Los invitados presentes, eran la gran mayoría la familia de Mónica, ya que se encontraban en la casa de Carolina, quien fue la que organizó dicha parrillada.
Como era costumbre, hacía de sus reuniones presunción de los múltiples viajes que había dado por el mundo y los que le había costeado a su hija durante sus términos escolares.
Mónica ya estaba acostumbrada al tipo de reuniones elitistas y superficiales de su madre, ya que siempre que era organizada, ella tenía que estar presente para afirmar lo que ella aseguraba a la familia.
Cuando era pequeña, se veía forzada a quedarse en la mesa con su familia, mientras sus primos y amigos jugaban en el jardín. La intención de Carolina siempre fue el aparentar una familia perfecta, y eso según su manera de pensar, se reflejaba en su hija.
La manera de sustituir y no ser tan evidente los viajes de su esposo, era hacer reuniones y disfrazarlas con algún cumpleaños o festejo de algo banal.
Ella sabia que los viajes y la ausencia de su esposo no eran del todo de negocios, pero su conciencia y sus sentimientos los frenaba el dinero y la comodidad, su único trabajo era aparentar.
Mónica no sabia el por que, pero el papel que a ella le tocaba desempeñar, lo detestaba.
Como ya era costumbre, todos en la mesa disfrutando de pequeños bocadillos y en diversas pláticas superfluas, mientras que Carlos estaba preparando la comida que estaba casi lista.
En la mesa predominaba la voz de Carolina halagando las cualidades y atenciones de Carlos a los invitados, era obvia la incomodidad de las felicitaciones y comentarios que le hacían a Mónica.
-Gracias Tía, realmente él siempre es así, desde que estudiábamos la Universidad – Respondía la gran mayoría de las veces.
Entre tanta platica, se acerca un mesero de confianza y le dice a Mónica que tiene una llamada desde su móvil.
-Con permiso, tengo una llamada.
Ella se levanto de la mesa, mientras Carlos la seguía con la mirada hasta que se perdió por dentro de la casa.
Miró la pantalla del Móvil y se dibujo una picara sonrisa en sus labios.
-Aló, que sorpresa ¡¡.
Mientras del otro lado del auricular, como ya se le había hecho costumbre sentir nerviosismo, con un previo titubeo de duda al decidir llamar.
-Hola Mónica soy Cirse… bueno obviamente tienes registrado mi numero – se rió nerviosamente al grado de sentirse tonta.
- Claro, te tengo registrada, como estas, hace días no te reportas, el proyecto ya esta en espera para que tu lo apruebes – Le respondió percatándose del nerviosismo en la voz de ella.
- He tenido mucho trabajo aquí en la compañía que me ha impedido ir a revisarlo, pero espero en el transcurso de la semana poder darle fin y presentarlo, pero…. Te llamaba para hacerte otra invitación.
- Por supuesto, dime si es en este momento me voy en seguida, estoy en casa de mis padres en una reunión familiar de esas que acostumbra mi madre organizar y por supuesto, lo odio – lanzo una carcajada.
- Disculpa entonces la interrupción, si gustas me comunico más tarde.
- No es ninguna interrupción, me salvaste de conversaciones incomodas, tu sabes, preguntan de todo, desde la ropa interior que llevare para mi boda hasta a cual universidad llevare a mis hijos ¡¡¡¡, por dios están locos verdad?- Dio una carcajada mientras se sentaba en las escaleras que llevaban a las habitaciones del segundo piso. – Entonces, es hoy la invitación?
Se escuchaba por el auricular una risa muy peculiar de Cirse mientras la desilusionaba de la tan esperada huida de la reunión familiar.
- Hay una cena en casa de Ricardo, mi amigo del antro. Es mas bien inauguración de su nueva casa, me gustaría que me acompañaras, les agradaste a todos y también me pidieron invitarte.
- Que lastima, pensé que era hoy, pero si cuenta conmigo, cuando es, me das la dirección después?
- No te preocupes, yo paso por ti es el sábado, así aprovecho llevarme el proyecto, lo reviso y te doy mis comentarios.
- Claro, entonces nos vemos el sábado.
Después de haber hablado algunos minutos con ella, mejoró su estado de ánimo, salió de la casa hacia al jardín con otro semblante muy visible.
Carlos continuo mirándola, se acerco a la mesa de igual manera para disponerse a comer con todos, se sentó entre Carolina y Mónica.
Carolina apresuradamente y sin ponerle freno a su curiosidad miro a Mónica y le pregunto.
- Quien te llamó Mónica, era tu papá por que te veo mas alegre.
- No, no era papá.
- Quien era entonces Mónica – Le preguntó Carlos muy intrigado y pensativo, con un gesto de una ligereza molestia.
- Me llamó Cirse.
De inmediato una de sus Tías que se encontraba frente a ella le dijo.
- Quien es Cirse, es esa muchachita loka con la que salías a todos lados, cuando estudiabas?.
Sonriendo respondió, sabiendo a quien se refería.
- No Tía, ella es Ingrid y si esta lokita, pero la quiero mucho. Cirse es una clienta, pero hemos tenido una buena amistad, así que podría decirse que es mi amiga.
De inmediato Carlos, miro a Mónica ya con el semblante molesto.
- Que pudo haberte dicho entonces.
- Carlos, son cosas de mujeres, eso ni preguntes los hombres jamás entienden nuestras platicas- Dijo la Tía en complicidad.
- Gracias tía, pero… - Dirigiéndose a Carlos – Me habló preguntándome por el proyecto.
