jueves, 27 de agosto de 2009

En la Tardanza esta el Peligro

Hola, segurito ya se fastidiaron de leer que MOnica esta a punto de abrir la carta que le entregó el tipillo ese, les entiendo hasta yo me he fastidiado.
Pero ultima mente por alguna situación ajena a mi voluntad, me la paso interrumpiendo lo que es el ultimo capitulo.
Primero las vacaciones, imaginense en la playa con la lap, teniendo mujeres semi desnudas posando sus futuros cuerpos bronceados a mi lado.
Trankis, Trankis , las únicas mujeres semi desnudas eran mi novia y segurito alguna otra por ahí que me distraía.
Después fue que no tuve electricidad en mi casa justo cuando dije: " Hoy si tengo que terminar la historia ". Ah sido toda una frustracion.
Acaso hay alguna fuerza sobre natural que conspira en mi contra, evitando que yo termine la historia de Mónica y Cirse?. Mi paranoia me ha llevado a pensar eso.
Hace poco por medio de una amiga, me entere de los conflictos que tiene mi numero Kua ( ni idea tenia que era eso ) con el año del horóscopo Chino que estamos viviendo o no es asi amiguita??. Ahí le metí mas paranoia a mi vida.
Solo es una historia y quiero terminarla.

Y si jugamos con la historia?. Mejor que Mónica no lea la carta, la rompe y se larga derechito a la ceremonia. Igual y el Carlos cambia y ya se olvida de su mamá. A Monica se le podria olvidar su lenches por el resto de sus miserables dias.
Y mejor aun, Cirse se va de la ciudad y encuentra a otra vieja sin problemas familiares, sin novio conflictivo y se sepa lencha¡¡¡. Cruel no???¡¡¡.
Seguiré en mi intento por terminarla.

Bueno este post era para que no piensen que me he olvidado de escribir.


FerGie

miércoles, 12 de agosto de 2009

Jugando Con El Destino












Probando un delicioso fettuccini, enreda el trinchante cuidadosamente de llevar completa la porción de pasta hacia la boca.
Mientras masticaba el bocado, miraba coquetamente al apuesto hombre que la acompañaba con el mismo guiso y que trataba de interesarla con una historia.
Un hombre muy apuesto, interesante, con camisa y pantalón en manta color blanco, dando un toque de frescura. Un mechón de cabello le caía en la frente haciéndolo ver aun más atractivo.
Un existencialista aficionado al yoga, quien hacia 3 días había conocido en sus clases matutinas de espiritualidad.
Encantada con su compañía, terminaba cada bocado y lo miraba sonriéndole, fingiendo mas bien verse muy interesada en lo que el le contaba.
De pronto, su bolso con adornos en plata comenzó a vibrar desde la silla continua. Inmediatamente se disculpó con su hermoso acompañante y encontró con rapidez el móvil, cuyo sonido era un poco impertinente y llamaba varias miradas hacia ella.
Caminando unos pasos hacia la salida, abrió el teléfono contestando efusivamente.

- hola¡¡¡¡¡¡¡¡ ex cuñada como estas?.
- Ingrid¡¡??- Preguntó extrañada Cirse al escuchar tan ruidosa contestación.
- Si, tú eres mi ex cuñada por que Mónica es como mi hermana.- Lanzó de inmediato una carcajada.
Cirse sonrío, recordando como era Ingrid de bromista.
- Hamm.. pésima broma verdad¡ . a que se debe la tan inesperada llamada?.

Ingrid caminó aun mas alejándose así del jardín, introduciéndose a la sección botánica, miró a los lados percatándose que nadie la mirase. Con su dedo meñique quitó lo que le causaba una pequeña molestia en el diente, ya que le avergonzaba hacerlo frente a su nueva conquista.

- Pues principalmente, para saludarte y tu sabes… saber como ha estado Mónica, no me ha llamado y no se que es lo que ha estado sucediendo.
- Cirse… eres tan dulce… honestamente, si no tuviera una fijación insana hacia los hombres, te pediría que me presentes a alguna amiga, ustedes son como Julieta.. y Julieta?¡- Sonrió nuevamente pero menos ruidoso en esta ocasión.

A ella le pareció muy gracioso el comentario, le alegró el momento escuchar una broma tan inesperada.

- Si tuviera a alguna amiga y remotamente quisieras conocerla, serias capaz de ponerle pantalones y bigotes.
- Ignora lo que dije Cirse, ya sabes que estoy loca. En cuanto a Mónica …
- Como esta?- Dijo interrumpiendo.
Ingrid borró de sus labios la sonrisa y quitó de su mente sus bromas, unió sus labios apretándolos entre si, pensando las palabras adecuadas para contarle la situación.

