajes, sin embargo ella misma no podía engañarse. Escuchaba de 2 a 3 veces el mensaje de Cirse, solo por el placer de escuchar su voz. La extrañaba tanto, pero acompañado a ese sentimiento se encontraba un coraje enorme por lo que ella creía era la verdad.
Un día aparece Carlos en la oficina, fue a visitarla sin avisarle pues sabía que su respuesta seria una negativa rotunda.
Entrando a su privado silenciosamente, guardándose las llaves del automóvil en la bolsa de su pantalón negro.
- Mónica, estas ocupada?.
Mónica al escuchar la voz de él, mira de inmediato hacia la puerta de la entrada.
- Que haces aquí?.- Le dice poniéndose de pie.
- Vine a verte, si te avisaba seguro te negabas.
Mónica dejó de revisar los documentos que tenia sobre el escritorio, se acomodó en su sillón ejecutivo de piel color negro.
- Pues aquí estoy.. veme.
- No seas sarcástica Mónica, vine a hablar contigo pero me gustaría que fuéramos a algún café, si te parece.
- No me parece.- Replicó
- Por favor, te lo ruego. Necesito hablar contigo.
Se acercó a ella inclinándose en su escritorio para poder hacer contacto cara a cara con ella.
- OK, espérame en el recibidor.
Oprimió el conmutador marcando la extensión de Eufrasia.
- Eufrasia, por favor acompaña al señor al recibidor como todas las visitas.
Carlos incomodo se retiro un poco mas del escritorio y camino hacia la puerta de entrada, que fue abierta por la asistente.
- No es necesario que me acompañes Eufrasia sé el camino.
Se dio media vuelta y le dijo a Mónica.
- Te espero.
Mónica acomodó sus documentos, tomó su bolso y caminó hacia la puerta.
Al verla salir Carlos se levantó y Mónica sin detenerse le dijo. - Vamos
Carlos la siguió y al salir del edificio emparejó su caminar con el de ella y le indicó el café donde a él le parecía discreto para tener una buena conversación.
Al llegar, Carlos caballerosamente jala hacia él la silla para que ella pudiese sentarse, la cual rechaza y se sienta en la opuesta.
Ella pidió una limonada y él capuccino con canela.
- De que quieres hablar que no hayamos dejado claro esa noche?- Le dice Mónica mientras recibía su limonada, abría los sobrecillos de Canderel.
- De nosotros.
- Ya no hay nosotros Carlos.
Carlos la toma de la mano estando sobre la mesa.
- Déjame contarte desde el principio.
Mónica se mantuvo callada mientras Carlos comenzaba a hablar.
- Cuando entré a la universidad, las únicas personas amigables eran tú e Ingrid. Comenzamos a conocernos mas, fue entonces cuando conocí a Carolina. Recuerdo cuando yo llegaba a tu casa y tú no habías llegado, ella me atendía tan amablemente. Poco a poco comencé a fijarme en ella, así se comenzó a dar. Ambos sabíamos que lo nuestro era imposible y comenzamos a alejarnos. Realmente Mónica, no la culpo, tanto ella como yo estábamos muy ilusionados, pero sabíamos que eso no podía ser, ella era una mujer casada y yo menor que ella. Le propuse que se divorciara pero no accedió y comenzamos a alejarnos. Te comencé a conocer más y ella me apoyó con eso, decía que tú eras mejor para mí que ella misma. Poco a poco comencé a conocerte y veme aquí.
Realmente entiendo como te sientes y por lo que ha estado pasando por tu mente estos días, pero créeme yo también estoy así. Quiero hacer una nueva vida, se que tu también quieres lo mismo. Es por eso que te propongo que nos vayamos lejos, tal ves con el tiempo te llegues a enamorar de mi, y quien dice que no podamos ser felices
Atentamente escuchaba a Carlos, la historia no le parecía tan increíble, tal vez haya resultado mas humana de lo que había pensado.
- Es difícil para mí poder recordar lo que vi esa noche y evitar enfadarme.
- Yo entiendo, pero te ayudare a poder olvidarlo, de esa misma manera también hare lo mismo.
Carlos pensaba que al estar con Mónica lejos, podría llegar a olvidar a Carolina también y así darse ambos una nueva oportunidad.
- No he cancelado la boda, solo lo pospuse por que tengo la esperanza que después de esta platica pudiésemos hacer algo
Carlos se levanta de su asiento corriendo su silla mas cerca de ella, la toma de las manos y le acaricia el rostro, al cual ella reacciona con una sonrisa pensativa y probablemente resignada.
- Carlos tu estas conciente que me enamoré de una mujer?
- Eso puede ser pasajero, yo estaré contigo y te ayudare a olvidarla.
Mónica lo pensó aun mas, las palabras de Carlos hacia que viera otra percepción de esa situación y la idea no le sonaba tan mala. A final de cuentas él estaba conciente de todo y al igual que ella fue una victima más de las ironías del destino.
- Si- respondió Mónica- Tú tienes que hacer que ella desaparezca de mi corazón.
- Cuenta conmigo, después de todo somos amigos y siempre estuve a tu lado, como hasta ahora que quiero yo también estar contigo.
Después de la platica que tuvieron, Carlos confirmó fecha para la boda, ya no seria tan costosa como estaba planeado y solamente asistirían muy poca familia y los amigos mas apegados. Después de eso, se irían al extranjero para alejarse de todo.

Excelente como siempre.
ResponderEliminarSabes llevarlo a cabo, & no permites que aparte los ojos de la lectura. Bueno de verdad. Cuidate!
Paso a saludarte, si hace mucho no entraba a actualizar mi blog, pero espero ya tomarlo seriamente, por una cosa u otra lo hice a un lado, espero verte pronto por ahi.
ResponderEliminar=D