jueves, 18 de junio de 2009

La Visita

La relación con Carlos, comenzaba a tener otro rumbo, las veces que estaban juntos terminaban en pequeñas discusiones. Muchas de las veces era por el poco interés que tenia Mónica en la organización de su boda, otra de las tantas era por la amistad que continuaba con Cirse, pues no había otra cosa que le molestara a él tanto como eso.
Por su parte Carolina, trataba de persuadir a Carlos al grado de manipularlo para que evite a toda costa que ellas se sigan frecuentando, aun que por dentro sabia que la fecha de su separación definitiva con él se aproximaba.
Continuaban viéndose ambos, sin tantos acercamientos como quisieran.
Carlos seguía las indicaciones de ella, evitando que Mónica acuda a las invitaciones que le hacia Cirse, las cuales eran salidas a cenar o tomar el café por la tarde.

En muchas de las ocasiones, Ingrid la encubría para poder asistir a los pequeños encuentros con Cirse y de esa manera no crear más tensión entre Carlos y ella.

Después de todo, Mónica se preguntaba por que tener que hacer todo eso. Complicarse más la vida. De antemano sabía lo que comenzaba a sentir por ella, era desconocido pero era lo más cercano al amor… si es que no lo era.
Necesitaba poder confirmar lo que sentía, por que no podía continuar la situación así, realmente el hombre con quien se iba a casar, no era lo que realmente le llenaba en esos momentos.
Tal vez comenzó a tener dudas en cuanto a la decisión del compromiso, tenia que descubrir de alguna manera lo que realmente sentía por ella.
Después de todo se sentía culpable por sus sentimientos y así, verse traicionando a Carlos, que después de todo lo que sucedía para ella, era un buen hombre.

Cirse, por su parte continuaba con su vida, solo que ahora comenzaba a incluirla a ella. Sus miedos poco a poco comenzaron a disminuir, y se fijaba mas por el “como” decirle la situación a Mónica, mas que por otra cosa.
Las salidas con ella fueron mágicas, cada vez eran mas alto el grado de cariño que sentía hacia ella, debido a su compañía.
Cada palabra que venia de los labios de Mónica, eran maravillosas a su parecer.
Se divertían juntas como nunca antes, se confesaban muchas cosas, conocía aun mas como fue su niñez.
El tipo de platica que sostenían, le servia mucho a Cirse para saber como fue ella anteriormente.
Siempre, después de cada salida, terminaban en una plática extensa en el automóvil. Ninguna de las dos quería que el tiempo pase mientras ellas estuvieran juntas y sintiéndose tan bien.
Mónica no dudaba en contarle sus múltiples aventuras de escuela, realmente solo había vivido eso, hasta que de pronto un día despertó y se vio comprometida con él.




Una noche después de un arduo día de trabajo. Mónica se encontraba en su habitación, hablando con Ingrid, contándole y entre pláticas solicitándole una respuesta definitiva a su vida.
Recostada en su cama, con un pequeño bóxer azul de tela suave y una blusa de algodón que estaba destinada a ser su pijama. Mirando hacia el techo, contemplando el color y buscándole figuras. Solo se limitaba a hablar mientras tenía tomado el auricular de su teléfono rojo.


- Es maravilloso cuando estamos juntas, en ocasiones no quisiera que ella me dejara, me gustan las interminables platicas que tenemos-
Del otro lado del auricular, al mismo tiempo que sostenía el teléfono, continuaba con su preparación para su salida nocturna, debido a la invitación de un nuevo galán.

- Yo te he visto muy feliz, jamás te había visto de esa manera. Me da mucho gusto cuando le digo a Carlos que iras conmigo para que puedas verla. Ahora, lo que aun no me queda claro Mónica, es que si todo esto es una aventura tuya o que……- Le contestaba mientras se pintaba con su lipstick sus labios.
- Por dios ¡¡¡¡ y aun así me lo preguntas, no tengo idea, lo único que sé de todo esto es que en gran parte del día no me la puedo quitar de la mente, solo estoy haciendo mis diseños o en juntas con los socios y te juro que solo tengo en mente sus ojos verdes, tan expresivos…. Y esos labios.. Tan…. Tan…………..


Interrumpiendo la frase de Mónica con un sonido gutural de una persona que su alimento diario no pudo ser digerido correctamente. Dijo.

- Wahhjjjhhh….. Mónica acabo de vomitar miel en exceso, ya ves¡¡?? Jamás te había escuchado hablar así. Por que mejor no me dices que la mujer te pone cachonda, que grrr te dan unas ganas de……
- Ingrid…….. acabas con todo lo poco romántico que puede salir de mis labios…. Gracias amiga.
- Ay no te molestes, yo te recomendaría que pruebes haber que pasa.- Le contestó muy a la ligera.
- Como que pruebe?.
- Si, inténtalo con ella, si te gusta entonces ya declárate y salte a las marchas gay que se hacen en todo el mundo, te pones botas, te cortas el cabello y yo te apoyo, igual y salgo contigo un par de veces para que te vean con dos mujeres y te veas galán.

Ambas rompieron en carcajadas después de la aberrante imaginación de Ingrid.

- No se me hace mala la idea. – Respondió Mónica después de la risa.
- De que? De vestirte de botas y salir a marchar?
- No, mensa. De probar con ella, intentarlo……. Pero ayyy Ingrid¡¡¡¡¡ Carlos.- Comentó con un tono de preocupación en la voz, y sentándose en la cama como pudiendo ver a amiga desde esa posición.
- Yo no se, yo te di la idea no te diré mas, no me harás responsable de tus acciones.