- Cirse… yo te aprecio mucho, no tengo las mejores palabras para decirte que es lo que esta sucediendo así que ahí va. Mónica se casará con Carlos en dos días, no será una gran boda, realmente es un escape para ella y quiere hacerlo lo más rápido posible.

Afligidamente apretó con su mano el móvil, dirigiendo su mirada hacia el piso, sus labios rojos comenzaron a palidecer. Caminó hacia el sillón blanco de su sala y se dejó caer, sin importarle.

- No puede ser Ingrid, la voy a perder para siempre y de la manera más absurda.
- Cuando me platicó, obviamente le hice saber que no estaba de acuerdo con esa decisión, pero que más puedo hacer. Imposible influir en sus decisiones. Ella piensa que tú le mentiste y te confabulaste con Carolina para todo eso.

Cada palabra que escuchaba desde el auricular, le parecía salida de una de sus tantas pesadillas nocturnas.
Se mantuvo callada escuchando a Ingrid hablar, pensativa y sin fuerzas cerraba los ojos y sin poder detenerlo, de sus ojos comenzaron a salir las lágrimas como ya era costumbre.

- Ingrid, yo fui a hablar con carolina, realmente no se de donde saque fuerzas pero mantuve en mi mente el pensamiento de no tener nada que perder y todo por ganar. Me dirigí hacia su casa, en el recibidor le dije todo lo que pensaba de ella. No esperé ni una palabra como respuesta, me di vuelta y Salí de la misma manera de cómo había entrado.
- Eres muy valiente Cirse, enfrentarte a la mujer que te ha hecho tanto daño. Por que no has hablado con Mónica?
- Después de esa noche, le llamé a su departamento, obviamente no contesto y le dejé un mensaje en su contestador. No he estado bien, todas las noches me despierto gritando su nombre. Y cuando no tengo alguna pesadilla, abro los ojos en la mañana y como un enorme golpe llega el recuerdo de no tenerla a mi lado, no puedo vivir así.
- Hay que hacer algo, debes insistirle no quiero ver a Mónica infeliz el resto de su vida y cuando se vea vacía y con alguien a quien no quiere a su lado, va a ser peor y ya será tarde para arreglar las cosas contigo.
- Si Ingrid, pero lo peor es no saber que hacer.- Le respondió tristemente y en sus palabras se podía escuchar la impotencia que la invadía.

Cirse se despidió de Ingrid, prometiéndole seguir en contacto con ella. Ambas colgaron los teléfonos móviles, Ingrid se acomodó el rizado cabello y caminó hacia su conquista, con la misma facción en el rostro que cuando se fue.
Cirse se mantuvo sentada en su blanco sillón, subiendo sus piernas en posición de mariposa en valet, la misma desesperación y angustia le decían que corriera de inmediato a Mónica, pero su sensatez la detenía ya que usualmente cuando se dejaba llevar por sus impulsos las cosas no sucedían como quería.
Sus manos estaban frías, su estomago le dolía por la ansiedad que sentía, sus labios habían empalidecido y sus ojos no cesaban de llorar.

Como ráfaga se congeló por unos segundos, miró al frente empuñó sus manos y limpiándose los caminos que dejaban sus lagrimas sonrió con un poco de dificultad.
Por fin una idea, no tan sensata pero si determinante que la hacia tomar impulso nuevamente, se auto cuestionaba si se había vuelto loca, lo mas probable es que así haya sido, pero desde cuando la locura no va de la mano con el amor.


En el apartamento de Mónica se encontraba ella sentada a un lado de su cama, abriendo la grande caja donde le habían enviado por fin su vestido de novia.

Lo desdobló lentamente, era un vestido largo de novia con un escote elegante y aparentemente sencillo ya que los adornos se perdían con el color.
Se levantó acercándose hacia sus enormes espejos, tomó el vestido a la altura de su cuerpo y se lo acercó, se miró y en definitiva era hermoso, pero significaba tantas cosas que aun la paralizaba.
Se mantuvo reflejándose un tiempo más, hasta que no contuvo mas las lagrimas y lo aventó a la cama.
Se sentó junto a él e inclinándose se llevó ambas manos hacia la cara, en definitiva estaba conmocionada preguntándose como la vida le organizó ese juego.
Aun no encontraba una respuesta, no se quitaba el rostro de Cirse de la mente.
Se recostó en la cama, sus lagrimas mojaban sus almohadas, miraba su habitación con detenimiento y recordaba cada detalle de la primera vez que estuvo con Cirse, tan nítido era el recuerdo que podía sentir su olor, sus ojos mirándola cuando despertó esa mañana, la voz que la adormecía por momentos y la sensación en el estomago tan peculiar que nunca había sentido con nadie.