- Y solo para eso?- Comentó él.
Con un tanto de fastidio, miró a Carlos, dándole un sorbo a su bebida de limón.
- No, también para salir el sábado.
Inmediatamente hizo interrupción Carolina, al ver la tensión y para dar la razón a él.
- A mi no me agrada esa chika, cuando vino a la fiesta miraba todo como sorprendida, se ve que no es de buena familia.
Mónica dejó de comer asentando los cubiertos de lado y se refirió a su mamá.
- Si miraba todo sorprendida, era por que el decorado que Ingrid eligió, por supuesto le pareció maravilloso también la casa y la manera en que tu y papá la diseñaron, además por que le das tanta importancia a la buena familia, como si la nuestra fuera la mejor.
En lugar de disminuir la tensión en la mesa, se hizo mayor, Carolina continuó tratando de disfrazar las cosas, para que no se cree un ambiente hostil, pero al mismo tiempo atacando a Cirse.
Continuó el almuerzo, hasta que Carolina se levantó de la mesa de la manera mas educada y comentó que iría a la cocina para ver si ya estaba disponible el postre, ya que era una receta que le habían recomendado.
Al mismo tiempo, Carlos se levantó de la mesa, ofreciéndole compañía a su suegra en la cocina.
- Que chiko más agradable – Comentaba la Tía en la mesa, platicando con las demás personas – Tan atento, ofrecerse a ayudar y estar tan pendiente de que estemos bien. Mónica es un buen partido, no me canso de felicitarte.
Ella solo sonreía en forma de agradecimiento y continuaba comiendo. Estaba enojada por la manera de expresarse hacia Cirse, pero aun así, se sentía bien por que le había llamado al móvil, invitándola a una cena con sus amigos, seguramente seria una reunión muy agradable. Tenia esa sensación de bienestar y felicidad, pero muy alejado de ponerle un nombre.
Mientras tanto en la cocina, Carolina revisa los postres, Carlos hace lo mismo y aprovecha el tiempo para platicar brevemente, mientras va la servidumbre con los invitados al jardín.
- No me agrada que salga con ella, realmente no tengo nada en contra, pero siento que Mónica le pone mas atención que a nuestra boda, no me ha mencionado si ya esta listo todo, si el contrato ya se hizo, lo único que parece tenerla tranquila es que tiene listo lo que va a llevar puesto y ya. La otra noche regresó muy tarde y yo la estaba esperando en el departamento, no me avisó que saldría.
- Ay Carlitos, tu sabes como es mi hija – Dejó de lado el plato que tenia en las manos, se acerco a él lentamente mientras hablaba – En lo personal, a mi tampoco me ha dado buena impresión, el día de la recepción con tus amigos, ella estaba pasando precisamente al momento que yo salía de la habitación cuando terminamos de hablar, recuerdas? .
Carlos sorprendido y con expresión de asombro retrocedió medio paso.
- Tu crees que ….
- Todo puede ser posible.
- Te hizo algún comentario? – Pregunto ansioso – Por que si es así no se que voy a hacer, muy probablemente le haya dicho a Mónica, últimamente la he sentido muy distante.
Carolina bastante tranquila, se le acercó aun mas a él y con su mano le acaricio el brazo.
- Tranquilízate, no me hizo ningún comentario, no dudo que haya escuchado algo de nuestra conversación, y tampoco creo que se lo haya dicho, aun ¡¡ a Mónica, pero tu sabes yernito que no hay nada que el dinero no pueda solucionar, por ahora no la quiero cerca de mi hija y tu también tienes que hacer algo, por que de lo contrario sabes muy bien que podrías perder todo lo que has ganado hasta hoy.
Carlos muy pensativo inclinó la cabeza, pero mantenía mucha ansiedad por dentro de saber cuanto sabía ella de la situación, que a pesar de que según, ya estaba finalizada, podría hacer mucho daño a sus planes con Mónica.
- No voy a permitir que nadie arruine los planes de mi boda y mi vida con Mónica.
- Así es Carlitos, eso no va a suceder. –
Se acerco a él y alcanzó con una mano acariciarle un hombro, se acercó aun mas y le dio un pequeño beso en los labios, Carlos correspondió al beso aun estando nervioso.
- Carolina, esto no esta bien, tiene que acabar.
- Esto va a acabar, cuando ustedes estén juntos y tú ya no me correspondas a mis besos.
Ella se alejó de él, dándose media vuelta tomo un servilletero y se dirigió hacia el jardín teniendo la mirada al piso, muy pensativa y triste por que sabía que el final estaba muy cerca y tendría que alejarse de él, borrando todo el pasado que había entre ellos.
Mientras todos se encontraban en la mesa platicando, Carolina tomaba de su pequeña cuchara, un pedazo de su Tiramisú Italiano, solo contestaba a las preguntas en monosílabos muy educados.
En su mente regresa nuevamente, desde que comenzó la aventura con Carlos, fue demasiado inocente al principio, comenzando con coqueteos de ambas partes, en cada reunión por tareas de universidad de Mónica.
Aun no era novio de su hija, tal vez fue su culpa, mas que su amor de madre, lo que impulsó a ayudar a Carlos para que se comprometieran. Sabía que él sentía algo por su hija y de antemano sabia que no estaba bien la aventura que había comenzado con ella, puesto que era una mujer casada, mayor que él y además, se estaba enamorando. Sin embargo fueron los meses más felices de su vida y desafortunadamente acabarían en una boda, la de su hija.
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