Simultáneamente, Cirse se encontraba de la misma manera en su habitación. Pensando la manera de poder hablar con Mónica.
Buscando las palabras correctas para poder desenmascarar a estos dos personajes que la harían sufrir.
- Como diablos voy a decirle. “Mónica, tu prometido te engaña con tu mamá, huye conmigo”. Jamás¡¡¡.
Continuaba pensando, pero poco a poco sus ideas comenzaban a aclararse. Tomó una decisión que si hoy no se lo decía, no iba a poder nunca.
Corrió hacia su closet, eligió un Jean y una blusa cómoda, de manera que fuera lo más rápido posible para que continúe teniendo el valor para poder decir las palabras correctas.
De inmediato se dirigió hacia su puerta de salida, recordó súbitamente que no se había puesto aun que sea el lipstick ya que de todas maneras tenia que verse bien.

Mientras tanto Mónica, terminó su plática debido a que el apuro de Ingrid comenzó a engrandecer, ya que su cita había ido por ella.
Se dispuso a tomar un baño. Necesitaba relajarse, por que estaba con demasiado estrés por juntas y demás.
El agua estaba demasiado caliente, así que moviendo las pequeñas llaves metálicas comenzó a templarla. Se introdujo en su yacuzzi.
Comenzaba por fin a relajarse un poco mas, desde siempre ella disfrutaba bañarse de esa manera.
Cirse llega al departamento de Mónica, se estaciona a la dirección de la entrada de los departamentos.
Estando en el automóvil, posa ambas manos sobre su rostro, como si esa acción pudiera tranquilizarla, toma su móvil, busca nerviosa y desesperadamente el numero de Mónica.
Pulsando el send, enlaza la llamada, mientras mira fijamente la ventana del apartamento.

Saliendo del yacuzzi tomó una toalla para envolverse, buscando el móvil por toda la cama al mismo tiempo mojando todo a su paso, lo encontró e inmediatamente dibujó una sonrisa y se limitó a responder.

- Hola Cirse, como estas?- mientras respondía, con una mano sostenía la toalla que la cubría, apoyada del codo del otro brazo. Se sentó en la cama, mojándola de la misma manera.
- Mónica..? Estás en tu departamento?, es que estoy en la puerta vine a verte. Tengo algo muy importante que decirte.
Ella se extrañó mucho y al mismo tiempo alzó la mirada hacia su pared de en frente de la cama, donde tenia un enorme espejo. Se comenzó a visualizar y ver si estaba propia como para recibir una visita inesperadamente agradable.
- Si estoy aquí, solo que……
Mientras Mónica contestaba, Cirse se bajaba del automóvil y cerrando su móvil, tocó el timbre del interfon.
- Bien, necesito hablar contigo, será que pueda pasar?.
- Claro, ahora te doy acceso.

Por medio de un botón, le dio entrada a Cirse, de inmediato Mónica comenzó a buscar algo para ponerse. En la desesperación tomó un peine y comenzó a arreglarse el cabello.
Cirse con rapidez tomó el elevador, de prisa llegó y con algunos pequeños golpes llamo a su puerta.
Mónica de inmediato se dirige hacia la entrada principal y le abre la puerta no sin antes espejarse un poco en un cristal que protegía una fotografía.


- Hola- Le dijo Mónica sonriente y sintiendo una gran sorpresa por la visita inesperada.
- Buenas noches- Respondió Cirse un poco agitada por la prisa que tenía. Detuvo un poco su apresuramiento al verla con el cabello mojado sobre parte de su rostro y hombros, era evidente que solo la cubría una toalla.
- Pasa por favor, disculpa pero estaba tomando un baño.
- Al contrario discúlpame, me hubieses dicho y te veía otro día.


Con una sonrisa Mónica se adelantó hacia su habitación, mientras Cirse observaba como caminaba con esa toalla y la manera tan sensual que se veía.


- Pasa un momento- Dijo Mónica, invitándola pasar a su habitación.


A Mónica le sorprendió la visita inesperada de Cirse, no sabia el motivo pero le parecía una buena oportunidad para poder estar con ella en privado.
Se dio vuelta a media habitación, sin llegar al baño donde pretendía cambiarse de ropa. Se percató de que Cirse seguía su indicación de entrar.
Cirse al verla de frente, le dijo. –Mónica, vine para decirte algo importante.- Pero no dejaba de mirar sus labios.
Sin decir ni una palabra, Mónica se acerco aun mas a Cirse de manera que quedaron mirándose ambas a los ojos, casi a la misma distancia de los labios, considerando que Cirse tenia un poco de mas estatura que Mónica. Solo separaban sus labios unos pocos centímetros.
Mónica sentía que ese era el momento de poder abrazarla y sentirla como tanto había querido y esperado, aun sin tener idea de cómo hacerlo. Sentía la misma sensación que siempre había sentido con ella, algo corría desde el interior de su estomago hasta la palma de sus manos, impulsándola a tocar a Cirse.
Cirse tenía tan cerca a Mónica que se le borró de la mente la verdadera razón de la visita, sentía tantos nervios que no sabia que hacer. La situación de ella, era como la de un niño en una dulcería, donde ve tantos chocolates y caramelos juntos, teniéndolos a la mano no sabe que hacer con ello.
Mónica le toma ambas manos, dejando caer al suelo la toalla que le cubría poca parte de su cuerpo. Entrelazó sus manos con las de ella y se acerco aun más a los labios rosa de Ella.

Cirse nerviosamente, solo pudo pronunciar algunas palabras.- Muero por sentir tus labios en este instante.

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