Pero el coraje de todo hacia que por momentos dejaran de salir sus lágrimas.
Tomó el vestido y lo extendió en una silla junto a su cama, apagó las luces de su habitación y cerró los ojos para conciliar el sueño pronto y así dejar que el tiempo haga su trabajo de borrarle esos recuerdos de la mente, por que del corazón ella trataría de encargarse.


Todo estaba listo para el gran día, a pesar de todo lo sucedido se estaba llevando a cabo los planes de Carlos.
Muy temprano recibió su traje de Penhalta color gris en seda que le había gustado tanto.
Se encontraba muy entusiasmado, le motivaba mucho tener un cambio en su vida.
Sentía que de esa manera comenzaría una nueva vida con Mónica y así dejar atrás todo recuerdo de Carolina, que a pesar de todo, aun seguía moviendo algo en él.
Se acomodaba la corbata azul, mientras miraba por la ventana de la calle, que su familia había ido por él. De inmediato se apresuró con la vestimenta, se miró al espejo y se sonrió así mismo, como felicitándose por su éxito.
Al llegar a la calle, sus amigos lo recibieron con felicitaciones. Sus padres lo estaban esperando, lo abrazaron afectuosamente.
Subió a su convertible rojo, en esta ocasión él no lo conducía, era su padre.
Durante el trayecto a la ceremonia, su padre le daba consejos en cuanto a una vida matrimonial.
Su familia se caracterizaba con sus viejas costumbres, de las cuales Carlos se sentía orgulloso.

Mónica se encontraba en su habitación probándose el vestido, se miraba al espejo y podía observar en su rostro, a una mujer decepcionada, tratando de sobre ponerse de todo lo que estaba viviendo.
Sabia de antemano que casarse con Carlos no era lo que mas anhelaba en la vida, sin embargo, eso le ofrecía un cambio completamente opuesto a sus deseos, pero un cambio al fin.
En el departamento se encontraba Ingrid, ayudándola con su atuendo.
- Mónica, ya te pusiste el vestido?- Le dijo Ingrid mientras enraba a la habitación,
- Wow¡¡¡¡¡ te ves preciosa Moniq¡¡¡¡- Le dijo eufóricamente.
Mónica le sonrió mientras miraba a Ingrid por el espejo.
- Gracias Ingrid, también gracias por estar a mi lado en estos momentos que podría echarme a llorar en cualquier momento.
Se dio la vuelta, quedado frente a Ingrid y la abrazó agradecida.
- No tienes por que agradecerme, tu eres mi amiga y estoy contigo en tus mejores o peores decisiones.
- Ya Ingrid, ya se, tal ves no sea la mejor decisión pero debo olvidarme de todo.
- No lo amas Mónica, serás muy infeliz, pero bueno la vida da muchas vueltas y cuando tu destino no es ese, la vida te lo hará saber. – Sonrió.

De pronto se escucha desde afuera el ruido de un claxon. Ingrid corrió hacia la ventana al escucharlo.
- Ya es hora Moniq, acaba de llegar la limousine.
- Bien, ya estoy lista, vamos.

Vestida de novia baja las escaleras del edificio, con el rostro apagado y resignado, atrás de ella Ingrid sosteniéndole el ramo y dándole indicaciones al caminar para que no estropee el vestido.




Ingrid se adelanta y le abre la puerta de la negra y lujosa limousine.
De pronto, un hombre joven con camisa a cuadros y pantalones azules, de aspecto cansado y nervioso, se acerca a Mónica, estira su brazo y en su mano hay un sobre blanco.
- Es para usted, me dieron indicaciones de entregárselo personalmente y en este momento.
Antes de poder preguntarle, quien le había dado ese sobre el se aleja de inmediato como huyendo apresuradamente.
Mónica extrañada y con el sobre en la mano mira a Ingrid.
- Que es esto?.
- No lo se Mónica pero sube de inmediato por que se te hace tarde.
Sin abrirlo, Mónica sostiene el sobre y entra a la limousine, Ingrid le entrega el enorme ramo adornado de alcatraces y rosas blancas.

- No iras conmigo Ingrid?- Le pregunta extrañada mientras recibe el ramo.
- No, yo iré en mi automóvil.
Sin darle oportunidad a alguna replica, le cierra la portezuela.
El automóvil da marcha rumbo a la ceremonia, Mónica hizo a un lado su ramo y miró el sobre, templando la ansiedad de abrirlo.
Por fuera del sobre no decía nada mas que “ Para Mónica “. Comenzó a romper el sello de pegamento que tenia, abrió lentamente la carta que se encontraba dentro y comenzó a leer.